El Índice Líder de Ceres (ILC) bajó un 0,1% en el mes de junio, y quebró una racha de cinco aumentos consecutivos, lo que pone en duda el signo de la actividad económica en Uruguay para el segundo semestre del 2023.
El Índice Líder de Ceres bajó y rompió la tendencia alcista del 2023
Tras cinco aumentos consecutivos, el primer semestre cerró con una caída del 0,1% en junio y enciende las alarmas sobre la actividad económica.
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El Índice Líder de Ceres cayó por primera vez en el año y preocupa la actividad económica en Uruguay.
La primera mitad del año venía con señales positivas para la economía uruguaya a partir del comportamiento del ILC, a diferencia de lo que había ocurrido en el segundo semestre del 2022. Sin embargo, con el cambio de tendencia de junio, y si bien todavía es pronto para adelantar el comportamiento de la actividad en los próximos meses —tal y como señala el instituto— se instalan las preocupaciones de que este año termine de forma similar al anterior.
Para calcular su Índice Líder, el Centro de Estudios de la Realidad Económica y Social (Ceres) utiliza un conjunto de variables que contemplan el panorama interno y el contexto internacional, las cuales tienden a cambiar de dirección antes de que lo haga el Producto Bruto Interno (PBI).
En tanto, el Índice de Difusión (ID) de junio —que considera la proporción de variables con tasas positivas— fue de 30%, una reducción considerable respecto del mes anterior (60%).
Desde Ceres destacaron que, con la caída, la actividad económica no logró consolidar un crecimiento firme, a pesar del aumento registrado por “una buena temporada turística y un mayor consumo interno”. “Los efectos negativos de la sequía histórica que golpeó al sector agropecuario recaerán en buena parte en el trimestre abril-junio, y el dato negativo de junio del ILC pone en duda el signo de la economía en el trimestre”, señalaron desde el organismo, resaltando también el hecho de que las proyecciones para 2023 se ajustan a la baja desde hace meses.
Asimismo, la diferencia cambiaria con Argentina fue señalada, nuevamente, como uno de los problemas: “Más allá de la sequía y los problemas de competitividad que perjudican las exportaciones, el diferencial cambiario con Argentina afecta el consumo nacional y el comercio y empleo en departamentos fronterizos”. A esto se suma también el impacto de la finalización de UPM 2, el menor dinamismo en el empleo en el Ferrocarril Central y la parada técnica de la refinería de Ancap, que representan presiones bajistas para la actividad.
La economía enfrenta las consecuencias de la sequía
En su reporte de marzo, el Índice Líder de Ceres ya advertía que los efectos de la peor sequía del siglo se sentirían en la segunda mitad del año.
En la actualización de junio, donde se empiezan a registran efectivamente esos efectos en el ILC, el centro estimó que “los ingresos por exportaciones de soja sean menos del 20% del récord de la zafra pasada”, mientras que el área de los cultivos de invierno se reducirá significativamente, sobre todo respecto de la colza.
Mientras tanto, la faena de bovinos disminuyó en junio nuevamente, y la cadena cárnica presenta un bajo dinamismo. También la producción industrial se contrajo —en abril, respecto del mes anterior— y cayó el consumo de energía eléctrica en mayo, tanto en el sector residencial como en el industrial. También bajaron las ventas de gasoil y nafta en mayo, en comparación con abril.
En este escenario, el gobierno ajustó las proyecciones de crecimiento para este año de un 2% a un 1,3% del PBI; y elevó el déficit fiscal estimado del 2,7% a un 3,2%.
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