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28 de enero 2026 - 09:01

El dólar, entre medidas y señales

Ante la fuerte caída del tipo de cambio, el Banco Central del Uruguay resolvió adelantar la baja en la tasa de interés. Además, anunció que podría intervenir en el mercado cambiario.

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El dólar cayó más en Uruguay que a nivel global.

Foto: Freepik

Han sido días agitados para el Banco Central del Uruguay (BCU). Según el análisis de la autoridad monetaria, la caída del dólar global tuvo una “amplificación” en Uruguay, porque en estas fechas la economía exhibe una reducida liquidez —hay demanda de pesos para obligaciones con el Estado, etc.— y aumenta el ingreso de divisas por turismo, al tiempo que hay menos demanda de dólares para importar petróleo por la caída en el precio del crudo, entre otros factores. Esto hizo que el dólar se desplomara en pocos días: cayó dos pesos en poco más de un mes, acercándose a 37 pesos el jueves pasado.

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El Central ya había previsto iniciar un ciclo de reducción de la tasa de interés este año, en la medida en que la inflación cayó más de lo esperado en los últimos meses de 2025. Pero la caída del dólar obligó a adelantar la decisión. El asunto generó algunas idas y vueltas entre Torre Ejecutiva, el equipo económico y el BCU. En la autoridad monetaria había cierta resistencia a un cambio obligado por el mercado, pues podría representar cierto síntoma de debilidad o —mejor dicho— discrecionalidad en sus decisiones, algo que el BCU quiere evitar a toda costa, dándole previsibilidad a sus decisiones de política monetaria.

Pero la caída del dólar fue realmente excepcional y —como era esperable— los reclamos desde los sectores directamente afectados por la baja de la moneda estadounidense comenzaron a explicitar su preocupación. Aquí se incluyen no sólo los sectores exportadores de bienes (agro, industrias), o industrias que compiten con bienes importados en el mercado local, sino también los exportadores de servicios (turismo, tecnologías de la información); hay, además, una creciente preocupación en el sector inmobiliario, en el cual los precios se manejan en dólares y la caída de la moneda estadounidense complica el negocio; los operadores son reticentes a ajustar al alza los precios en dólares, porque podría afectar la demanda, a pesar de que eso implicaría tan solo mantener los precios en términos constantes.

Además —vale recordarlo— la caída del tipo de cambio a niveles extremos no solo afecta a los que la sufren más directamente. La economía toda precisa que el tipo de cambio esté lo más cerca posible de su punto de equilibrio; no se trata de que cuando baja el dólar (o cuando sube) haya ganadores y perdedores; con el tipo de cambio desalineado (como ahora) pierde toda la economía, y por eso la preocupación del equipo económico, que ha comenzado a tomar acciones.

En el fondo

¿Podrán el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) y el BCU reencauzar los precios relativos? En la raíz del problema sigue estando el hecho de que la base monetaria en Uruguay sigue siendo chica respecto al Producto Interno Bruto (PIB). De manera que cualquier movimiento externo extremo o una retracción de liquidez excepcional deriva en variaciones cambiarias fuertes. Por eso es que, históricamente, el BCU interviene en el mercado cambiario cuando hay movimientos extremos, que se alejen de la tendencia general.

En los últimos años, en aras de reafirmar el foco del BCU en la política monetaria y el concepto de que el BCU “no tiene objetivo cambiario”, se ha decidido dejar de intervenir (la última fue en agosto de 2021). Es un enfoque que viene de la administración pasada y el gobierno actual continúa.

Ciertamente, este tipo de decisiones —un compromiso con la no intervención— abona el camino hacia una política monetaria de mayor alcance, pero tiene sus riesgos: si el mercado cambiario se pone movido (como pasó), ese compromiso es difícil de sostener. Porque la tasa de interés como herramienta clave —que lo es— tiene un alcance acotado en el actual contexto, en una economía bimonetaria y en la cual el canal crediticio aún no es tan potente. En ese camino se avanza, pero aún falta.

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Seguramente por todo esto es que el mercado financiero y cambiario local sigue siendo sensible a las “señales” del gobierno, más allá de las medidas formales e institucionales de política monetaria. Bastó que el BCU tan solo anunciara que tomaría medidas (esto fue el viernes) para que el dólar rebotara a 38 pesos. (baja de la tasa), pero el mercado ya lo había anticipado. Adicionalmente a esto, el MEF anunció medidas propias (compra de dólares a futuro, mayor emisión de deuda en el mercado local), para “acompañar” al BCU.

Ante una situación excepcional en el exterior, con connotaciones propias locales que agudizaron la caída del dólar, el gobierno ha hecho bien en actuar. El desafío es que los precios relativos mejoren, sin alterar el objetivo de robustecer la política monetaria y seguir avanzando en la remonetización de la economía.

Es un asunto clave: en estos días los miles de uruguayos que ahorran en dólares (la gran mayoría) han visto perder capital de manera bastante aguda. Por otra parte, hay un grave problema de sobreendeudamiento de miles de familias, lo que ha ameritado que en los últimos días el BROU impulsara acuerdos para aliviar la situación de miles de uruguayos sobreendeudados. En otras palabras, los que ahorran en dólares pierden y el crédito en pesos es aún caro, generando muchos problemas de morosidad. Una política monetaria más robusta es la base para una mejor gestión financiera de la población, que permita expandir el ahorro en pesos y crédito más accesible en la misma moneda; en eso, hay un largo trecho aún por avanzar.

En cualquier caso, para que el BCU y el MEF tengan éxito, precisan ayuda desde el plano de la política fiscal y salarial. La política monetaria y la gestión de deuda no pueden resolver todo solas.

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