PURALTURA
Recientemente abrió en Palermo Viejo Puraltura, un restaurante de escala íntima, con espacio para 22 cubiertos, que ofrece una experiencia de maridaje guiada por un sommelier. Su tamaño pequeño es clave para generar un clima de cercanía, atención personalizada y conexión real con la propuesta. Cada plato invita a un recorrido enogastronómico que se construye a medida, en diálogo con una carta de más de 80 vinos argentinos elegidos con mirada federal. El ambiente acompaña esa intención: paredes en tono terracota evocan la calidez de un vino joven, la madera clara y las líneas simples del mobiliario refuerzan la sobriedad del lugar. Como punto focal, un gran expositor de botellas señala desde lo visual que el corazón del proyecto es el maridaje. El comensal elige los platos —se puede empezar por la selección de quesos gourmet, seguir con la pesca del día con kale, remolacha, pomelo y vinagreta cítrica, o los tagliatelle con langostinos, manteca, peperoncino y ralladura de limón, y cerrar con la pera al vino con crema infusionada, aceto y almendras— y el sommelier de la casa y socio del proyecto, Alejandro Mesa Rubio, propone la etiqueta adecuada para cada paso, o un único vino que esté en sintonía con todo el recorrido.
MITINGU
El primer Onigiri Bar de Argentina abrió sus puertas en Nuñez. Este proyecto innovador y creativo combina onigiris, sandos y café de autor, tres especialidades típicas del street food japonés. A sólo dos meses de su apertura, este cálido espacio ya conquistó a los vecinos del barrio con su atención amable y cercana, una producción diaria que agota el stock y productos a base de ingredientes caseros y naturales. A cargo de su dueño, Axel Meunier, y su socio, el chef Segundo Farrel, Mitingu acerca una ambientación estilo japandi, con una iluminación acogedora y un clima distendido para entregarse a una experiencia gastronómica deluxe. Dentro de su carta de onigiris, cuentan con pocas variedades para asegurar su calidad: el Spicy Tuna, con kimchi casero y atún, o el de Miso y Berenjena, sazonado con limón, miso y aceite de sésamo, entre otros. Elaborados con shokupan, auténtico pan oriental más suave y esponjosos, también ofrecen los populares sandos, un hit de la casa, que se puede pedir de pastrami, trucha con huevas o pollo, por ejemplo. La propuesta se completa con cervezas o aperitivos y su selección de café e infusiones, como el iced matcha y el iced hibiscus. Para tomarse una pausa en el trajín diario, con calma, cercanía y deliciosos sabores, Mitingu es el punto de encuentro indicado.
NEKO VILLA DEVOTO
Luego del éxito logrado en otros barrios porteños, como Villa Crespo y Belgrano, en marzo Neko se expandió a Villa Devoto con una barra de sushi premium. Está vez, desembarcó en un espacio con capacidad para solo 12 personas, dispuestas en una llamativa barra curva y tres mesas dobles que completan el salón. La intimidad del lugar no es un aspecto menor: permite una conexión directa con la cocina, los sabores y el ambiente, pensados al milímetro. La arquitectura, a cargo del estudio Art Walls Architecture, prioriza los materiales nobles como el mármol, junto con detalles decorativos en cobre y madera inspirados en los templos japoneses, pero con mirada contemporánea. Una llamativa puerta circular con manijones de bronce, los pisos y paredes en travertino y la iluminación tenue terminan de construir un ámbito acogedor e introspectivo, ideal para disfrutar de sashimis, tiraditos, ceviches, rolls, handrolls, noritacos y los nigiris, estrellas de la casa, como el de carne wagyu flambeado con abura, gotas de lima y chalaca, o las variedades de trucha. Todo con el sello Neko: producto premium, técnica precisa y creatividad sin concesiones.
Dirección: Mercedes 3940, Villa Devoto.
