11 de mayo 2025 - 07:27

Tradición política, caudillismos y oposiciones débiles, la realidad de las elecciones departamentales

Una democracia saludable se caracteriza por la alternancia política, un factor poco común en esta instancia electoral.

Este domingo serán las elecciones departamentales en el Uruguay. 

Este domingo serán las elecciones departamentales en el Uruguay. 

Entre tradiciones políticas arraigadas que vienen desde la repartición de los departamentos entre el Partido Nacional (PN) y el Partico Colorado (PC) en el XIX, un caudillismo político y una oposición que no puede levantar cabeza, así afrontan las elecciones los departamentos que no tienen alternancia partidaria desde hace años.

Este domingo sucederán las elecciones departamentales y municipales en el Uruguay y algunos resultados están cantados, como hace años, donde los partidos dominantes confían en un electorado que los elije sucesivamente cada cinco años, contando algunas excepciones. “Hay una separación en la votación en varios departamentos, a excepción de Montevideo y Canelones, entre el voto en las elecciones departamentales y nacionales”, aseguró el director de Factum, Eduardo Bottinelli, en diálogo con Ámbito.

Hurgando entre las razones que explican este fenómeno se encuentra, en primer lugar, la sensación de tradición política. “Implica un proceso de cultura política y de cercanía con la gestión de la intendencia. Aparece muy anclado a un sentimiento de pertenencia, pero que logra disociarse en las elecciones presidenciales”, explicó.

Caudillaje en el interior

Entre los factores que explican la poca alternancia en los departamentos del interior aparece el hecho de que los intendentes siempre tienen altas aprobaciones en sus administraciones, más allá de sus errores políticos. Uno de los casos que podría explicar este fenómeno es el del exintendente Guillermo Besozzi –imputado por delitos de corrupción– quien se postuló como candidato por el departamento de Soriano y sigue liderando las encuestas a pesar de su situación.

“Los intendentes son personas populares en sus territorios y que suelen tener buenas evaluaciones de sus gestiones, pero, además, tienen recursos que se han usado históricamente para “cortejar” a sus electores. Lo que se llama, vulgarmente, clientelismo político”, explicó el analista político Daniel Buquet a este medio.

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Acorde a Buquet, la reforma de la Constitución en la década de 1960, en la que se restringieron varias aptitudes del gobierno nacional como del Parlamento, provocaron que los intendentes pasen a ser una figura más predominante a nivel político. “Los líderes locales aspiraban a ser diputados. Ahora es al revés, los líderes locales quieren ser intendentes porque es el que tiene recursos”, comentó.

A esto se le suma que, a diferencia de los gobiernos nacionales donde el Parlamento oficia el rol de contra lord e inspecciona las actividades de la administración, los departamentos carecen de este tipo de instancias. “Las juntas departamentales tienen una mayoría automática del partido del intendente, por lo que no funcionan, por lo general, como mecanismos de contrapeso del poder”, aseguró.

Tradición frentista en las grandes ciudades

Algo diferente sucede con la continuidad del Frente Amplio en la Intendencia de Montevideo (IMM), que también cuenta con poca alternancia. A diferencia de los departamentos más chicos, donde los intendentes tienen más contacto con su pueblo, las características citadinas de la intendencia provocan otro tipo de ecosistema político. “Allí es donde se replican los votos de las elecciones nacional y departamental”, explicó Bottinelli.

“Montevideo es el bastión del Frente Amplio desde su propia formación y tiene un electorado “cautivo y de izquierda”. "El electorado vota al partido que ideológicamente prefiere, más allá de la aprobación de la gestión actual”, explicó Buquet, quien trajo también el condimento de que la tradición montevideana viene desde los orígenes del partido, como una herencia familiar que se da en la capital uruguaya.

Tal es así que, a pesar de que la aprobación por el manejo de recursos de la administración de la IMM no supera el 50% – condicionado fuertemente por el caos de la basura en la capital – el candidato frentista Mario Bergara tiene resultados cómodos en las encuestas de cara al domingo.

Mario Bergara

Pregunta sin respuesta

Ahora bien, ¿es importante la alternancia para el buen desarrollo de la democracia? Uruguay es conocido a nivel mundial por el respeto a este sistema y por su institucionalidad política donde los gobiernos nacionales cambian cada cinco años bajo la imposibilidad de llevar a cabo una reelección, una realidad que no sucede en los departamentos del país.

“La alternancia en la democracia siempre es positiva porque va fomentando los procesos de discusión y control. Cuando un gobierno está bajo la mirada de una oposición que tiene posibilidades de acceder al poder, tiene un comportamiento totalmente distinto”, comentó Bottinelli.

Sin embargo, acorde a los analistas, las características del sistema departamental poco tiene que ver con lo nacional, basándose, en primer lugar, en los alcances que tienen estos gobiernos, a diferencia de los mandatos presidenciales. “Los gobiernos departamentales no hacen la política económica, un factor clave a la hora del electorado a la hora de ir a votar”, explicó Buquet.

Por otro lado, las características de los comicios donde siempre se consagra ganador el PN, como Treinta y Tres, Durazno o Maldonado, tiene otro tipo de competencia. “Se da una disputa interna dentro del Partido Nacional y eso también genera cierto grado de alternancia porque no cambia el partido, pero si el sector que lo gobierna”, añadió Bottinelli.

Este domingo los resultados de las elecciones tendrán, en su mayoría, resultados esperables, mientras que una pregunta democráticamente incómoda se sigue repitiendo cada cinco años en comicios que carecen de sorpresas y pisan la cabeza de una oposición rendida.

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