Han sido días intensos en el plano de la economía. La visita de la directora del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva coincidió con la emisión de bonos globales por parte de Uruguay, por un neto de 1.250 millones de dólares. La mayor parte de la colocación fue en pesos, profundizando el objetivo del equipo económico, tanto el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) y el Banco Central del Uruguay (BCU) de desdolarizar la deuda y -paulatinamente- darle más espacio de influencia a la política monetaria local.
Audacia, confianza y reformas
En las últimas décadas, Uruguay logró un significativo aumento del PIB y del ingreso, pero tiene reformas pendientes que -si no se encaran- complicarán el avance económico y social.
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Kristalina Georgieva respaldó la política económica de Uruguay y llamó a combinar estabilidad con crecimiento ante un escenario global más desafiante
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Escenario inédito en el mercado automotor
Tras el avance en materia de PIB e ingreso en las últimas décadas, Uruguay necesita encarar algunas reformas pendientes.
No fue una emisión fácil: la guerra en el Golfo generó fuerte incertidumbre en los mercados globales desde marzo, a lo que se agrega el aumento de las tasas de interés de los bonos de Estados Unidos (referencia de mercado). La Unidad de Gestión de Deuda del MEF consiguió llegar a los mercados con buen timing y se logró cubrir parte importante de las necesidades financieras del Estado para este año, si bien habrá que seguir colocando en el mercado local y -eventualmente- internacional, en lo que resta del año.
La desdolarización de la deuda es una recomendación explícita del FMI y Uruguay va en ese camino. Más allá de esto, Georgieva reconoció la fortaleza institucional del Uruguay, pero pidió más “audacia” para encarar reformas que mejoren la productividad e impulsen el crecimiento, que ha sido bajo en los últimos trimestres.
La necesidad de reformas en Uruguay
Entre otras, se precisan modificaciones en las relaciones laborales y la tan mencionada como postergada “Reforma del Estado”. El riesgo es que se sigan postergando o no sean suficientemente profundas. Y todo indica que el escenario político en Uruguay no está dando mucho espacio a un empuje reformista como el que precisa la economía; se discute más por espacios de poder que por cambiar la realidad.
Desde el MEF se pide más predisposición a competir a los empresarios; pero con un Estado que sostiene monopolios importantes y fuertes regulaciones en varias áreas, el pedido suena contradictorio. Uruguay sigue cargando con problemas de altos costos y falta de competitividad. Esto sin desconocer las iniciativas como el proyecto de Ley de Competitividad para mejorar el clima de negocios y reducir el costo de vida.
Luces amarillas
En este contexto, al cierre de la semana dos indicadores importantes encendieron nuevas luces amarillas sobre la dinámica económica y sus proyecciones. Por un lado, el Índice de Confianza del Consumidor, que elaboran Equipos y la UCU Business School, cayó a su menor nivel en 4 años, profundizando en zona de “moderado pesimismo”. En junio el Índice quedó en 46,3 puntos, una baja de 1,6 puntos respecto a mayo y de 7,1 puntos (13%) respecto al mismo mes de 2025. Los tres componentes del índice retroceden: percepción de la situación personal, de la economía y predisposición a comprar bienes durables. Este Índice es un predictor fuerte de las decisiones de consumo e inversión de los consumidores, por lo que no se puede subestimar la preocupación que genera la caída.
A su vez, el Indicador Mensual de Actividad Económica (IMAE ) tuvo en mayo su segunda caída interanual consecutiva, anticipando una caída del PIB en el segundo trimestre (en junio los datos ya conocidos difícilmente reviertan la tendencia). De manera que la economía, una vez más, muestra síntomas de escaso o nulo crecimiento. El mercado laboral está estable, pero la demanda retrocede y hay conflictos laborales en sectores relevantes (puerto, construcción).
De manera que el escenario real, más que a la audacia invita a la cautela. Las decisiones de inversión de largo plazo tienden a postergarse y la economía está “pegando contra el techo” de sus propias limitaciones. Y esto en el marco de una situación fiscal de alto déficit fiscal, que es inevitable reducir (fácil decirlo…). En realidad, la audacia que se le reclama a los empresarios se requiere, más aún, en la voluntad de reformar el Estado y de promover cambios profundos en algunos capítulos importantes de la economía. Esto cambiaría las condiciones para la actividad empresarial, con más espacios para desplegar inversión y productividad.
En los últimos años Uruguay ha tenido logros destacados en general y en varios sectores, como el agro, las tecnologías de la información, las energías renovables, turismo, etc. Es una economía y una sociedad que ha subido varios escalones. Pero también tiene cuentas pendientes por la grave inseguridad, la exclusión social, aún altos niveles de pobreza, etc.
Durante los últimos años, a través de esta columna en Ámbito, hemos intentado aportar para entender esta realidad compleja, con luces y sombras, que muestra dinamismo en ciertos planos y dificultades en otros. A veces las novedades son auspiciosas, otras preocupantes, pero la realidad es una sola y a ella nos debemos desde el trabajo periodístico, el cual tiene sentido en la medida que encuentre lectores interesados y atentos, que lo valoren. A ellos, a ustedes, gracias.


