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18 de julio 2023 - 13:32

Agridulces: las opciones europeas para Uruguay

Uruguay participa con expectativas acotadas a la cumbre UE-CELAC, con un Mercosur que no se abre y con la UE ofreciendo más financiamiento, cuando el país precisa más mercados.

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De izquierda a derecha: Pedro Sánchez (presidente de España), Charles Michel (presidente del Consejo Europeo), Luis Lacalle Pou (presidente de Uruguay) y Ursula Von der Leyen (presidenta de la Comisión Europea).

AFP

Se desarrolla esta semana la Cumbre Unión Europea-CELAC, 8 años después de la anterior. La relación entre América Latina y Europa es dinámica, aunque no exenta de tensiones. Entre otros asuntos, parece claro que la UE ha renovado el interés en nuestra región a partir de la creciente influencia china: décadas atrás Europa era la clara dominadora en materia de comercio e inversiones en nuestra región, pero el gigante asiático ha desplegado creciente influencia. De tal manera que (según datos de 2022), China es el principal destino de las exportaciones de bienes de Uruguay (28% del total) y la UE viene segunda con 15%. En el plano de las inversiones China también tiene participación creciente, aunque en Uruguay el avance es acotado. Es mayor en Argentina, y particularmente en Brasil, así como en países del Pacífico (Perú, Chile).

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El creciente vínculo China-América Latina no se debe a meros despliegues geoestratégicos en el tablero mundial: se trata de economías muy complementarias. La enorme fuerza laboral china (cada vez más productiva) se complementa muy bien con la disponibilidad de minerales, alimentos y otras materias primas de América del Sur, de manera que el comercio surge naturalmente. Algunos países de la región han intentado resistir el avance de los productos industriales chinos, pero las compras desde nuestro continente son crecientes, en artículos de todo tipo; tanto como las exportaciones de minerales y alimentos a China desde América del Sur, que baten récords año a año. La tendencia se ha moderado en la medida que la economía china no ha salido del todo robusta luego de la crisis del coronavirus, pero su relevancia no tiene vuelta atrás.

¿Qué puede ofrecer Europa? En el caso de Uruguay, decíamos que es el segundo socio comercial y mayor aún es su relevancia en inversiones, siendo el principal origen de Inversión Extranjera Directa (IED). A la conocida inversión en la industria celulósica (por parte de la finlandesa UPM y la sueco-finlandesa Stora Enso), hay que sumar varias inversiones en energía renovable (parques eólicos) y en el área de servicios como telefonía y comunicaciones, banca, puertos, etc. A los chinos les ha costado más abrirse paso en inversiones porque prefieren concretar acuerdos gobierno-gobierno, mientras en Uruguay la mayoría de las oportunidades aparecen en mercados competitivos. Hay que recordar, además, que la fuerte posición de las empresas estatales uruguayas acota las oportunidades de inversión en ciertas áreas estratégicas.

Más allá de su relevancia en inversiones, la UE le ofrece hoy a Uruguay una mesa con platos agridulces. El acuerdo UE-Mercosur no avanza y, mientras, las ventas a Europa tiene limitaciones, al no tener Uruguay un acuerdo comercial como sí tienen otros países de la región (México, Perú, Chile). En los agronegocios, por ejemplo, el comercio de carne con la UE está cuotificado: a la conocida cuota Hilton de 6.300 toneladas que pagan un arancel bajo, hay que adicionar la cuota 481, sin arancel pero cuyo tamaño se va reduciendo año a año. Fuera de estas cuotas, la carne uruguaya tiene que pagar un arancel de más de 3000 dólares por tonelada, además de un 12%, lo que implica una limitación casi insuperable. En el caso del arroz, la UE compra grano uruguayo, pero semi-elaborado (cargo) cuando Uruguay puede proveer arroz pulido, pronto para consumir. Pero para éste, el arancel se multiplica. Y hay más ejemplos.

Países como Argentina o Brasil (socios de Uruguay en el Mercosur) pueden afrontar este tipo de medidas proteccionistas europeas con estrategias parecidas para priorizar sus propias industrias, además de tener un mucho mayor tamaño de mercado. Pero Uruguay no tiene esa escala y -mientras no se firme el acuerdo UE-Mercosur- nuestro país es un claro perdedor de la actual situación de estancamiento comercial por parte del bloque regional. Y parece difícil que en esta cumbre el mencionado acuerdo tenga algún tipo de avance, aunque la esperanza es lo último que se pierde.

En la agenda del presidente Luis Lacalle Pou, además de un encuentro con la presidente de la Comisión Europea, Úrsula Von der Leyen, se incluyó un encuentro con autoridades del Banco Europeo de Inversiones (BEI). Este banco (el mayor del mundo en inversiones y cooperación) es la herramienta de la UE para desarrollar su iniciativa “Global Gateway”, a través de la cual busca canalizar financiamiento y apoyo a otros países, incluyendo América Latina. Es una suerte de contrapropuesta a la propuesta china de la Franja y la Ruta. EEUU ha hecho lo propio con su APEP (sigla en inglés de la Alianza para la Prosperidad Económica).

Uruguay firmará un memorando de entendimiento con el BEI (aún no lo tiene) para poder acceder a esos nuevos programas. Bienvenida sea una opción más de financiamiento y apoyo, pero Uruguay ya es grado inversor y financiamiento no lo falta; lo que precisa son más mercados.

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