El Banco Central del Uruguay (BCU) publicó un documento de política que diagnostica el estado actual de la dolarización en el país y ordena, en cuatro pilares, la estrategia que el organismo viene desplegando desde 2025 para ampliar el uso del peso en el sistema financiero.
El Banco Central del Uruguay sube el costo de operar en dólares y fuerza a los bancos a advertir por posibles pérdidas a los ahorristas
La autoridad monetaria desplegó un plan en cuatro pilares que encarece la intermediación en divisas y busca canalizar los depósitos hacia el crédito en pesos.
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Dolarización bancaria: el 68% de los depósitos en Uruguay están en moneda extranjera
El Banco Central del Uruguay encareció el costo implícito de intermediar en dólares a 0,42% y dispuso la entrega obligatoria de un aviso de riesgo cambiario desde este mes.
El informe sostiene que los riesgos de estabilidad financiera asociados a la dolarización están "sustancialmente mitigados", pero que el fenómeno pasó a ser, cada vez más, una traba para el desarrollo financiero y el crecimiento del país.
El documento repasa dos décadas de avances desde la crisis de 2002. La transformación más marcada se dio en la deuda pública: la participación de la moneda nacional pasó de menos de 10% a comienzos de los 2000 a superar actualmente 60%. En el crédito bancario, más de la mitad de las colocaciones son hoy en pesos, frente a cerca de 80% en dólares que había dos décadas atrás. El Índice de Riesgo de Tipo de Cambio para la banca privada, que mide la exposición del sistema al riesgo cambiario crediticio, bajó de 52% en 2001-2003 a 26% en 2025.
El sistema bancario también acumula colchones de capital y liquidez muy por encima de los mínimos regulatorios: el capital se ubica en torno al doble del requerido, y un ejercicio de estrés de la Superintendencia de Servicios Financieros (SSF) mostró que, aun ante una pérdida hipotética de 20% de la cartera en moneda extranjera al sector no transable, todos los bancos quedarían por encima del mínimo regulatorio.
Lo que no mejoró: los depósitos
La dolarización de los depósitos del sector privado no financiero bajó de cerca de 90% a comienzos de los 2000 a 72% en julio de este año, con episodios de estancamiento y reversión en el medio. En la comparación internacional, Uruguay ocupa el puesto 9 entre 108 países por pasivos en moneda extranjera sobre el total de pasivos bancarios (69%), muy por encima del promedio global de 29% y de la mediana de 25% entre economías emergentes comparables.
El BCU también cuantificó el costo de esa preferencia por el dólar: entre 1972 y 2026, quienes ahorraron en depósitos en dólares a la vista, la opción preferida por los uruguayos, perdieron en promedio cerca de 6% anual de poder adquisitivo local, con una volatilidad del poder de compra de 9,8% frente a apenas 1,5% de los depósitos en pesos. La probabilidad de perder poder adquisitivo ahorrando en dólares supera 60% en todos los horizontes de inversión analizados, y llega a 93% en plazos de 12 años.
Por qué esto frena el crédito
El documento identifica en la dolarización uno de los factores centrales detrás de un problema estructural: el crédito al sector privado uruguayo equivale a apenas 31% del PIB, el puesto 97 entre 140 países, muy por debajo del promedio de 53%. La brecha, según el BCU, no responde a falta de ahorro sino a cómo se intermedia: en pesos, 94% de los depósitos se canaliza hacia crédito, mientras que en dólares esa proporción cae a 37%, porque los bancos, para no generar descalces a sus deudores, terminan colocando buena parte de esos fondos en activos externos líquidos de baja rentabilidad.
Esa limitación, señala el informe, empuja a las empresas uruguayas hacia estrategias defensivas, menor apalancamiento, exceso de liquidez e inventarios, facturación en dólares en el mercado interno, que generan costos e ineficiencias y terminan afectando el crecimiento de largo plazo.
La estrategia: cuatro pilares
El primer pilar recalibra los encajes bancarios: desde marzo y hasta setiembre de este año, el Central redujo las exigencias de encaje y subió la remuneración de los fondos inmovilizados en pesos, mientras que en moneda extranjera mantuvo las alícuotas pero bajó su remuneración, de la tasa de fondos federales de EE.UU. menos 0,50 puntos a menos 1,50 puntos. Con esos cambios, el costo implícito de intermediar en dólares en Uruguay pasó de 0,14%, el más bajo entre los países comparados, a 0,42%, una posición intermedia entre Chile (0,33%) y Perú (0,46%).
A eso se suma un tratamiento tributario diferencial, los intereses de depósitos a menos de un año en pesos tributan 5,5% frente a 12% en dólares, y mayores requerimientos de capital para el crédito en moneda extranjera al sector no transable.
El segundo pilar apunta a desarrollar mercados e instrumentos en pesos: nuevos derivados cambiarios, opciones de cobertura para empresas y la habilitación, desde este año, de fondos de inversión en pesos (money market) distribuibles a través de billeteras electrónicas, con rescate en hasta 48 horas.
El tercer pilar, que entró en vigencia el 1° de octubre, es la medida más directa sobre el ahorrista particular: una notificación obligatoria sobre el riesgo de tipo de cambio que los bancos deben entregar a quienes abren, o ya tienen, depósitos en moneda extranjera. La advertencia debe presentarse en un documento aparte, de forma destacada, y explicita que el valor del depósito en pesos puede variar por el tipo de cambio aunque el monto en dólares no cambie.
El BCU complementó la medida con un simulador que permite comparar, con datos históricos, cómo evolucionó el poder de compra del ahorro en distintas monedas. El cuarto pilar, finalmente, es de coordinación: mesas de trabajo entre el BCU, el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) y los actores del sistema financiero para destrabar restricciones regulatorias y operativas al desarrollo de productos en pesos.
Un proceso que, según la experiencia internacional, toma más de una década
El propio documento advierte que no hay atajos: experiencias comparables de desdolarización en países como Perú, Bolivia, Paraguay, Lituania y Armenia tomaron entre 9 y 16 años, con ritmos de entre 1 y 4 puntos porcentuales de reducción por año.
El BCU descarta explícitamente medidas coercitivas o conversiones forzosas, y remarca que la estrategia preserva "la libertad de los agentes para elegir la moneda en la que ahorran, se financian o realizan sus transacciones".

