La tensión se respiraba en el ambiente. En la Base Aérea n°1, la Fuerza Aérea presentó los dos primeros aviones Super Tucano, de un lote de 6 que fueron comprados a Brasil, en una compra realizada en la administración anterior, de Luis Lacalle Pou. Allí coincidieron el expresidente, su actual sucesor Yamandú Orsi, la ministra de Defensa, Sandra Lazo, y los exministros de Defensa, los nacionalistas Armando Castaigndebat y el senador Javier García.
Charlas de quincho: encuentros aéreos, interna blanca y "pilas" para aprovechar el acuerdo Mercosur-UE
La disputa por Cardama se coló en la presentación de los aviones Super Tucano, mientras los intendentes abren el juego en el PN y la ratificación del pacto con Europa pone a prueba la producción uruguaya.
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La disputa por Cardama se hizo presente en el encuentro entre Yamandú Orsi y Luis Lacalle Pou.
Estos últimos han estado enfrentados al gobierno de Orsi, por la decisión de rescindir el contrato con el astillero Cardama, por la construcción de dos patrulleras oceánicas. El gobierno presentó una denuncia en Fiscalía, y García y varios voceros del Partido Nacional (PN) replicaron duramente. Con este panorama, allí se sentaron, a pocos metros, el exministro, Orsi, Lazo y otras autoridades.
Aún con este ambiente, el presidente se saludó amistosamente con su antecesor Lacalle Pou, y hasta “probó” el avión, sentándose en la cabina. Para la Fuerza Aérea Uruguaya (FAU) es un hito histórico: después de décadas sin renovar la flota, llegan estos aviones nuevos desde Brasil, de última generación.
Pero al momento de las declaraciones, el senador García jugó su baza política: dijo que su gobierno concretó las dos compras de material para las Fuerzas Armadas tanto las patrulleras oceánicas como los aviones. “Pero a los aviones no los cuestionan desde el gobierno, porque son de Lula…”, insinuó, refiriéndose al origen brasileño de las aeronaves, fabricadas por la empresa Embraer.
Las declaraciones cayeron mal en el gobierno, algo que era de suponer. “No puede jugar esa carta: él sabe bien que lo de Cardama es muy turbio; lo de los aviones fue claro y transparente, no lo cuestionamos y no porque sean de origen brasileño, sino porque, en ese caso, el gobierno anterior hizo las cosas bien. No todo hay que partidizarlo”, comentaron desde Torre Ejecutiva.
Blancos
Los blancos están en disputa política con el gobierno, pero tienen también su interna. Allí, el grupo D-Centro, que integra entre otros el intendente de Paysandú, Nicolás Olivera, está buscando abrir la base política nacionalista, apuntando a una agenda más constructiva y no de permanente confrontación con el Frente Amplio (FA). “Si seguimos en ese trillo no crecemos; es a donde nos quiere llevar el gobierno y tenemos que tener nuestra propia agenda, constructiva”, dicen en el grupo.
Olivera está encarando a fondo la reivindicación por el empleo en su departamento, que lamentablemente ha recibido noticias complicadas por el lado de la industria frigorífica y -ahora- el cierre de la maltería. “Nicolás es una ficha valiosa en el partido”, comenta un ex intendente del centro del país, con mucha experiencia política. “Y no es el único: lo que puede hacer Guillermo (Rodríguez) en Colonia, o el propio Wilson Ezquerra en Tacuarembó, por poner ejemplos, le abre al partido más vías de entrada y contacto con la gente”, opinó.
Consultado sobre posibles candidaturas, respondió riendo. “Epaa… no hay que adelantarse. Aquí hay algo claro -siguió-: el Partido tiene un líder definido que es Lacalle Pou. La movida de D-Centro es otra: abrir nuevas propuestas en el partido. Tenemos que tener una actitud más positiva… ¡Como decía el propio Lacalle Pou en su recordada campaña por la positiva!”, recordó y rio.
Cambios
“¿Y ahora?”, preguntaba un empresario industrial, en medio del jolgorio por la aprobación del acuerdo entre la Unión Europea (UE) y el Mercosur. Uruguay fue el primero en aprobarlo, le siguió Argentina y a las pocas horas la presidenta de la Comisión Europea (CE), Ursula von der Leyen, anunció que la UE lo pondría en vigencia de inmediato, de manera provisoria pero efectiva. “Es una gran oportunidad de crecimiento”, le respondió un legislador colorado con amistad de muchos años.
El empresario lo miró con cara de póquer. “Sí ,sí, sin duda…. pero, ¿estamos preparados?”, preguntó nuevamente. “Mirá… obligados todos juegan querido: Uruguay tiene que ponerse las pilas, si no nos va a llevar la ola. Y este acuerdo es lo mejor que nos puede pasar, de lo contrario íbamos a morir de inanición comercial. Ahora tenemos que ser más productivos, no hay otra opción”, dijo el legislador, intentando no sonar como cliché.
“Sí, claro -retrucó el empresario-. Hay que avisarle a los sindicalistas, porque hasta ahora ha habido muy poco espacio para eso. Las negociaciones laborales son un calambre permanente: cuando no hay paro en el puerto, es Ancap, si no algún otro sector del Estado o el transporte…. ¡Así no se puede, viejo!”, lanzó, cortando con tanta dulzura.
“Te entiendo -respondió su amigo, mientras ya dejaba su despacho en el edificio anexo del Palacio Legislativo-. Creo que a la larga, por las buenas o las malas, habrá un cambio de actitud. Los ‘compas’ del PIT-CNT no van a morir con los ojos abiertos”. Los ojos del empresario reflejaban dudas.


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