El Fondo Monetario Internacional (FMI) entregó al Banco Central del Uruguay (BCU) un conjunto de recomendaciones para mejorar la arquitectura operativa de su política monetaria, a partir de una asistencia técnica solicitada por el propio organismo emisor.
El FMI elogió la baja de la inflación, pero advirtió que la dolarización de los depósitos le quita fuerza al peso uruguayo
El organismo internacional le recomendó al BCU cambiar el manejo diario del dinero que circula entre los bancos y simplificar los títulos de deuda en moneda nacional.
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Aunque la inflación de abril se ubicó en un bajísimo 3,16%, el FMI remarcó que el BCU tiene menos margen de maniobra que otros bancos centrales del mundo porque la mayoría de los depósitos e inversiones locales se siguen haciendo en moneda extranjera.
El reporte, difundido este miércoles 20, concluye que el marco basado en tasas de interés aplicado por Uruguay "es creíble y eficaz para garantizar la transmisión de la política monetaria", aunque señala que su implementación enfrenta las restricciones propias de un sistema financiero "poco profundo y altamente dolarizado".
La recomendación central del organismo multilateral es la incorporación de una operación semanal de asignación total a siete días, a tasa fija en la Tasa de Política Monetaria (TPM), como herramienta principal de gestión de liquidez. Según el FMI, este mecanismo permitiría atender las fluctuaciones de corto plazo en las condiciones de liquidez agregada y facilitaría el anclaje de la tasa de interés interbancaria a la TPM con menos operaciones y en forma más predecible, una mejora de eficiencia operativa relevante para los participantes del mercado financiero local.
El contexto no es menor, el BCU mantiene actualmente la TPM en 5,75%, con el objetivo de conducir la inflación hacia la meta de 4,5% anual, en un contexto de elevada incertidumbre global. La inflación de abril se ubicó en 3,16%, por debajo de la meta, mientras que la inflación subyacente se aceleró hasta 3,5%, lo que pone en evidencia la importancia de contar con herramientas operativas más precisas para anclar expectativas.
Recalibrar los márgenes y ordenar las Letras
El reporte también propone recalibrar las facilidades permanentes del BCU, los instrumentos de absorción e inyección de liquidez de ventanilla, para ofrecer un corredor más estrecho alrededor de la TPM, reduciendo así la volatilidad de las tasas de corto plazo.
En materia de Letras de Regulación Monetaria (LRM), el FMI recomienda concentrar la emisión en tres vencimientos estandarizados, tres, seis y doce meses, en lugar del abanico de plazos actualmente vigente. El objetivo es mejorar tanto la transmisión de la política monetaria como la formación de precios en el tramo corto de la curva de rendimientos en pesos, un segmento que históricamente ha mostrado escasa liquidez secundaria en el mercado uruguayo.
El organismo reconoce que el cambio no será inmediato, durante la fase de transición, se espera que el BCU continúe recurriendo a operaciones de ajuste fino con tasas cercanas a la TPM hasta que el nuevo marco operativo logre anclar completamente las tasas de corto plazo. Asimismo, los técnicos del FMI propusieron mejoras adicionales en los mecanismos permanentes y en los requisitos de encaje bancario para fortalecer la gestión de la liquidez.
Un marco sólido con margen de mejora
En términos estratégicos, el reporte del FMI respalda la dirección tomada por el BCU en los últimos años. La política monetaria uruguaya vivió sobre finales de 2025 y principios de 2026 una situación inédita, en la que no existía dilema entre inflación y actividad económica, lo que facilitó la transición desde un enfoque basado en agregados monetarios hacia un régimen de tasas de interés. Precisamente, el organismo multilateral concluye que "el fortalecimiento de la estructura institucional del marco operativo del BCU contribuiría a consolidar" ese cambio de régimen, dándole mayor robustez técnica a un proceso que ya lleva varios años en marcha.
Para el mercado financiero, las recomendaciones del FMI apuntan en una dirección clara, es decir, una mayor previsibilidad operativa, curva de rendimientos en pesos más legible y un corredor de tasas más acotado. Tres condiciones que, de implementarse, reducirían los costos de intermediación y mejorarían las condiciones de financiamiento en moneda nacional.