THE BOOK SPEAKEASY BAR
En un espacio secreto de apenas 32 m², The Book Speakeasy Bar transforma lo pequeño en una virtud. Inspirado en La sociedad de los poetas muertos, este bar oculto en Villa Luro invita a vivir una experiencia sensorial e íntima, con capacidad para sólo 26 personas. El acceso requiere reserva previa y una contraseña, y, al ingresar, el ambiente parece detenido en el tiempo: libros antiguos, máquinas de escribir, luces tenues y una barra que invita a quedarse. En este escenario, los cócteles se presentan como relatos líquidos. Algunos sugeridos son el Facundo Cabral (whisky Red Label, licor de yatay, damasco y burbujas), León Tolstói (vodka, cítricos, higo, té de frambuesas y Diente de León) y María Montessori (vermut al voleo, cítricos, miel y espumante), un cóctel burbujeante y sutilmente aperitivo, que el comensal prepara de primera mano en la mesa. La cocina acompaña con platos como las croquetas de molleja ahumada, bruschettas gourmet o los medallones de lomo con crema de trufa. Reservas a través del link https://thebook.com.ar/reservas-form
Dirección: Villa Luro
CASA SEIS
Con apenas 25 m², Casa Seis logra una ambientación cálida e ingeniosa que redefine lo que puede hacerse en lugares pequeños. Diseñado por el arquitecto Marcos Popp, este wine bar en Chacarita presenta una arquitectura funcional e inspirada en los bares de tapas españoles: una serie de barras escalonadas de microcemento en azul petróleo articula el salón, generando distintos niveles de uso sin perder unidad. Las puertas corredizas optimizan el espacio, y las del baño se pliegan, liberando aún más circulación. Cada objeto fue pensado para cumplir su función sin ocupar más volumen del necesario, manteniendo una estética limpia y sofisticada. La cocina —pequeña pero completamente equipada— responde a una carta breve y bien cuidada: cinco platitos, dos principales y dos postres, pensados para maridar con la selección de vinos curada por la sommelier Florencia Turdera. Con iluminación tenue, estanterías verticales con vinos y una mesa comunal para seis personas, Casa Seis convierte su pequeño interior en una experiencia íntima y fluida.
Dirección: Guevara 495, Chacarita.
LA CASA BLANCA DE HABANA
En Villa Pueyrredón, La Casa Blanca de Habana volvió a encender su horno —100% a leña— para devolverle a este clásico barrio porteño una de sus pizzerías más queridas. Con apenas 75 m² y 24 sillas en salón, este rincón recuperado por dos amigos de la zona rinde homenaje a la tradición, la familia y a la pizza de calidad. La propuesta es artesanal desde la masa (con 48 horas de fermentación y harina napoletana) hasta la cocción en horno de quebracho y el alioli de la casa que acompaña cada borde. El menú combina favoritos porteños con opciones especiales de autor, como la de stracciatella, bresaola o mortadella con pistacho, además de ofrecer lehmeyún, fainá gourmet y una torta de ricota que homenajea a la nonna. Hay vinos seleccionados, cócteles simples y hasta moscato propio, sin duda un proyecto chico en tamaño, pero enorme en historia, calidad y amor por el barrio.
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Dirección: Nazca 4301, Villa Pueyrredón.
KURO NEKO
En el Microcentro porteño, un salón de 30 m² es el escenario donde la cocina nikkei encuentra una nueva forma de expresión. Se trata de Kuro Neko, la primera barra de nori tacos de Buenos Aires, un lugar que combina técnica japonesa, sabor peruano y una puesta en escena íntima, de la mano del chef Raúl Zorrilla. La barra para 16 comensales permite seguir de cerca el armado de cada pieza, mientras que cuatro mesas —dispuestas entre mobiliario de líneas doradas y sombrillas niponas— completan el espacio con un aire sobrio y moderno. La carta gira en torno a los tacos de alga nori tempurizada, con rellenos como vieiras, langostinos o pesca blanca, acompañados de arroz de sushi, salsas caseras y toppings que despiertan el paladar. También hay nigiris, handrolls y chirashi. Para quienes eligen el aire libre, mesas altas en la vereda completan esta propuesta disruptiva y sabrosa, pensada para maridar con cócteles a base de sake y potentes limonadas.
