La combinación de una tasa récord en la deuda del Tesoro estadounidense y un escenario geopolítico en reacomodamiento obliga a los administradores de fondos a afinar la puntería de cara al último trimestre y el próximo año.
En un contexto de menor tensión en Medio Oriente, aparece el metal como atracción para proteger los portafolios junto con activos de Brasil y fondos globales.
El monitoreo sobre las tasas de la Reserva Federal y el impacto en los precios de las materias primas condiciona el armado de portafolios
La combinación de una tasa récord en la deuda del Tesoro estadounidense y un escenario geopolítico en reacomodamiento obliga a los administradores de fondos a afinar la puntería de cara al último trimestre y el próximo año.
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La asesora en estrategias de inversión para la firma Gastón Bengochea & Cía Corredor de Bolsa, Paula Bujía, repasó en un webinar al que accedióÁmbito el panorama financiero internacional de cara al último trimestre del año y mencionó la guerra entre Irán e Israel en vías de desescalada, los rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense en niveles no vistos en dos décadas y la primera vuelta electoral en Brasil este domingo.
"Con toda la humildad que uno puede tener frente a cosas geopolíticas, creo que por primera vez veo un cambio de actitud del lado de Irán, que para mí era el negociador más duro en el conflicto, y creo que está dispuesto a negociar, probablemente porque la guerra ha tenido un impacto negativo sobre su economía", dijo Bujía.
Sobre la inflación en Estados Unidos, remarcó que el escenario más temido no se cumplió: "Desde que comenzó la guerra en Medio Oriente, algunos economistas esperaban que la inflación se fuera a 5% dado las restricciones en el petróleo y la suba del precio. Esto no terminó ocurriendo. Esta mañana salieron datos de inflación más cerca del 3,5%". Aunque el tránsito por el estrecho de Ormuz "sigue bastante cortado", el petróleo cotiza hoy "más cerca de 90 dólares que arriba de los 120 dólares como pudimos tener al principio de la guerra".
Citando un informe de JP Morgan, agregó que ya circula "el 98% del petróleo que fluía antes de la guerra", aunque advirtió que el problema persiste en los derivados (nafta, diésel, combustible de aviación), de los que "solamente ha vuelto el 58%" al mercado, por daños en refinerías de Arabia Saudita y de Rusia. Eso, dijo, "es lo que puede seguir afectando la inflación, en última instancia, del consumidor de Estados Unidos".
Consultada sobre si la suba de los rendimientos de los bonos del Tesoro a 10 años, que volvió a tocar un récord de 5,30%, refleja algo genuino o una sobrerreacción del mercado, Bujía respondió: "Yo creo que sí. En los bonos largos vos tenés varios factores: los estructurales, que son la deuda y el déficit de Estados Unidos. Pero también podría subir por presiones inflacionarias, que no debería ser el caso, y por exceso de crecimiento, que en última instancia también le podría pegar al tema inflacionario".
Sobre la Reserva Federal (Fed), sostuvo que recuperó algo de credibilidad en su última reunión: "La Fed se constituyó de vuelta cuando tuvimos la última reunión, donde finalmente Kevin Warsh se puso los pantalones de un banquero central. Recordemos que en su discurso anterior sostenía que el mercado debía decidir sobre el valor de la la tasa, pero en la última reunión se escuchó a los propios miembros de la Fed sostener que (las tasas) probablemente suban más si la inflación no afloja. Hace poco tuve una conferencia con un gestor de un fondo bastante importante y ahí los portfolio managers de renta decían que necesitan que la Fed se ponga por por adelante de la inflación, como está haciendo el Banco Central Europeo o el Banco de Japón y no esperar que el mercado responda, porque el mercado sobrerreacciona".
Por otro lado, la deuda que emiten las compañías de IA para financiar sus inversiones ya alcanza un volumen comparable al de la deuda pública estadounidense, y ambas terminan compitiendo por el mismo pool de inversores, lo que ayuda a explicar la menor demanda relativa que mostraron las últimas licitaciones del Tesoro. Pese a eso, Bujía ve margen para un alivio táctico en los rendimientos largos si se confirma una desaceleración de la economía, con el reporte de empleo de esta semana como dato clave a seguir, pero fue cauta sobre extender duración en las carteras: "No me animo a alargar duration, porque estás viendo estos problemas estructurales que no se están resolviendo en los bonos". La recomendación de la firma, explicó, es apuntar a plazos más cortos: "Hoy podés apuntar a 3 o 4 años teniendo rendimientos altos y limitando el riesgo de duración".
