En un barrio porteño habituado a mesas descontracturadas y propuestas eclécticas, Funga logró destacarse con un concepto tan original como coherente: llevar al hongo del rol secundario al centro de la escena. Ubicado en una tranquila calle de Colegiales, este restaurante abrió sus puertas el 1º de julio de 2023 y desde entonces se convirtió en un polo de atracción para curiosos, foodies y amantes de las novedades gastronómicas. Detrás del proyecto están Justine Devroe y Bruno Carosella, socios que combinaron trayectorias diversas para dar forma a una iniciativa que no se parece a ninguna otra en la ciudad.
De ingrediente secundario a estrella: una cocina que sorprende en el barrio porteño de Colegiales
Lejos de las fórmulas repetidas, el restaurante porteño Funga propone una experiencia sensorial donde los hongos marcan el pulso de la carta, el espacio invita a bajar el ritmo y cada plato busca sorprender desde la primera mirada hasta el último bocado.
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El restaurante porteño Funga propone una experiencia sensorial con los hongos como protagonistas.
La experiencia en Funga comienza incluso antes de sentarse a la mesa. El espacio, pequeño e íntimo, invita a bajar el ritmo: un salón luminoso para unos 25 a 30 cubiertos y un patio interno rodeado de plantas y enredaderas, ideal para almuerzos relajados o cenas sin apuro. El detalle que termina de definir la identidad del lugar es la presencia de una fructificadora exhibida como parte de la ambientación, donde los comensales pueden observar de cerca distintas variedades de hongos en pleno crecimiento. Un guiño didáctico y lúdico que conecta al público con el origen del producto y refuerza el espíritu del proyecto.
La carta, diseñada por Justine, recorre variedades como gírgolas, shiitakes, portobellos y melena de león, trabajadas con técnica, creatividad y una mirada contemporánea. Las entradas invitan a compartir y abrir el apetito: desde el paté de hongos con nueces y oporto acompañado de chips de kale y panes artesanales, hasta la empanada frita de masa casera rellena de hongos, mozzarella y relish de pera y lima, que sintetiza el juego de sabores dulces y terrosos que atraviesa el menú.
Entre los principales, Funga despliega platos que sorprenden tanto por su sabor como por su textura. La milanesa de melena de león, servida con pasta casera cacio e pepe, es uno de los favoritos y demuestra la versatilidad del hongo. El shawarma de gírgolas, cocido en spiedo vertical y servido en lafa con hummus, vegetales frescos y tzatziki, suma un costado callejero y aromático. También destacan la “Mac Lion”, hamburguesa de melena de león con papas fritas de triple cocción, y el gratén de champiñones y portobellos, cremoso y reconfortante, coronado con papas y pangrattato crocante.
El cierre dulce mantiene el nivel: crème brûlée clásica, volcán de chocolate y una cheesecake de cajú con mermelada artesanal de estación completan la carta. La propuesta de bebidas acompaña con vinos naturales, vermuts, kombuchas artesanales y opciones frescas que amplían el abanico de maridajes. Los fines de semana, además, un plato fuera de carta suma sorpresa y estacionalidad.
Funga también apuesta a una experiencia integral con su barra de café de especialidad de Puerto Blest, a la que se pueden sumar hongos adaptógenos según el efecto buscado: calma, foco o energía. Y fuera del horario de restaurante, el espacio se transforma en Verdín bar de café, una extensión flexible que mantiene vivo al local durante todo el día.
Dirección: Zapiola 1375, Colegiales.
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