9 de septiembre 2026 - 14:57

Bajo crecimiento, pérdida de competitividad y un cambio en el humor político, las señales de alarma para Uruguay

El Centro de Estudios para el Desarrollo y Equipos Consultores realizaron un análisis conjunto de la coyuntura política y económica del país.

Pérdida de competitividad, cambio en el humor político y bajo crecimiento, las alarmas de la economía uruguaya. 

Pérdida de competitividad, cambio en el humor político y bajo crecimiento, las alarmas de la economía uruguaya. 

El bajo crecimiento económico, la pérdida de competitividad y un cambio en el humor político de los uruguayos fueron los principales ejes del desayuno de análisis de coyuntura política y económica organizado este miércoles por el Centro de Estudios para el Desarrollo (CED), con exposiciones de su director ejecutivo, Agustín Iturralde, y del director de Equipos Consultores, Ignacio Zuasnabar.

La jornada dejó dos señales relevantes para la coyuntura nacional: por un lado, un fuerte recorte en las perspectivas de expansión de la economía uruguaya; por otro, modificaciones en el mapa ideológico de la sociedad, con un crecimiento de la identificación con la derecha que, según Zuasnabar, todavía debe ser confirmado por las próximas mediciones.

Uruguay crecerá apenas 0,9% y enfrenta un problema de inversión

Durante su exposición, Iturralde anunció una nueva reducción de la proyección de crecimiento de la economía uruguaya para este año, que el CED ubicó ahora en 0,9%. El economista sostuvo que Uruguay tendrá uno de los menores crecimientos proyectados de América Latina, únicamente por encima de Bolivia, y cuestionó la distancia entre las previsiones actuales y las incorporadas en el Presupuesto y en la Rendición de Cuentas.

Según planteó, las expectativas se fueron corrigiendo fuertemente a la baja: de estimaciones que inicialmente se ubicaban en torno al 2,5%, el escenario actual apunta a una expansión cercana a un punto porcentual.

Para Iturralde, el problema central vuelve a ser la baja inversión. Uruguay presenta niveles de inversión inferiores al 16% del PIB, una magnitud que consideró insuficiente para sostener un crecimiento capaz de mejorar de manera significativa el bienestar de la población. “La madre del borrego sigue siendo la inversión”, sostuvo el director ejecutivo del CED durante su presentación.

En ese sentido, comparó la situación uruguaya con procesos que se están desarrollando en otros países de la región, particularmente Chile, Paraguay y Costa Rica, donde observó políticas más agresivas destinadas a captar inversiones y elevar el crecimiento.

El caso de Paraguay, según explicó, resulta especialmente significativo por el flujo de inversiones uruguayas hacia ese país. A su juicio, que empresarios uruguayos encuentren oportunidades de inversión fuera del país constituye una señal sobre las dificultades que existen actualmente para invertir y producir en el territorio.

También mencionó a Costa Rica, que viene aplicando una política activa de captación de inversiones mediante zonas francas, y a Chile, donde destacó reformas vinculadas a la tributación, el gasto público y la reducción de trabas burocráticas.

Competitividad y salarios, en el centro del debate

Iturralde identificó la baja rentabilidad y la pérdida de competitividad como dos de los principales problemas que enfrenta actualmente la economía uruguaya. A su entender, el incremento de los salarios reales por encima de la productividad constituye uno de los factores que están dificultando la creación de empleo y elevando los costos de las empresas.

También advirtió sobre la evolución del mercado laboral y el crecimiento del cuentapropismo, fenómeno que vinculó con un mercado de trabajo que no se moderniza con suficiente rapidez. Si bien el cuentapropismo puede representar una alternativa frente a las dificultades para acceder a un empleo formal, el economista señaló que suele estar asociado a mayores niveles de informalidad, menor cantidad de horas trabajadas y menor nivel educativo, por lo que consideró necesario comprender mejor sus causas y consecuencias.

En paralelo, señaló que el gobierno enfrenta una tensión creciente entre su estrategia de postergar el ajuste fiscal hacia el final del período y un escenario de menor crecimiento económico. “Uruguay debe volver a priorizar el crecimiento”, fue una de las principales conclusiones de su exposición, junto con la necesidad de actuar sobre productividad, mercado laboral, energía y tributación.

Un escenario internacional moderadamente favorable

Pese al panorama interno, Iturralde sostuvo que el contexto internacional no es particularmente negativo para Uruguay. Destacó la recuperación de los precios de productos relevantes para la economía nacional, como la soja, el arroz y otros granos, mientras que la carne continúa presentando buenos valores.

Entre los elementos de riesgo mencionó el precio del petróleo y la incertidumbre geopolítica, aunque consideró que, en términos generales, el escenario internacional puede ser catalogado como moderado y con una perspectiva relativamente optimista para Uruguay.

También relativizó el impacto de Argentina sobre la economía uruguaya. Según explicó, el vecino país ya no presenta el mismo nivel de atractivo por diferencia de precios que tuvo durante 2022 y 2023, debido al proceso de ajuste estructural que atraviesa y a una recuperación que calificó como débil.

