12 de enero 2026 - 09:06

¿Puede Punta del Este convertirse en la Miami de América del Sur?

Con reglas claras y planificación de largo plazo, el principal balneario de Uruguay tiene potencial para seguir atrayendo inversores de todo el mundo.

Desde Uruguay, Punta del Este tiene el potencial para ser la Miami de América del Sur.

Desde Uruguay, Punta del Este tiene el potencial para ser la "Miami de América del Sur".

En momentos en que Punta del Este busca consolidar un nuevo ciclo de inversiones inmobiliarias y reposicionarse como destino residencial de alto nivel en la región, la comparación con Miami vuelve a cobrar fuerza. No se trata solo de glamour o celebridades, sino de un modelo económico y urbano basado en planificación de largo plazo, valorización del suelo y atracción de capital global.

En esa línea destaca la experiencia de Bal Harbour Village, el exclusivo distrito del sur de Florida, que en 2026 celebrará sus 80 años, ofrece claves relevantes para el principal balneario uruguayo, siendo uno de los enclaves más sofisticados de Estados Unidos con resorts frente al mar, residencias premium y una identidad cívica sólida.

“Bal Harbour no es un crecimiento espontáneo, es el resultado de décadas de decisiones estratégicas”, explica a Ámbito Jorge González, director general del distrito desde 2013 y exadministrador municipal de Miami Beach. “Eso es lo que lo diferencia de otros mercados: aquí cada proyecto responde a una visión clara de ciudad”, agrega.

Durante los años 50 y 60, Bal Harbour y Miami Beach eran conocidos como la “Riviera Americana”, con visitantes como Frank Sinatra, Grace Kelly y Humphrey Bogart. Pero el gran salto económico llegó en 1965, con la inauguración de Bal Harbour Shops, el primer shopping de lujo al aire libre de Estados Unidos. “Es el único centro comercial de lujo frente al mar en el país, y eso lo convierte en un activo inmobiliario y comercial único”, subraya González.

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Ese activo sigue siendo hoy uno de los motores económicos del distrito, junto con una nueva generación de desarrollos residenciales de altísima gama. Según el funcionario, el valor del pie cuadrado en Bal Harbour oscila actualmente entre los 2.000 y 3.000 dólares, dependiendo del proyecto. “Puede parecer caro, pero si lo comparás con Londres, París, Tokio o Singapur, Miami sigue siendo barata en términos globales. Por eso seguimos siendo competitivos y siguen llegando inversiones”, afirma.

González destaca además un cambio estructural en el mercado inmobiliario: “Antes se construía un edificio y punto. Hoy se construye un edificio diseñado por arquitectos estrella: Frank Gehry, Zaha Hadid y Bjarke Ingels. Solo el nombre del arquitecto ya le agrega valor al proyecto”. En ese contexto, aclara que la barrera de entrada es alta: “Si querés comprar un departamento en Bal Harbour, el punto de partida son varios millones de dólares”.

El perfil de residentes refuerza ese posicionamiento. “No hablamos solo de celebridades, sino de los CEOs, dueños de grandes compañías, empresarios tecnológicos”, señala González. Entre ellos menciona al fundador de WeWork, al propietario de los Miami Heat, empresarios del sector duty free y líderes del e-commerce. “Es gente que puede vivir en cualquier parte del mundo y elige Bal Harbour por la calidad de vida, la seguridad y los servicios”.

¿Puede Punta del Este convertirse en Miami?

La comparación con Punta del Este surge de manera natural. Ambos comparten atributos estratégicos: ubicación costera, atractivo internacional, fuerte presencia de capital extranjero y un mercado inmobiliario orientado al segmento premium. En los últimos años, el balneario uruguayo avanzó en desarrollos de marca, torres residenciales de lujo y propuestas que apuntan a la desestacionalización.

Sin embargo, el caso Bal Harbour deja una enseñanza central para los inversores y decisores públicos: la planificación. “Aquí ya no hay más tierra disponible. Es una isla, y eso obliga a ser extremadamente cuidadosos con cada proyecto”, explica González. Esa escasez, combinada con reglas claras y una visión compartida, sostiene la valorización del distrito a lo largo del tiempo.

El modelo también incluye inversión constante en infraestructura y espacio público. En 2023 se inauguró el Waterfront Park y en 2026 comenzará la construcción del Harbourfront Park, un ambicioso proyecto de renovación del muelle histórico. “El espacio público no es un gasto, es una inversión que mejora el valor de toda la comunidad”, enfatiza el director del distrito.

Para Punta del Este, la pregunta no es si puede “copiar” a Miami, sino si puede adaptar ese enfoque. Convertirse en la “Miami de América del Sur” implicaría consolidar reglas estables, planificación urbana de largo plazo y una estrategia clara de posicionamiento internacional. Bal Harbour demuestra que el lujo sostenible no es solo una cuestión de precios o marcas, sino de visión económica, institucionalidad y gestión.

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