La XXIV Cumbre Mundial de Comunicación Política convirtió a Montevideo en el principal punto de encuentro de consultores y analistas de toda la región, en medio de una agenda intensa, fragmentada en múltiples salas simultáneas y atravesada por un eje común: el impacto de la tecnología en la democracia y el ejercicio del poder.
El evento, realizado en la Intendencia de Montevideo, congregó a expertos de la comunicación política iberoamericana entre el martes y este jueves, con un volumen de eventos que dio cuenta de la ambición y diversidad geográfica que derivó en una pluralidad de enfoques, experiencias y marcos conceptuales.
Solo en los dos primeros días se desarrollaron decenas de paneles, talleres y presentaciones en paralelo, con expositores provenientes de países como Argentina, Uruguay, México, Brasil, Colombia, Ecuador, Perú, Paraguay, República Dominicana, Venezuela, España y Costa Rica.
El Comité Organizador Internacional de la Cumbre, encabezado por Daniel Ivoskus y Christian Mata, junto a OGreat Comunicación & Marketing, firma dirigida por Leandro Fagúndez y Cristian Calvo, responsable de la organización local, puso el foco en una agenda que combinó formación, intercambio profesional y debate político.
De la apertura institucional al impacto de la tecnología
La apertura institucional marcó el tono político del encuentro, con un panel conformado por la vicepresidenta de la República, Carolina Cosse, y el intendente de Montevideo, Mario Bergara, junto a autoridades legislativas, académicas y organizadores. Así, la Cumbre dejó en claro desde un inicio la vocación de no solo analizar campañas electorales, sino discutir el vínculo entre comunicación, representación y calidad democrática en un contexto de transformación acelerada.
Uno de los grandes bloques temáticos fue el de tecnología, inteligencia artificial y algoritmos, con varias ponencias que abordaron cómo el ecosistema digital está redefiniendo la política, pasando por el uso de big data para prever comportamientos electorales hasta el impacto de la IA en la construcción de agenda, la segmentación de votantes y la producción de contenido, con una pregunta que sobrevoló múltiples intervenciones: si la política sigue siendo una actividad humana o si está cada vez más mediada —y condicionada— por sistemas automatizados.
Debate público y estrategias de poder
Otro eje tuvo que ver con las redes sociales y la transformación del debate público, con la mira en el pasaje “del territorio al algoritmo”, la emergencia de democracias “dopamínicas” y el rol de plataformas que privilegian la velocidad y la emocionalidad por sobre la deliberación.
La preocupación por la calidad del debate democrático fue transversal, con múltiples exposiciones centradas en la polarización, la posverdad y la pérdida de intermediación institucional.
Ocupó también un lugar central el bloque vinculado a estrategia, campañas y construcción de poder. Desde casos prácticos hasta desarrollos metodológicos, los paneles abordaron cómo diseñar campañas efectivas en contextos de alta fragmentación, cómo construir marca política y cómo traducir datos en relatos que conecten con el electorado.
Así, no sorprendió que aparezcan conceptos como “conexión real en la era artificial”, “hackear electorados” o “mensajes para recordar”, todos atravesados por una misma preocupación: cómo captar atención en un entorno saturado.
Vocerías y liderazgos
En paralelo, surgió un eje más clásico pero resignificado: medios, vocería y relación con el periodismo, con exposiciones específicas sobre qué buscan los periodistas de los voceros, cómo preparar entrevistas en contextos adversos y cómo ordenar la palabra pública en escenarios de crisis.
Así, la comunicación dejó de pensarse como un complemento para pasar a ser entendida como parte constitutiva del ejercicio del poder.
Otro bloque relevante fue el de liderazgo, emociones y comportamiento electoral. Varias ponencias pusieron el foco en la dimensión emocional de la política contemporánea, desde la inteligencia emocional aplicada a campañas hasta el análisis de cómo votan las nuevas generaciones, con un concepto clave como que las decisiones políticas se explican más por percepciones que por datos duros fue un consenso transversal.
Democracia, anonimato digital y gestión de crisis
Uno de los momentos más convocantes de la Cumbre tuvo lugar en su segunda jornada, con el panel de los expresidentes uruguayos Luis Alberto Lacalle Herrera y Julio María Sanguinetti, quienes reflexionaron sobre el impacto de las redes sociales en la democracia, cuestionaron el anonimato digital y advirtieron sobre los riesgos de una política atravesada por la inmediatez y la falta de reflexión.
Finalmente, un eje que atravesó buena parte de la programación fue el de crisis, reputación y comunicación en contextos de incertidumbre, pasando de enfoques más teóricos a relatos en primera persona, abordando situaciones de “mínimo control y máximo riesgo”, con la mira puesta en la necesidad de contar con estrategia, vocería y capacidad de reacción en entornos cada vez más volátiles.
De este modo, la Cumbre refrendó en Montevideo su carácter de plataforma regional para pensar los desafíos de la comunicación en el siglo XXI, siendo más que un conjunto de temas diversos y dejando una conclusión más profunda: la política ya no se entiende sin comunicación, y la comunicación ya no se entiende sin tecnología.
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