6 de marzo 2026 - 12:27

Dólar al alza y riesgos inflacionarios, más efectos de la guerra en Medio Oriente para Uruguay

La prolongación del conflicto y su impacto en las monedas y los commodities a nivel global tiene su correlato en la economía y la política monetaria uruguayas.

La guerra en Medio Oriente genera suba del dólar y riesgos inflacionarios en la economía uruguaya.

La guerra en Medio Oriente genera suba del dólar y riesgos inflacionarios en la economía uruguaya.

Foto: Vecteezy

Uruguay tuvo una semana económica intensa: la inflación interanual tocó su menor registro en casi 70 años, el Banco Central del Uruguay (BCU) recortó las tasas hasta el 5,75% —el nivel más bajo desde 2021— y el dólar rozó los 40 pesos en medio de la creciente tensión en Oriente Medio, ¿qué se puede esperar respecto de estos tres elementos en el corto plazo?

Los mercados globales están convulsionados con la expansión y prolongación de la guerra en Oriente Medio, y el uruguayo no es excepción: la prueba más fehaciente de ello es la evolución del dólar en los últimos días que, en lo que va de la semana —y el mes— subió un 4,14%, es decir, 1,59 pesos en apenas cuatro jornadas cambiarias. De este modo, alcanzó el jueves su mayor valor desde el 15 de octubre pasado, casi cinco meses atrás. El interbancario, este viernes, ya superó los 40,30 pesos.

Este comportamiento no es casual: “El dólar se ha estado fortaleciendo a nivel global en la última semana debido, principalmente, a la guerra en el Golfo Pérsico, dada la incertidumbre que ésta genera, incluyendo su impacto en el mercado de petróleo al cerrarse el estrecho de Ormuz”, resumió el economista José Licandro, en diálogo con Ámbito.

Según el especialista, esto puede observarse en varios índices globales de monedas como el índice dólar (DXY), que lleva un 1,34% de apreciación; pero también a nivel regional, donde en países como Colombia y Chile la divisa estadounidense lleva una suba mayor incluso que la registrada en el mercado local.

En este diagnóstico coincidió la economista del Centro de Estudios para el Desarrollo (CED), Deborah Eilender, para quien, así como el 2025 “estuvo marcado por la debilidad del dólar”, el 2026 “está mostrando un cambio de tendencia”: “A nivel global estamos viendo un fortalecimiento del dólar desde fines de enero, pero especialmente marcado a partir del comienzo de la guerra con Irán”, señaló.

“No lo asocio demasiado a las decisiones de política monetaria o a medidas que haya tomado el Banco Central”, agregó, en referencia a los fuertes recortes en la Tasa de Política Monetaria (TPM) en las dos instancias del año —un acumulado de 175 puntos básicos en poco más de un mes—: “está más bien asociado a las tendencias globales”.

Riesgos inflacionarios y nuevos elementos para la política monetaria

A la suba global del dólar se le suma también el incremento exponencial de los precios del petróleo que, este viernes, acumulaban una suba semanal del 22% y alcanzaba su mayor valor desde 2024. Incluso, algunas proyecciones apuntan a la posibilidad de un barril que cotice a 150 dólares —actualmente está en torno a los 88 dólares—, en el caso de que la guerra en Oriente Medio se prolongue y el estrecho de Ormuz —por donde circula la quinta parte de la producción mundial de crudo— continúe cerrado.

Este escenario tendría, eventualmente, un efecto en Uruguay, más allá de los movimientos en el mercado cambiario: el aumento de la inflación.

“Si se consolida esta apreciación del dólar y se asocia con aumentos de commodities debido a la inestabilidad por la guerra, es probable que eso opere de manera opuesta a lo sucedido durante 2025 —con dólar y precios internacionales debilitándose—, haciendo que la débil inflación en pesos de los bienes transables se revierta, al menos en parte”, consideró Licandro al respecto.

El componente transable de la inflación, que depende de la evolución del tipo de cambio, es que la que tenido un descenso más abrupto en el marco de un Índice de Precios del Consumo (IPC) que se ubicó en febrero en 3,11% —el menor registro desde 1956 y casi en el piso del rango de tolerancia (3%-6%) y un dólar que, en enero, llegó a depreciarse casi un 4%.

“De continuar esta tendencia del dólar, podríamos ver un rebote en la inflación o en los precios de los bienes transables que tendría un efecto en la inflación general”, apuntó Eilender.

Para Licandro, “lo anterior ayuda a mitigar la preocupación del BCU en cuanto a que la inflación esté demasiado baja”; un fenómeno que fue calificado por las autoridades monetarias como un “sobrecumplimiento” de la meta del 4,5% —sobre la cual se establecieron las proyecciones de gastos e ingresos del Presupuesto quinquenal.

De todos modos, el margen inflacionario es amplio —más aun si se considera que el gobierno podría aplicar el tope del 7% en la variación de los combustibles en el ajuste bimestral que, igualmente, no se daría sino recién en mayo—; y el Banco Central tampoco tiene mucho más espacio para seguir reduciendo la TPM, “según las reglas de Taylor que el banco maneja”, indicó el economista.

“Salvo que la revisión anunciada para marzo de la Tasa Neutral de Interés (TNI) real se ajuste significativamente a la baja”, agregó, abriendo las puertas a otra posibilidad dentro de un escenario de política monetaria que enfrenta varios cambios abruptos.

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