Durante años, las estaciones de servicio de los departamentos fronterizos convivieron con un problema estructural: sus potenciales clientes cruzaban la frontera a cargar combustible más barato en Argentina o Brasil, pero en 2025, esa dinámica empezó a revertirse producto de la devolución del Impuesto Específico Interno (Imesi).
El efecto Imesi revirtió la fuga de consumo en la frontera y las ventas de naftas saltaron un 18% en 2025
La devolución impositiva logró equiparar los precios con Argentina y Brasil, recuperando volumen de negocios en departamentos clave como Paysandú y Rivera.
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El crecimiento geográficamente acotado en el litoral confirma que el motor de la mejora fue la política de frontera y no un repunte generalizado de la venta de combustibles.
El Imesi es una medida que busca equiparar los precios del combustible uruguayo con los de los países vecinos y que, según los datos de la propia industria, está dando resultados concretos.
La Unión de Vendedores de Nafta del Uruguay (Unvenu) evaluó las ventas del sector durante 2025 y los datos son elocuentes. A nivel nacional, se vendieron 960,6 millones de litros de nafta, frente a los 926,3 millones litros de 2024, lo que representa un crecimiento del orden del 3,7% interanual. En gasoil, el avance también fue positivo: de 1.059 millones de litros a 1.082 millones en el mismo período.
Pero donde el impacto fue realmente significativo es en los departamentos de frontera. Paysandú y Rivera lideraron el crecimiento con subas de 18% y 18,1% respectivamente en la venta de naftas. Les siguieron Salto con un 16,4% y Artigas con un 15,8%. También registraron incrementos importantes Cerro Largo (12,7%), Rocha (10,2%) y Río Negro (10%).
Las cifras contrastan con el promedio nacional y confirman que el motor del crecimiento del sector en 2025 no fue un repunte generalizado del consumo, sino un fenómeno geográficamente acotado y directamente atribuible a la política de devolución del Imesi.
Qué es el efecto Imesi y por qué importa
El Imesi es el principal componente impositivo en la estructura de precios de los combustibles en Uruguay. Durante años, la diferencia de precios con Argentina y Brasil, en particular en períodos donde el tipo de cambio favorecía el cruce, generó un incentivo real para que consumidores fronterizos cargaran nafta o gasoil del otro lado. El fenómeno no era marginal: implicaba pérdida de ventas para las estaciones uruguayas, menor recaudación y un impacto negativo en la actividad económica local de departamentos que ya cargan con desventajas estructurales frente a Montevideo.
La devolución parcial del Imesi en zonas de frontera apuntó directamente a cerrar esa brecha. Al reducir el precio efectivo al consumidor en esas regiones, el incentivo a cruzar se debilitó y parte del consumo que se fugaba volvió al circuito formal uruguayo. Los datos de Unvenu confirman que la medida funcionó, al menos en términos de recuperación de volumen de ventas.
Para las estaciones de servicio del interior, el impacto fue tangible. Más movimiento, más facturación y, en algunos casos, la posibilidad de sostener operaciones que en años anteriores habían estado bajo presión.
La otra cara: Montevideo mira hacia los eléctricos
El panorama no es uniforme. Mientras el interior celebra el rebote, en la capital el sector empieza a sentir una presión de signo diferente. Algunas estaciones de Montevideo comenzaron a registrar una caída sostenida en sus ventas, y la gremial apunta a un factor que llegó para quedarse: el crecimiento acelerado del parque de vehículos eléctricos en Uruguay.
El país tiene una de las tasas de penetración de autos eléctricos más altas de América Latina, impulsada por incentivos fiscales, la relativa accesibilidad de los modelos disponibles y el bajo costo de la electricidad generada con fuentes renovables. Cada auto eléctrico que se suma al parque es un consumidor de nafta que desaparece del mercado para siempre.
Se configura así un escenario dual para el sector: recuperación en la periferia gracias a política fiscal activa, y erosión gradual en el centro metropolitano por cambio tecnológico. Dos fenómenos simultáneos que van en direcciones opuestas y que el sector deberá procesar en los próximos años.
La pregunta que queda abierta es si el efecto Imesi será suficiente para compensar, a mediano plazo, la caída estructural que viene de la mano de la electrificación del transporte.
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