La situación fiscal es hoy la principal preocupación de la conducción económica. En ese contexto, el dato del déficit fiscal consolidado a marzo no deja de ser moderadamente alentador: bajó de 4,3% a 4,1%, básicamente por menores gastos no personales y menores transferencias (una categoría muy amplia de gastos). Sigue siendo un déficit muy alto que tiene que reducirse si se pretende hacer sostenible la deuda, pero es mejor que baje a que se mantenga o suba. Y se acerca al 4% en que estaba en marzo de 2024.
Algunas luces entre la incertidumbre
El panorama regional y global es incierto, pero la economía uruguaya ha mostrado algunos datos alentadores en los últimos días.
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Los precios de los combustibles se alejan de la paridad de importación
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El déficit fiscal se redujo, pero sigue por encima del 4%
Surgen algunos datos alentadores en la economía de Uruguay, en medio de un incierto panorama regional y global.
¿Es posible que siga retrocediendo? La recaudación ha tenido muy buen desempeño entre diciembre y marzo, con subas interanuales de entre 5 y 12%. De mantenerse esta dinámica, es posible que el déficit se achique. La economía -si bien sin grandes empujes- está con indicadores de avance de actividad razonables (el Índice Líder de Ceres subió 0,2% en marzo y ya acumula casi 2 años de variaciones positivas).
Y se está levantando una histórica cosecha de granos que -a no dudarlo- le dará un impulso fuerte a partir de este mes. El impacto de la agricultura tiende a subestimarse, pero su capacidad de encadenar efectos positivos en el transporte, comercio, consumo (eso que equívocamente algunos aluden como “derrame”), es muy grande y la cosecha de este año es muy buena noticia.
Inflación y política monetaria
Otro dato moderadamente positivo es la inflación, que retrocedió después de alcanzar casi 5,7%. En abril el dato anual bajó a menos de 5,4%, aún lejos del 4,5% que pretende el Banco Central, pero al menos revirtiendo la suba de los 2 meses previos. El Banco Central subió la tasa de interés a 9,25% en su última reunión del Copom e ingresó en fase contractiva de la política monetaria. Si bien los canales de impacto de la política monetaria en Uruguay son algo acotados (el BCU apunta a ampliarlos) y de impacto no tan inmediato, es claro que está apuntando con decisión a bajar la inflación. La contracción monetaria tiene su costo en términos de actividad económica, pero en los últimos años el BCU ha mostrado buena capacidad para establecer una política equilibrada y a la altura de las circunstancias.
Más allá de la política monetaria, para bajar más aún la inflación ayudaría mucho que los procesos de formación de precios en algunos sectores mantengan o mejoren la transparencia. Pero en el caso de los combustibles -insumo clave para la economìa, empresas y consumidores- las señales son las contrarias: desde el gobierno se está planteando modificar el régimen de ajuste en base a paridad de importación, que ha funcionado bien al incorporar un criterio de mercado en un sector con monopolio. Sería bueno que se mantuviera el mecanismo, que ha dado certeza y -además- ayuda en el objetivo de bajar la inflación. Un mecanismo transparente para definir los precios de los combustibles (como el vigente hasta ahora) traslada de inmediato las bajas y, si hay subas, se justifican y se entienden, reduciendo la tendencia de los formadores de precios a “cubrirse” y generar más inercia inflacionaria. Es un asunto muy importante, que frecuentemente se soslaya.
Hay otro asunto que -al menos en la coyuntura- resulta positivo. Todo indica que la guerra comercial que desató Donald Trump tendría, en principio, un impacto moderado en la región y en Uruguay. El perfil de inserción internacional del país no es el mejor, con pocos acuerdos de libre comercio más allá del Mercosur. Pero -tal vez por eso mismo- su vulnerabilidad hacia un escenario más negativo no es alta. Sin embargo, los efectos de la guerra comercial tendrían que ser mayores a mediano plazo, por lo que no hay que cantar victoria. Pero, al menos por ahora, los peores presagios no se han concretado.
Y en el mercado de trabajo, según los datos correspondientes a marzo, hay cierta estabilidad en los últimos meses, con casi 1.750.000 empleos, unos 34.000 más que hace un año.
Escenario optimista
¿Será entonces que la situación de la economía no era de tanta preocupación? No tan rápido. En tiempos de construcción forzada de relatos, para un lado y el otro, hay que andar con cautela al momento de pronunciar sentencias definitivas. Pero este breve recorrido sobre algunos indicadores y factores reflejan un escenario que da espacio para cierto optimismo.
Es cierto que los fundamentos de la economía uruguaya no dan para tasas de crecimiento muy altas; pero se han hecho cosas. Sin ir más lejos, en el último reporte fiscal global del FMI, el organismo destacó las virtudes de la reforma de la seguridad social aprobada en el gobierno pasado, que -entre otras cosas- da una mejor proyección fiscal de largo plazo. Bueno sería que el próximo diálogo social no altere esa proyección.
Aún así, el próximo Presupuesto deberá procesar una consolidación fiscal (léase: una reducción del déficit) y, dado que el compromiso del gobierno es no aumentar impuestos, deberá hacerse con una reducción de gastos y/o aumento de la recaudación por mayor actividad. Lo primero parece difícil dadas las circunstancias políticas y la vocación del FA de -por el contrario- aumentar el gasto estatal; lo segundo habrá que verlo. Las señales que recorrimos en la nota abren esperanzas, pero no evitarán decisiones de política presupuestal difíciles. Desde el equipo económico se apuntará a una consolidación fiscal gradual, a lo largo de los 4 años del nuevo presupuesto.
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