Estados Unidos es el socio con el que Uruguay tiene la relación comercial más desequilibrada a favor, ya que en 2025 el país norteamericano le vendió bienes por 1.549 millones de dólares y le compró por 1.123 millones de dólares, dejando un superávit de 426 millones de dólares, el más alto que Uruguay registra con cualquiera de sus socios del T-MEC, que incluyen México y Canadá.
Uruguay y Estados Unidos se relacionan comercialmente a través del Acuerdo Marco sobre Comercio e Inversiones (TIFA), firmado en 2007, que funciona como una mesa de diálogo permanente pero que no incluye ningún programa de desgravación arancelaria, es decir, todo lo que Uruguay exporta a ese mercado paga el arancel de Nación Más Favorecida (NMF), el mismo que le cobrarían a cualquier país sin acuerdo preferencial.
Uruguay sí tuvo alguna vez una ventaja, ya que fue beneficiario del Sistema Generalizado de Preferencias (SGP) hasta 2017, cuando el Banco Mundial lo reclasificó como país de ingreso alto y automáticamente perdió ese paraguas. Desde entonces compite en el mercado estadounidense en igualdad de condiciones arancelarias con cualquier otro exportador del mundo, ni más ni menos.
Diez productos explican casi todo lo que Uruguay le vende a EEUU
La canasta exportadora hacia ese destino está fuertemente concentrada arriba de la tabla, por ejemplo, la carne bovina lideró en 2025 con 875 millones de dólares, un salto de 48% frente al año anterior, seguida por la celulosa con 258 millones de dólares (+23%) y los subproductos cárnicos con 116 millones de dólares. Entre esos tres rubros ya explican el 81% de todo lo vendido al mercado norteamericano.
Más abajo en el ranking aparecen la madera (90 millones de dólares), los aparatos e instrumentos médicos (47 millones de dólares con un alza de 33%) y las frutas cítricas (27 millones de dólares). En el fondo de la lista, con montos menores pero crecimientos porcentuales llamativos, la miel, el concentrado de bebidas, que multiplicó por ocho su valor exportado, la soja y los pescados y productos del mar.
Es una estructura casi opuesta a la que Uruguay tiene con México dentro del mismo T-MEC, donde el arroz manda y la carne es un actor secundario. Frente a Estados Unidos, en cambio, la ganadería y la industria forestal-celulósica concentran el grueso del negocio con muy poca diversificación hacia manufacturas de mayor valor agregado.
El arancel de la carne: cuota, techo y letra chica
Uruguay accede a una cuota de 20.000 toneladas con un arancel intracuota de apenas 44 dólares por tonelada, equivalente a un 1%, pero todo lo que exceda ese volumen paga un arancel pleno del 26,4%. Es un esquema que castiga cualquier intento de escalar fuerte el volumen embarcado sin negociar antes una ampliación de cupo.
La celulosa, en cambio, entra libre de arancel NMF, lo que explica en parte por qué pudo crecer con tanta soltura en los últimos años sin depender de ninguna cuota. Los subproductos cárnicos pagan aranceles bajos, de entre 0% y 0,32%, y la madera se mueve en una franja de 0% a 8% según el tipo específico de producto.
A ese cuadro de aranceles NMF hay que sumarle, desde este año, la novedad de los recargos adicionales que Washington fue rotando: primero un 10% global bajo la Sección 122 de la Ley de Comercio de 1974, vigente entre febrero y julio, y ahora un 12,5% bajo la Sección 301 por la cuestión del trabajo forzoso, aunque con la carne, la celulosa y la madera entre los rubros exceptuados de este último recargo, según confirmó el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF).
Lo que no aparece en las estadísticas de bienes: los servicios
Hay una pata del comercio bilateral que las estadísticas oficiales uruguayas no reflejan con la misma precisión: los servicios. Estados Unidos es el principal destino de la exportación de servicios globales de Uruguay, aunque no existen estadísticas oficiales desagregadas por destino para ese rubro. La evidencia es indirecta pero consistente: sondeos privados, como los que releva la Cámara de Tecnologías de la Información, ubican sistemáticamente al mercado estadounidense en el primer lugar como comprador de software y servicios de exportación uruguayos.
Es un dato relevante porque cambia la lectura de la relación bilateral, porque si solo se mira el comercio de bienes, Uruguay depende de la carne y la celulosa. Pero si se suma la foto de servicios, el vínculo con Estados Unidos también corre por el carril del conocimiento y la tecnología, un canal mucho menos expuesto a las idas y vueltas arancelarias que castigan a la carne o la soja.
Esa asimetría entre lo que se mide bien (bienes) y lo que se mide mal (servicios) es, de hecho, uno de los puntos débiles de la relación bilateral: Uruguay negocia y defiende su posición comercial con Estados Unidos casi a ciegas en la mitad del tablero, sin datos oficiales que le permitan cuantificar con precisión cuánto pesa realmente el software, la consultoría o los servicios globales en la ecuación total del comercio.