El ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP), Alfredo Fratti, regresó de su visita oficial a Rusia con señales concretas de avance en las 140 toneladas de manteca de Conaprole que permanecen varadas en territorio ruso por presencia de residuos veterinarios.
"Soy optimista en encontrar una salida a este tema", declaró el jerarca en diálogo con Informe Tardáguila. El viaje de Fratti se inscribió en el marco del Foro Económico Internacional de San Petersburgo, donde Uruguay buscó relanzar la cooperación comercial con Rusia y facilitar inversiones en el país. La misión apuntó a retomar negociaciones comerciales más fuertes entre ambos países, con la agenda sanitaria como uno de los ejes centrales.
El resultado más concreto de la visita en materia láctea fue el acuerdo para establecer un nuevo mecanismo de control. Según explicó Fratti, se acordó una reunión entre los servicios sanitarios de ambos países para diseñar un protocolo de verificación previa al embarque: los análisis de laboratorio los harían las autoridades uruguayas antes de cada carga con destino a Rusia, de manera de garantizar desde el origen que el producto cumple con los estándares rusos, reconocidamente más exigentes que los internacionales en materia de residuos veterinarios.
En paralelo, se buscará que las autoridades rusas analicen la totalidad de los contenedores actualmente varados. El sistema vigente de Rusia se basa en muestreo y no en revisión completa de la carga, lo que dejó en un limbo administrativo a las partidas retenidas.
El peso del mercado perdido
Durante 2026, Conaprole no ha realizado exportaciones de manteca hacia Rusia con Arabia Saudita, Egipto y Sudáfrica como principales destinos alternativos. Sin embargo, el mercado ruso fue en 2025 el segundo destino de la manteca con casi 2.400 toneladas embarcadas, el 22% del total exportado, a un precio medio de 6.500 dólares por tonelada y una facturación de 15,4 millones de dólares.
No es la primera vez que Uruguay enfrenta este tipo de obstáculo, ya que en 2020, la Cancillería tuvo que intervenir a nivel cancillerías, incluyendo un intercambio epistolar entre los ministros de Relaciones Exteriores de ambos países, para reanudar la exportación de manteca de la planta Conaprole Uy-117 con destino a ese mercado. El trasfondo estructural es el mismo: Rusia aplica límites de residuos veterinarios frecuentemente por debajo de los estándares internacionales habituales, lo que genera fricciones recurrentes con proveedores como Uruguay.
La apuesta de los fertilizantes
Desde la embajada de Rusia en Uruguay se había transmitido el interés de avanzar en la instalación de una fábrica de fertilizantes en el país antes del viaje, y en Moscú ese interés tomó forma concreta: un empresario ruso manifestó querer tener una "pata en el negocio de fertilizantes" en Uruguay.
Fratti recogió el guante y fue más lejos y señaló que Uruguay podría funcionar como un hub para la región, porque también Brasil, Argentina y Paraguay necesitan fertilizantes y desde Uruguay se puede ingresar al Mercosur sin aranceles. El ministro también subrayó el argumento de la estabilidad jurídica: Uruguay cumplió 40 años de democracia ininterrumpida en 2025 y ofrece a los inversores la garantía de que "cambian los gobiernos, pero no se cambian los contratos ni se modifican las reglas de juego".
Rusia es uno de los principales productores mundiales de urea, potasio y fosfatos, antes de la guerra en Ucrania era el principal proveedor de urea para Uruguay en volumen, y el ministro argumentó que contar con un proveedor fuerte de fertilizantes es clave para mantener la competitividad exportadora de un país que produce alimentos para 30 millones de personas con apenas 3,5 millones de habitantes.
El planteo coincide con un momento de alta tensión geopolítica en el mercado global de fertilizantes: el sector, valorado en más de 235.000 millones de dólares en 2024, dejó de ser un asunto puramente agronómico para convertirse en una cuestión de alta geopolítica.