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Dirección: Paraguay 831, Retiro.
BONARIO
En una encantadora esquina de Villa Urquiza, Bonario se presenta como un rincón de escala íntima, donde cada detalle está pensado para invitar a quedarse. Con su vereda equipada con mesas y grandes maceteros que aportan frescura y calidez, y un interior luminoso que combina maderas, sillones cómodos y una paleta de colores cálidos, este restaurante logra un equilibrio armónico entre lo hogareño y lo contemporáneo. En su pequeño salón, ideal para parejas o grupos reducidos, se genera un ambiente acogedor y sereno, que permite disfrutar de una experiencia gastronómica pausada y cercana. Su propuesta, liderada por el chef Sebastián Iraola, rinde homenaje a la cocina mediterránea y europea a través de recetas familiares reinterpretadas con técnica artesanal y productos de estación. Desde desayunos con cafés especiales, brunches sabrosos y platos principales caseros, como el truchón patagónico o la musaka, hasta pastas, arroces y postres como el flan de naranja o la torta vasca, la carta exhibe alternativas variadas. Todo se complementa con cócteles clásicos y de autor, una cuidada selección de vinos nacionales, cervezas y mocktails frescos, reafirmando su lema: “Los buenos momentos se saborean”.
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Dirección: Avenida Congreso 5702, Villa Urquiza
CHOCHO SUSHI
En una ubicación discreta sobre la calle Carlos Pellegrini, en el barrio de Retiro, Chocho Sushi se presenta como un pequeño rincón gastronómico, donde la cercanía entre chef y comensal marca la diferencia. Con una barra para apenas 12 personas, el espacio ofrece una velada íntima y descontracturada, pensada para conectar a través del sabor, el diálogo y la atención personalizada. Fundado por Santiago López Fresco y Gabriel Giadanes, el restaurante propone una experiencia de sushi de autor basada en el omakase —la tradición de confiar en el chef—, con piezas que cambian a diario según la pesca fresca de temporada seleccionada en el Barrio Chino. A esto se suman opciones como sashimis, nigiris, rolls, tiraditos, pesca ahumada y postres, junto con menús de pasos o la alternativa más libre del moriawase. Para maridar, la carta de bebidas —curada por la sommelier Carla Boracio— incluye vinos boutique, cócteles clásicos, limonadas y otras bebidas frescas.
Dirección: Carlos Pellegrini 1179, Retiro.
SOLE DI PARMA
Sole di Parma es un sitio donde la tradición italiana se mantiene viva, fusionando el legado familiar con una propuesta gastronómica genuina. Fundado por Martín Gianella y María Cancello, este emprendimiento rinde homenaje a la historia que comenzó con los abuelos de ella, quienes en los años 50 inauguraron el primer negocio con productos artesanales y un trato cálido. Hoy, la oferta incluye una destacada sección de pastelería con recetas como los maritozzi romanos, o la torta spumoni napolitana. Además, su focaccería artesanal sorprende con combinaciones únicas y fermentación lenta, mientras que los sándwiches, como el de pastrami hecho en casa, reflejan la dedicación por el producto. El local, ubicado en la antigua casa de Don Sergio y Doña Violanta, los abuelos de María, ha sido adaptado para ofrecer un ambiente acogedor. Cuenta con un salón con capacidad para 20 a 25 comensales, donde la cocina a la vista permite apreciar la elaboración de cada plato. Para disfrutar del aire libre, las mesas en la vereda suman espacio para otros 20 comensales, creando un entorno bastante hogareño, sentimiento que se refleja en el servicio que brindan día a día.
Dirección: Madero 537, Tigre.
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