La posibilidad de una vuelta del fenómeno La Niña pone en alerta al sector agropecuario uruguayo que sufrió las consecuencias de la falta de lluvias los años anteriores; sin embargo, expertos aseguran que las condiciones no son las mismas y dan un visión esperanzadora para el campo en esta próxima temporada de primavera/verano.
¿Qué debe esperar el agro ante el posible regreso de La Niña?
Especialistas aseguran que la gravedad no se comparará con el déficit hídrico de 2023, aunque sugieren estar preparados.
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Los modelos meteorológicos estiman una vuelta de la tormenta de La Niña a mediados de este año.
En diálogo con Ámbito, el meteorólogo Mario Bidegain habló sobre una posible vuelta de La Niña, un fenómeno que causó pesadillas al campo en los últimos tres años debido a un déficit hídrico que se tradujo en la peor sequía de los últimos 100 años.
Acorde a un reporte del Climate Prediction Center, la transición de El Niño ocurriría entre los meses de abril y junio de este año con un probabilidad del 83%, la cual tendrá condiciones cercanas a la neutralidad. Sin embargo, durante los meses de junio y agosto se espera una vuelta de La Niña en un 62%.
Sin embargo, Bidegain aseguró que no tiene relación al fenómeno de años atrás. “La mayoría de los modelos explican que será una Niña de débil a moderada. Por eso, se esperaría que los impactos sobre las precipitaciones sean escasos, nada que ver con lo que tuvimos en períodos anteriores”, explicó, aunque también remarcó que estos modelos se dan ochos meses antes del período, por lo que sus predicciones no son del todo exactas.
En coincidencia, Guadalupe Tiscornia, coordinadora de Sistemas de información y transformación digital del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA), confirmó que es una tendencia común que, luego de una tormenta de El Niño vuelva La Niña.
“Todavía es muy pronto para poder determinar qué intensidad va a tener y si efectivamente esta tendencia sigue mostrándose igual porque hay unos bloqueos en los modelos sobre este período. Recién sobre el invierno se puede tener una mayor certidumbre respecto a lo que pasará con el evento de La Niña” explicó.
No está todo dicho
La bióloga explicó que para determinar que haya una tormenta de La Niña primero se tendrá que estudiar los niveles de temperatura del océano, luego hay que estudiar cómo ese fenómeno se acopla con la atmosfera y, posteriormente, ver qué impacto tendrá en el Uruguay.
Un ejemplo de la imprevisibilidad que significa determinar estos tipos de eventos fue justamente la tormenta de El Niño de este año. “No todas las tormenta de El Niño son iguales ni tampoco las de La Niña. Para esta primera/verano pasado se esperaba una situación mucho más lluviosa de la que efectivamente se tuvo para este tipo de eventos que tenía altas probabilidades de ocurrencia”, explicó.
Sin embargo, alentó que, en el caso de ocurrir, las consecuencias no serían las mismas. “Veníamos de dos años de déficit hídrico y de una situación sumamente complicada por lo que no es comparable con lo que podría llegar a pasar en Uruguay. Aunque efectivamente se dé La Niña y tenga algún impacto en nuestro país, no tendrá la magnitud que tuvo en la primera/verano de 2022 y 2023”, aseguró.
Una vuelta de página
Respecto a la diferencia del estado de los campos en comparación al año pasado, los especialistas se mostraron optimistas. “Si bien hay algunas zonas que estaban bastante complicadas respecto a la acumulación del año como el sur o suroeste del país, a partir de marzo la situación empezó a revertirse con las lluvias”, explicó la bióloga.
En ese sentido, Tiscornia comentó que se realizó un balance hídrico que se cerró los primeros días de marzo y se determinó que los campos tienen la suficiente reserva de agua como para no generar un estrés en la vegetación en gran parte del país.
El Director General de la Granja del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP), Nicolás Chiesa, coincidió con la especialista. “Estas lluvias permitieron que los cultivos de la soja y el maíz continúen su ciclo y se llenen de granos. Hoy el sector agropecuario y la producción de alimentos – la granja y el sector frutihortícola – va a tener un muy buen año”, alentó.
“Veníamos de tres años de déficit hídrico importante en Uruguay, o sea que ya entramos en un verano complicado respecto a los causes y los tajamares. Hoy, la situación hídrica de Uruguay es totalmente distinta por todas las lluvias que han ocurrido, todas las reservas y causes están llenos y recuperándose”, agregó Chiesa, aunque admitió que aún las napas quedan por recuperarse.
La necesidad del riego
La invariabilidad climática es uno de los factores que más incertidumbre genera en el agro. “Nunca un mes es igual al otro, por lo que el riego es estratégico para poder sobrellevar la falta del agua. Obviamente que hay alguna producción en la que es más necesario y más factible de hacer y hay otros en los que es más complicado implementarlo”, explicó Tiscornia.
Aunque la bióloga admitió que el riego es una posible solución para épocas donde escasean las lluvias, también explicó que durante la última sequía algunos productores que tenían implementado el sistema de riego se quedaron sin agua debido al carácter extremo del evento climático. También hay otros factores que actúan en contra como los costos o que los productores tengan grandes extensiones de campo que se vuelvan inabarcables.
Respecto a esto, el jerarca del MGAP aseguró que se ha invertido en sistemas de riego para enfrentar en el futuro posibles nuevos problemas generados por un déficit hídrico. En tanto, también remarcó la importancia de que el uso del agua sea más eficiente.
En ese sentido, Chiesa remarcó que el papel del Banco República, a través del otorgamiento de créditos a productores, ha sido un factor clave para la inversión en estos sistemas. “Uruguay tiene un gran potencial para desarrollarse en el aérea de riego, pero hay que seguir haciendo las inversiones para lo cual ha sido clave el Banco República”, explicó.
Por otro lado, remarcó que el rol de UTE también ha sido y sigue siendo clave para poder aumentar la capacidad eléctrica y poder brindar la energía necesaria para los sistemas de riego. “UTE esta haciendo un gran estudio para detectar cuencas de riego, aunque la dificultad es que no llega la potencia eléctrica y las líneas no están preparadas para soportar eso”, explicó.



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