Cae el humor de los uruguayos

Desde la perspectiva política, Zuasnabar presentó datos de opinión pública que muestran un deterioro del humor de los uruguayos. El especialista señaló que existe una sociedad más negativa, incómoda e inquieta, con una peor evaluación tanto del gobierno como de la situación económica.

A este escenario interno se suman factores de carácter global, entre ellos el temor a nuevas guerras y la incertidumbre generada por la inteligencia artificial, que, según los estudios de Equipos Consultores, es percibida mayoritariamente como una amenaza.

En cuanto a la gestión del presidente Yamandú Orsi, Zuasnabar señaló que su aprobación se ubica en 28%, frente a un 51% de desaprobación. Si bien los números continúan siendo negativos, el analista destacó que entre junio y agosto se produjo una suerte de estabilización y un pequeño rebote en la evaluación del mandatario.

La particularidad es que esa mejora no proviene de los votantes frenteamplistas, sino principalmente de sectores opositores. Entre los votantes que respaldaron a Álvaro Delgado en la segunda vuelta electoral, se observó una pequeña recuperación de la aprobación y una reducción de la desaprobación. Por el contrario, entre los votantes propios de Orsi la evaluación permaneció prácticamente estable.

El problema de Orsi está en el centro del Frente Amplio

Uno de los datos destacados por Zuasnabar fue la diferencia existente dentro del propio electorado frenteamplista: la aprobación de Orsi es mayor entre quienes se identifican con la izquierda más definida que entre aquellos que se ubican en el centroizquierda.

Entre quienes se identifican como de izquierda más izquierda, la imagen personal del presidente alcanza el 80% de valoración positiva, mientras que el comportamiento de la aprobación como presidente presenta una dinámica diferente. Para Zuasnabar, esto muestra que el principal desafío del mandatario dentro de su propio electorado no se encuentra necesariamente en la izquierda más definida, sino en los sectores frenteamplistas que se ubican más hacia el centro.

En la oposición, en tanto, las mayores tasas de desaprobación se encuentran entre quienes se identifican con la derecha y la centroderecha.

La política pierde atractivo

El analista también alertó sobre un fenómeno que trasciende la evaluación puntual del gobierno: el creciente desinterés por la política. Según los datos presentados, en 2026 35% de los uruguayos afirma que la política no le interesa nada.

Para Zuasnabar, la confrontación política puede estar generando un efecto contraproducente: una parte de la ciudadanía comienza a percibir que la política no logra resolver sus problemas cotidianos.

En paralelo, señaló que el aprecio ciudadano por los principales liderazgos políticos viene disminuyendo. En ese escenario, únicamente el expresidente Luis Lacalle Pou mantiene un saldo positivo, mientras que Orsi ocupa el segundo lugar, aunque con una caída en su valoración.

La derecha gana terreno en la identificación ideológica

Uno de los datos de mayor impacto político presentados durante el encuentro fue la evolución de la identificación ideológica de los uruguayos. Zuasnabar advirtió que durante 2026 se observa un desplazamiento incipiente hacia la derecha, aunque remarcó que todavía es prematuro afirmar que se trata de una tendencia consolidada.

De acuerdo con la serie histórica de Equipos, Uruguay atravesó diferentes etapas. Entre 1989 y 1999 predominó una mayor identificación con la centroderecha y la derecha. A partir de la crisis de 2002 comenzó un período prolongado, que se extendió hasta 2018, en el que la izquierda superó a la derecha. Entre 2019 y 2024-2025 ambos espacios tendieron a equipararse.

Sin embargo, las mediciones de 2026 muestran un cambio: la identificación con la derecha supera en ocho puntos porcentuales a la identificación con la izquierda. Zuasnabar subrayó que se trata de una diferencia que no se había observado con esa magnitud desde fines de la década de 1990.

El especialista puso igualmente el dato entre paréntesis: todavía restan mediciones para cerrar el año y será necesario comprobar si la tendencia se mantiene. Si finalmente se confirma, el fenómeno colocaría a Uruguay dentro de una dinámica que también se observa en otras democracias occidentales, con un desplazamiento del electorado hacia posiciones más conservadoras o de derecha.

Dos señales para el gobierno

Las exposiciones de Iturralde y Zuasnabar dejaron así dos señales de atención para el gobierno de Orsi. En el frente económico, menor crecimiento, baja inversión, pérdida de competitividad y dificultades para generar empleo plantean interrogantes sobre la capacidad de Uruguay para sostener su actual modelo de desarrollo. En el frente político, el Ejecutivo enfrenta una aprobación baja, un creciente desinterés ciudadano por la política y un posible cambio en la estructura ideológica del electorado.

La combinación de ambos fenómenos puede convertirse en uno de los principales desafíos de la segunda mitad del período de gobierno: recuperar el crecimiento económico y mejorar el clima social y político antes de que las tendencias observadas en 2026 se consoliden.

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