25 de marzo 2025 - 10:09

La necesaria inversión

La inversión cayó en 2024. Es necesario que se recupere para fortalecer la economía en el corto y largo plazo.

El desafío es mejorar la competitividad y el clima de negocios.
El desafío es mejorar la competitividad y el clima de negocios.
Foto: Freepik

En ocasiones, en la discusión política sobre economía, se menciona y se repite -como un latiguillo canchero- que “el capital es cobarde”, como argumento para fundamentar que los países tienen que atraer activamente al capital, mimarlo, para que se concreten las inversiones. De lo contrario no aparece, es cobarde, se esconde. Creo que es un enfoque equívoco sobre la dinámica de la inversión en la economía. Porque, en realidad, si algo se necesita para invertir es cierto grado de audacia, de valentía. De ambición también, por supuesto. Detrás de cada inversión, grande o chica, hay un proyecto futuro.

Obviamente las inversiones se hacen con una proyección de crecimiento y rentabilidad, y -en el caso de inversiones de cierto porte- con estudios de mercado y evaluación de escenarios. Es el caso de las empresas exportadoras, como las forestales, frigoríficas, manufactureras, etc., o turísticas (hoteles, restaurantes); también de las empresas e instituciones que hacen inversiones para el mercado local, desde una cadena de supermercados hasta un club deportivo.

Pero dichas inversiones no están exentas de riesgos e incertidumbres. También los tienen las empresas no tan grandes, medianas o pequeñas, miles de empresas que en Uruguay invierten mes a mes en nuevos equipamientos, capacitación, nueva infraestructura, vehículos, etc. Son decisiones que apuntan a crecer y tener un retorno de rentabilidad, que permita seguir creciendo.

Para la economía, la inversión es clave en la medida que determina la capacidad de producción y, por lo tanto, el crecimiento a mediano y largo plazo. Las inversiones de hoy son las que sustentarán la actividad económica en el futuro y, si la dinámica de inversión en una economía se aplaca, su crecimiento futuro seguramente va a reducirse.

Cuando las inversiones empresariales implican un aumento en la capacidad de producción, se suman a la inversión como variable macroeconómica. En las Cuentas Nacionales del Banco Central (BCU), se registra eso como “formación de capital” o, más específicamente, “formación bruta de capital fijo”, el cálculo acumulado de inversiones en un cierto período.

Al respecto, las últimas cifras de las Cuentas Nacionales -que marcaron un aumento del PIB del 3,1% en 2024- reflejaron también que la inversión cayó 1,3% respecto a 2023. En relación al propio PIB, en el año 2024 la inversión representó un 16%, un punto menos que en el año previo y 3 puntos debajo del máximo reciente, que se dio en 2022 (gráfica). Fue el momento pico de inversiones por parte de UPM y otros proyectos, por lo que era esperable que hubiera una cierta reducción posterior, en la medida que dichos proyectos fueron culminando. La inversión en vivienda (construcción) se mantiene alta y dinámica, pero no alcanzó a compensar totalmente lo anterior.

Inversión % del PIB

Por eso, el desafío económico ahora es que esa relación Inversión/PIB vuelva a subir, lo cual implica mejorar las condiciones de competitividad y clima de negocios, para que más nuevos proyectos se concreten. Es un asunto que va más allá de los estímulos vigentes a través de los conocidos regímenes de promoción de la inversión, como la Comap (Comisión de Aplicación de la Ley de Inversiones), las propias Zonas Francas y otros, que conllevan beneficios fiscales y de otro tipo. Es fundamental que la economía uruguaya mejore su competitividad en todos los planos horizontalmente, más allá de los sectores, en especial en las áreas de servicios locales. Una economía más competitiva, efectiva y eficiente en todas sus áreas, seguramente generará una dinámica de inversión mayor y más potente.

El asunto es aún más relevante hoy porque las tasas de interés han subido respecto a años previos (estuvieron muchos años “planchadas”). Esto implica que el costo de oportunidad del dinero (con el que se compara la rentabilidad de la inversión) es mayor, por lo que los inversores (a todo nivel) exigirán una rentabilidad mayor a los proyectos para concretarlos. Razón de más para trabajar sobre costos, clima de inversión y competitividad.

Por último, a pesar de lo difícil (hasta frustrante) que ha resultado avanzar en la agenda externa, Uruguay tiene que seguir insistiendo en la apertura de nuevos mercados; porque las nuevas oportunidades comerciales se asocian, casi automáticamente, a nuevas inversiones.

En este plano, el Mercosur ha sido más una dificultad que una fortaleza, pero en el nuevo escenario de guerra comercial global, desplegado por Estados Unidos, el bloque puede tener nuevas opciones. Eso implica incorporar una voluntad activa de apertura de nuevos mercados desde el Mercosur, cosa que no ha sucedido hasta ahora. Pero la esperanza es lo último que se pierde.

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