Ante la consulta sobre si veía conveniente invertir en acciones estadounidenses con un horizonte de seis meses a un año, Bujía respondió que sí consideraba que había que mantener exposición al mercado estadounidense. "Nosotros en nuestras carteras modelos tenemos un fondo que le gana al SPY, pero creo que hay que tener esa exposición a Estados Unidos", sostuvo. Sin embargo, aclaró que su estrategia no consistía en concentrarse exclusivamente en ese mercado. La cartera que describió mantenía aproximadamente 60% de la exposición de renta variable en Estados Unidos, mientras que el resto se repartía entre fondos globales, con una orientación hacia compañías de valor, mercados emergentes y commodities.
También señaló que habían reducido la participación de renta fija y aumentado la de renta variable durante el año, incorporando además alternativos líquidos, como fondos long/short y macro hedge funds, con el objetivo de sumar activos menos correlacionados con el mercado.
Bujía también destacó el sector tecnológico estadounidense. Según explicó, las grandes compañías tecnológicas habían registrado un crecimiento importante de sus ganancias y, pese a las altas tasas de interés, algunos múltiplos de valuación se habían reducido respecto de años anteriores.
Entre los commodities, Bujía fue especialmente contundente con el oro y sostuvo que continua viendo una tendencia alcista y planteó un objetivo de que llegue la onza a 5.000 dólares para el próximo año. La estrategia de su equipo ya había aumentado la exposición al oro y a las mineras de oro durante los últimos tiempos y, entre los factores que sustentaban esa posición mencionó su visión negativa sobre el dólar estadounidense y la posibilidad de menores rendimientos de los bonos. También destacó que las compras del metal precioso por parte de los bancos centrales habían continuado y que la oferta limitada de algunos commodities podía sostener sus precios.
Bujía diferenció además entre invertir directamente en el oro y hacerlo a través de compañías mineras. Según explicó, las mineras tienen un mayor nivel de riesgo, y por lo tanto un mayor potencial de variación, que el propio metal. "Los productores de commodities pueden andar mejor que los commodities", sostuvo, al explicar su preferencia adicional por las empresas productoras.
Para Brasil, la visión de Bujía también fue positiva, aunque señaló que el mercado podía atravesar períodos de volatilidad vinculados a las elecciones presidenciales. Su argumento principal estuvo relacionado con la evolución de la tasa Selic. Según explicó, el país que conduce Luiz Inácio Lula da Silva había mantenido una tasa real cercana al 8%, un nivel que consideró históricamente elevado y que dejaba margen para una reducción.
El Banco Central de Brasil había recortado la Selic por quinta reunión consecutiva en septiembre, hasta 13,75%, y había acumulado una reducción de 125 puntos básicos desde marzo. Bujía sostuvo que una eventual continuidad de la baja de tasas podía beneficiar a las empresas brasileñas, al nivel de actividad y a las acciones domésticas. También explicó que una reducción de los rendimientos de la renta fija podía llevar a los inversores brasileños a trasladar parte de sus posiciones hacia la renta variable.
"Los bonos en dólar, sí, pero me parece que tienen más upside las acciones, sobre todo las domésticas", señaló al ser consultada específicamente sobre cómo posicionarse en Brasil. La especialista agregó que alrededor del 40% de los índices brasileños estaba compuesto por empresas exportadoras de commodities, un factor que, a su juicio, también respaldaba la exposición al mercado brasileño.
En su visión general, Bujía sostuvo que el escenario justifica mantener las inversiones, pero con una diversificación mayor que la de una cartera concentrada únicamente en el S&P 500. Su estrategia combinaba acciones estadounidenses, fondos globales, mercados emergentes, commodities y alternativas líquidas. En renta fija, en cambio, mantenía una posición neutral en duración y muestra preferencia por mercados emergentes.
También planteó una expectativa de debilitamiento del dólar estadounidense frente a las monedas desarrolladas y una visión favorable sobre las monedas emergentes. En ese esquema, la exposición a Estados Unidos continuaba siendo relevante, pero Brasil, los commodities y particularmente el oro aparecen como alternativas para diversificar el riesgo de una cartera concentrada en acciones estadounidenses.