La aparición del pasto rosado en el norte de Uruguay preocupa no solo al gobierno —representado en el Ministerio de Ambiente y el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP)—, sino también al agro, que ya viene golpeado entre la sequía histórica que atravesó el país y la pérdida de competitividad por el atraso cambiario. Esto se debe a que es una maleza exótica e invasiva que puede perjudicar los cultivos agrícolas y áreas de pastoreo.
Las especies invasoras —es decir, que no son nativas y, si bien se encuentran fuera de su ámbito de distribución natural, puede sobrevivir y reproducirse en el nuevo hábitat— siempre son un problema para los ecosistemas naturales de un país o región, en tanto modifican el equilibrio natural de los espacios y pueden afectar no solo la flora y la fauna del lugar, sino también ser un riesgo para la producción, sobre todo agrícola y ganadera.
No es distinto el caso del pasto rosado, cuyo nombre científico es Melinis repens, que apareció en el norte de Uruguay y encendió las alarmas ambientales y agropecuarias.
¿Qué es el pasto rosado?
El pasto rosado es una especie anual o perenne de vida corta originaria de Sudáfrica que fue introducida en América y se dispersó por todo el continente a partir de la invasión de ecosistemas no forestales, cultivos agrícolas y áreas degradadas.
Habitualmente tiene una altura promedio de 50 a 60 centímetros de largo y se cree que, originalmente, esta planta se introdujo en el continente americano como especie ornamental —por el color rosa que recubre las espiguillas, las cuales, en su madurez, se tornan de blanco a plateado— o, también, por su capacidad de prevenir la erosión del suelo.
Sin embargo, esta especie tiene un rápido crecimiento y expansión: puede alcanzar una gran producción de semilla de 113,5 kilogramos por hectárea en su primer año, mientras que se han reportado hasta 206,5 kg por hectárea, incluso en años con bajas precipitaciones; y estas semillas son, a su vez, livianas y de característica plumosa, lo que facilita una eficiente y rápida dispersión.
El problema es que esta planta no solo invade los ecosistemas no forestales, sino que afecta a los cultivos y desplaza la flora local. Además, si bien se ha utilizado tradicionalmente como forraje, los estudios recientes demuestran que carece de un buen valor nutricional para los animales. Por lo tanto, para los sectores del agro, no parece ser más que un dolor de cabeza que pueda afectar gravemente las producciones.
Asimismo, esta especie promueve regímenes anómalos de fuego, por lo que es todavía un riesgo mayor.
Por estas razones, el Comité Nacional de Especies Exóticas Invasoras (CEEI), liderado por el Ministerio de Ambiente, en conjunto con el MGAP, a través de su Dirección de Servicios Agrícolas (DGSA), trabajan en un plan de monitoreo y control de esta maleza exótica invasora.
Dejá tu comentario