La inflación minorista en Uruguay bajó al 4,8% en el dato anual a Julio, el menor nivel desde el año 2005. Dado el objetivo explícito del Banco Central del Uruguay (BCU) de llevar la inflación al rango de 3 a 6%, lo que se considera un rango razonable para considerar una economía con precios estables, lo acontecido es un logro destacado. Pero ganar una batalla no es ganar la guerra.
Inflación: la batalla y la guerra
La política monetaria restrictiva del BCU y la política salarial del gobierno recorren caminos antagónicos.
-
La inflación subyacente retrocedió por primera vez en el año
-
La inflación se mantendrá en torno al 5% hasta 2025, anticipó Labat
Las expectativas de inflación del Banco Central del Uruguay y de los empresarios difieren ampliamente.
Primeramente, cabe decir que la baja en la inflación es una tendencia global. Así como subió el año pasado –por la salida de la pandemia y los efectos agregados de la guerra-, este año baja en todas las principales economías. En todos los casos los bancos centrales implementaron políticas monetarias restrictivas (aumentos de tasas de interés) y Uruguay no fue la excepción.
El problema es que dicha política monetaria restrictiva del BCU ha estado –en los últimos meses- poco acompañada por la política salarial, que se ha planteado un objetivo bastante distinto: llevar el salario real nuevamente a los valores récord del año 2019 (pre pandemia). Esto hace que los costos laborales y de los servicios locales, en general, evolucionen por encima de la inflación.
Esta tensión de objetivos la viven directamente las empresas, en particular las que tienen componentes de costos salariales altos (directa o indirectamente), y que tienen que ajustar las retribuciones según pautan los Consejos de Salarios, con aumentos nominales que –al menos hasta ahora- han estado muy por encima del IPC.
Con este escenario, a los empresarios aún les cuesta incorporar que la inflación seguirá baja, de tal manera que –según la Encuesta de Expectativas Empresariales del INE- proyectan una inflación de 8% para los próximos 12 meses, muy por encima del rango meta. Desde el BCU, sin embargo, se proyecta que se mantendrá debajo de 6% para los próximos 24 meses.
¿Cómo bajó la inflación si están subiendo los costos locales? Parte de la respuesta es por el desfasaje en la evolución de estos índices: durante la pandemia los precios al consumo subieron, mientras los salarios se rezagaron. Llegó el momento de emparejar (lo que, además, coincide con los tiempos electorales). Otra parte de la respuesta la da el tipo de cambio.
En efecto, el dólar ha tenido un descenso significativo en los últimos meses e incide directa o indirectamente en varios componentes clave del IPC, los productos denominados “transables” con el exterior, artículos de limpieza y perfumería, artículos para el hogar, etc.. También muchos servicios cotizan en dólares.
El dólar también está bajando en el mundo, pero Uruguay parece estar exagerando la nota y en el cálculo del tipo de cambio real el país se está encareciendo. La caída se da incluso con Brasil, que está implementando una política monetaria similar al Uruguay, con tasa de interés muy altas y dólar e inflación en baja.
Hay sectores dinámicos, como las tecnologías de la información y algunos otros sectores de servicios, que pueden sobrellevar este aumento de costos. A su vez, se espera que la producción agropecuaria se recupere, una vez que se normalice la situación hídrica. Pero otros sectores enfrentan problemas de competitividad.
Por si fuera poco, la situación en Argentina difícilmente cambie en los próximos meses, lo que implica que un porcentaje importante del consumo de los uruguayos -incrementado por la política monetaria- cruce el charco y se gaste en Argentina. Esto tiene impacto en la recaudación, con un déficit fiscal que está en aumento y preocupa.
Así las cosas, en la guerra contra la inflación se ganó una batalla, pero las aún elevadas expectativas empresariales y los problemas de competitividad impiden cantar victoria. Y son asuntos clave: la lucha contra la inflación tiene un costo en términos de competitividad y crecimiento; si no se anclan las expectativas a niveles inferiores, buena parte del esfuerzo puede resultar en vano.




Dejá tu comentario