16 de abril 2026 - 21:13

El Estado paga u$s 18 millones y recupera la Estación Central tras 25 años de juicios

El gobierno desactivó demandas que superaban los 1.000 millones de dólares y recuperó el control de cuatro hectáreas clave.

Estación Central Artigas
Foto: Gentileza de Presidencia

La Estación Central General Artigas, el emblemático edificio ferroviario de La Aguada que no ve llegar un tren desde febrero de 2003, volverá a ser plenamente del Estado por un costo de alrededor de 18 millones de dólares.

La ministra de Transporte y Obras Públicas (MTOP), Lucía Etcheverry, confirmó en rueda de prensa que el monto del acuerdo ronda esa cifra, aunque aclaró que el proceso todavía no está formalmente cerrado. "Estamos recibiendo la homologación de este acuerdo por parte del Poder Judicial. A partir de ahí un equipo que va a estar integrado con participación del Presidente de la República, Secretaría de Presidencia, el Ministerio de Transporte, verá cuáles son los mejores caminos que permitan soñar" dijo la jerarca.

Un acuerdo que liquida miles de millones en demandas

La cifra de 18 millones de dólares puede parecer abultada, pero es marginal frente a lo que estaba en juego. El entendimiento con Glenby SA, la empresa del empresario Fernando Barboni que tenía la concesión del predio desde 1998, cierra de un golpe cuatro litigios cruzados que involucraban al Banco Hipotecario del Uruguay (BHU), el Banco de Seguros del Estado, la Agencia Nacional de Vivienda, el MTOP, varias intendencias y la Dirección General Impositiva (DGI).

"Ese es el monto por el cual se cierra una demanda de miles de millones de dólares, entre cuatro juicios cruzados entre varios organismos", explicó Etcheverry y subrayó que el impacto neto para el erario es mucho menor: "De este monto buena parte vuelve al propio Estado justamente para saldar esas deudas".

Un jerarca involucrado en el acuerdo estimó que al empresario le quedarán libres aproximadamente 1,5 millones de dólares, con los que deberá pagar los honorarios de sus representantes legales. El contraste con las pretensiones originales de Glenby es elocuente: en 2013, el empresario, Fernando Barboni, demandó al Estado reclamando una compensación de 1.080 millones de dólares por lucro cesante, argumentando pérdidas derivadas de las demoras en la entrega del predio. Sin embargo, la reclamación fue desestimada en todas las instancias judiciales hacia 2015.

Etcheverry no duda acerca de la conveniencia del convenio, al que define como histórico: "Las deudas y las reclamaciones cruzadas eran millonarias, el acuerdo pone fin a 25 años de juicios", afirmó la ministra.

El origen del enredo: el Plan Fénix y una concesión que nunca funcionó

La historia de este predio es un capítulo incómodo de la política de las últimas décadas. El BHU entró en escena en 1998, cuando compró la estación y los predios para desarrollar el tristemente célebre Plan Fénix, proyecto inmobiliario destinado a revitalizar el borde costero de La Aguada.

El plan, anunciado como un gran logro por el expresidente de la República, Julio María Sanguinetti, durante su segundo mandato, contemplaba un centro cultural y comercial, torres de apartamentos y hasta un hotel de lujo. Nunca se concretó.

En 1998 el BHU compró la Estación Central y los otros padrones donde funcionó la playa de maniobras por 8 millones de dólares. En 2001 le vendió los dos padrones y le dio la concesión por 30 años del edificio a Glenby SA para ejecutar su plan de inversiones. Glenby se había conformado especialmente para la ocasión y fue la única interesada con un préstamo público adquirió parte de los terrenos, recibió la concesión del edificio histórico, y en lugar de construir, se convirtió en litigante del Estado. El último tren salido desde la estación data de 2003.

Desde entonces, todos los gobiernos de todos los colores políticos anunciaron intenciones de revitalizar el espacio. Ninguno lo logró, en parte porque la trama judicial lo impedía. El anterior gobierno había afinado con Glenby SA un principio de acuerdo para laudar el juicio, pero con el empresario Barboni ya entrado en años, hubo un quiebre una vez que su familia comenzó a tener mayor incidencia en el juicio en procura de acelerar su final. El expediente estuvo a punto de votarse a fines de 2024 pero las autoridades del BHU decidieron postergarlo ante el inminente cambio de gobierno. Fue la actual administración del Frente Amplio (FA), con el directorio del BHU presidido por Gabriel Frugoni, quien finalmente cerró el trato en mejores condiciones.

Qué viene ahora

Con el acuerdo firmado, el paso siguiente es la homologación por parte del Tribunal de lo Contencioso Administrativo (TCA). La ministra estimó que ese proceso no demoraría más de un mes, tras lo cual el Ejecutivo dará a conocer las etapas siguientes para la puesta en valor y el destino de la estación y los terrenos adyacentes.

Lo que recupera el Estado no es solo el edificio histórico inaugurado en 1897. La reestatización alcanza también a otros cuatro padrones ubicados en la angostura delimitada en parte por la calle Paraguay y la rambla Sud América, otrora ocupados por las playas de maniobras y cargas, depósitos, talleres y oficinas de AFE. En total, cerca de cuatro hectáreas en una zona céntrica de Montevideo con alto potencial urbano y actualmente degradada.

"Recuperamos un edificio que es emblemático para la ciudad, para la gente, para poder soñar construir ahí, son realmente un montón de oportunidades en una zona que lo necesita", dijo Etcheverry. La ministra afirmó que la recuperación abre la posibilidad de transformar una zona deprimida con alto potencial urbano y lanzó una invitación a "soñar la ciudad y el país" pensando usos que integren patrimonio, movilidad y desarrollo local.

Los planes concretos, sin embargo, todavía están por definirse. El equipo que liderará ese proceso tendrá participación directa de la Presidencia de la República, confirmó la jerarca. La pregunta que sobrevuela, y que el anuncio recargó en la conversación pública, es la de siempre: si algún día volverán los trenes a la estación. Por ahora, el gobierno se limita a prometer que se puede empezar a soñarlo.

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