20 de febrero 2026 - 14:00

Lo que Carlos Slim Helú está construyendo en el subsuelo mexicano y que cambiará el tablero energético nacional

El avance de Carlos Slim Helú en el petróleo nacional transforma su imperio comercial en un gigante de la energía con reservas estratégicas envidiables.

Lo que Carlos Slim Helú está construyendo en el subsuelo y que cambiará el tablero energético nacional

Lo que Carlos Slim Helú está construyendo en el subsuelo y que cambiará el tablero energético nacional

Mientras los usuarios en todo el país se mantienen alerta ante las nuevas disposiciones de supervisión y los operativos que realizará a domicilio la CFE para regularizar el consumo eléctrico, en las altas esferas del poder económico se gesta un movimiento mucho más profundo. El nombre de Carlos Slim Helú ha dejado de resonar únicamente en los tonos de llamada de Telcel para convertirse en el eco dominante de los yacimientos petroleros del país. Esta transición no es casualidad, sino una maniobra de precisión quirúrgica en un tablero donde la energía es la moneda de cambio definitiva.

El panorama energético mexicano atraviesa una transformación donde el control estatal se entrelaza con la pericia de la iniciativa privada más influyente. Para el ciudadano común, la preocupación radica en el medidor de su fachada y el control de la CFE; sin embargo, para el sector empresarial, la noticia es cómo el hombre más acaudalado del país ha logrado posicionarse como el socio estratégico indispensable de Petróleos Mexicanos. Esta metamorfosis del magnate, de las telecomunicaciones al "oro negro", redefine el concepto de soberanía energética en el siglo XXI.

La incursión en este sector no es un capricho reciente, sino un proyecto de largo aliento que suma ya doce años de maduración. Desde las primeras Rondas Petroleras, quedó claro que el interés por la extracción y exploración de hidrocarburos era una prioridad en la agenda de Grupo Carso. A través de una serie de movimientos financieros que mezclan la paciencia con la oportunidad, el control que hoy ejerce el empresario sobre los recursos del subsuelo es un factor que todo inversionista y consumidor debe seguir de cerca.

El ascenso imparable de Carlos Slim Helú en el sector hidrocarburos

La estrategia de Carlos Slim Helú ha sido distinta a la de otros competidores. En lugar de apostar todo a la operación directa desde el inicio, optó por un modelo de "pago por aprender". En sus inicios, tras las rondas del sexenio antepasado, solo obtuvo dos campos de gas en la cuenca de Burgos, Tamaulipas. Eran zonas de extracción compleja mediante fracking, una técnica cuestionada que, si bien no generó una producción masiva inmediata, le otorgó el boleto de entrada al hermético mundo de la operación petrolera, diferenciándose de un simple contratista.

campos de gas en la cuenca de Burgos, Tamaulipas

Aunque Pemex mantiene el 78% de las reservas nacionales como operador único, la tajada que corresponde a los privados tiene un dueño predominante. Al analizar las reservas 1P —aquellas con un 90% de probabilidad de éxito comercial—, México cuenta con unos 8,383 millones de barriles de petróleo crudo equivalente. En este escenario, el magnate ha logrado algo extraordinario:

  • Controla prácticamente el 5% del total de las reservas del país.

  • Representa 1 de cada 4 barriles en manos de empresas privadas o contratos mixtos.

  • Cuenta con participación en ocho campos de petróleo y gas, consolidándose como el privado con mayor presencia territorial.

A partir de 2023, la ofensiva se aceleró mediante la adquisición de empresas clave. Primero, se hizo con el 80% de Talos México, obteniendo control sobre el campo Zama, considerado la "joya de la corona". Posteriormente, adquirió PetroBal y la totalidad de Fieldwood Energy, lo que le permitió convertirse en el operador único de los campos Ichalkil y Pokoch.

campo Zama

Esta estructura se complementa con los "contratos mixtos" de la administración actual. Con acuerdos que superan los 1,991 millones de dólares para perforar en Ixachi —el campo de gas más grande de México— y la reciente adjudicación del campo Macavil en Tabasco, el imperio de Slim garantiza un flujo constante de capital mientras Pemex retiene la propiedad del 40%, una jugada maestra que minimiza riesgos y maximiza el aprendizaje operativo.

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