El Banco Central del Uruguay (BCU) alertó por los riesgos externos y domésticos para la economía, elevando la probabilidad de un conflicto geopolítico ante la incertidumbre global y señalando una suba en el desalineamiento de las expectativas de inflación con respecto al objetivo del 4,5%.
En el Informe de Política Monetaria (IPoM) de primer trimestre, el BCU advirtió por el consistente alejamiento de las proyecciones de los agentes económicos con respecto a la meta del IPC, superando incluso el techo del rango de tolerancia establecido en el 6%.
En este sentido, la autoridad monetaria recogió “la incertidumbre por parte de los agentes respecto a la implementación de la política económica”, en el marco del inicio del nuevo gobierno de Yamandú Orsi, algo que consideraron “esencialmente vinculado a los resultados de la nueva ronda salarial y la política fiscal emergente en la ley de presupuesto, ambos procesos en desarrollo”.
Para el BCU, se trata de un riesgo que tiene “un impacto medio-alto” sobre el IPC, debido a que “una mayor inflación esperada afectaría directamente la velocidad de la desinflación prevista en el escenario de proyección”.
Otros riesgos domésticos
Por otra parte, el IPoM indicó que el riesgo vinculado a la transición política se disipó tras la asunción de Orsi, al tiempo que incluyó “vulnerabilidades”, asociadas a los efectos del cambio climático en dos dimensiones: riesgos físicos y de transición.
Los riesgos físicos tienen que ver con el aumento de la frecuencia y gravedad de eventos meteorológicos extremos y sus impactos a largo plazo, como la sequía que sacudió al país entre 2022 y 2023.
En tanto, los de transición tienen que ver con los costos (económicos, sociales, etc.) que pueden surgir de darse un cambio hacia una economía verde con baja dependencia del carbono en el largo plazo.
La incertidumbre global
Por otra parte, el informe consideró que a nivel global el mayor riesgo es el geopolítico-comercial, incluyendo los conflictos bélicos que impactan a nivel financiero y en los precios de commodities, a lo que se sumó el efecto de la guerra comercial, asociada a la incertidumbre sobre la imposición de aranceles por parte de Estados Unidos y las medidas de represalia por parte de los países afectados, particularmente China.
El BCU consideró que “este escenario, en el extremo, podría conducir a una fragmentación a nivel global”, mientras precisó que la probabilidad de materialización de esta coyuntura “se eleva respecto al trimestre anterior”.
Al mismo tiempo, advirtió por “la persistencia de desequilibrios macroeconómicos y la incertidumbre económica y política” en la región, pese a una “evolución favorable de Argentina” y una “alta incertidumbre” con relación a la situación fiscal de Brasil.
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