30 de marzo 2026 - 13:24

El déficit de cuenta corriente cae por mayor ajuste privado y anticipa un cambio de ciclo

El Banco Central del Uruguay difundió los datos de la balanza de pagos de 2025, mientras ña sequía y la guerra en Medio Oriente asoman como factores de riesgo.

El déficit de cuenta corriente se redujo en 2025, según datos del Banco Central del Uruguay.

El déficit de cuenta corriente se redujo en 2025, según datos del Banco Central del Uruguay.

El déficit de cuenta corriente cerró 2025 en 0,44% del PIB (unos 374 millones de dólares) y se redujo con respecto al año anterior, impulsado por un mayor ahorro del sector privado, según surge del último informe de la balanza de pagos del Banco Central del Uruguay (BCU).

Sin embargo, analistas advierten que la mejora podría ser transitoria y anticipan un posible cambio de tendencia para 2026. Entre los factores de riesgo aparecen una eventual caída en las exportaciones por los efectos de la sequía y el impacto de la guerra en Medio Oriente, en un contexto alcista para los precios del petróleo.

El informe del BCU, basado en estimaciones preliminares, reportó una disminución del déficit de cuenta corriente de 32 puntos básicos con respecto a 2024, debido a un mayor ahorro del sector privado, que pasó de 3,01% a 3,52% del PIB. A la vez, el desahorro del sector público permaneció relativamente estable, desde un déficit de 3,77% a uno de 3,96%.

Al excluir las operaciones realizadas por las empresas de compraventa, el déficit alcanzó los 517 millones de dólares, lo que implica una reducción interanual de 650 millones. La mejora obedeció a un mayor superávit en bienes y servicios y una reducción del déficit en el ingreso primario, compensado parcialmente por un menor superávit de ingreso secundario. En tanto, las empresas de compraventa registraron un superávit de cuenta corriente de 143 millones de dólares, aunque con una baja interanual de 401 millones.

Exportaciones y turismo

En cuanto a la balanza comercial, las exportaciones de mercancías generales verificaron un crecimiento del 3,4% respecto a 2024, con el impulso de la carne, la soja y los lácteos, con China y Brasil como destinos más relevantes. En tanto, las importaciones se incrementaron un 4,2%, con mayores adquisiciones de vehículos, prendas de vestir y productos farmacéuticos, así como una menor compra externa de petróleo por la reactivación de la refinería de Ancap.

A su vez, el saldo comercial de servicios fue ampliamente superavitario, alcanzando los 1.429 millones de dólares, es decir 513 millones más que en 2024. Las colocaciones de servicios subieron un 3,5% y alcanzaron los 7.386 millones de dólares, con fuerte impulso de los viajes (2.479 millones). De hecho, el turismo receptivo creció un 11,6%, mientras cayeron un 4,3% las importaciones del sector por una merma del 14% en el turismo emisivo, destacándose una menor cantidad de cruces hacia Argentina, luego de un año en el que se achicó la diferencia cambiaria.

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¿Puede haber este año un cambio de tendencia?

El economista y secretario ejecutivo del Consejo Fiscal Asesor (CFA) del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), Ignacio Umpiérrez, recogió el dato y destacó que no se advirtieron grandes desequilibrios cambiarios, aunque apuntó sobre “un ajuste adicional del sector privado en sus niveles de inversión (mayor ahorro) y mayor déficit del sector público vs. 2024”.

En paralelo, analizó que los flujos de inversión extranjera directa (IED) neta “volvieron a terreno positivo en 2025”, estimándolos en 0,5% del PIB contra el 3,1% negativo del año pasado. “Hubo fuerte moderación en la salida de capitales por deuda intraempresa, en un contexto donde tanto los aportes de capital como la reinversión de utilidades mostraron menor dinamismo”, observó.

Con todo esto, y ante un entorno local marcado por la sequía y un escenario global convulsionado por la guerra en Medio Oriente, anticipó que “en 2026 la cuenta corriente se volvería algo más negativa por el deterioro de los términos de intercambio y la caída del volumen exportado”, en alusión a una menor producción y a la suba del petróleo.

Si bien sostuvo que “parte del impacto se compensaría con menor demanda interna y menores importaciones”, consideró que los datos de la balanza de pagos “sugieren la consolidación de una nueva fase cíclica iniciada en 2024, que se profundizaría este año, caracterizada por menor inversión privada, menor IED ‘genuina’, mayor déficit público y menor crecimiento”. Así, el frente externo podría volver a enviar señales de deterioro tras la mejora de 2025.

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