El Presupuesto presentado por el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) para 2025-2029 opera con supuestos que, de acuerdo al Observatorio de la Coyuntura Económica de la Universidad Católica del Uruguay (UCU), resultan optimistas y con riesgos de cumplimiento.
El documento del observatorio analiza los principales parámetros macroeconómicos oficiales y subraya que el plan contempla una expansión del producto de 12,8% en el quinquenio (equivalente a una tasa anual cercana a 2,4%), una inflación estabilizada en torno al 4,5% anual y un tipo de cambio real que no variaría durante el periodo.
El Monitor de la UCU señala que las metas de crecimiento del MEF implican una desagregación de la masa salarial: la proyección oficial reparte ese aumento del PIB en +5,6% de ocupados y +6,8% en salario real medio en el quinquenio, esto equivale a tasas anuales aproximadas de 1,1% y 1,3%, respectivamente, lo que incorpora presiones salariales contenidas dentro del supuesto de crecimiento.
En materia fiscal, el presupuesto proyecta que el resultado global del sector público consolidado mejorará en 0,5 puntos del PIB por año desde 2026 para cerrar el quinquenio en -3,0% del PIB. No obstante, el cuadro anual contiene un dato relevante: el déficit empeora inicialmente hasta -4,5% del PIB en 2026 (desde -4,2% en 2025) antes de comenzar la senda de mejora (-3,9% en 2027; -3,4% en 2028; -3,0% en 2029). Esa dinámica implica un bache transitorio que el gobierno espera compensar con aumentos de ingresos por cambios tributarios y eficiencia recaudatoria.
La UCU recuerda un patrón que debería provocar cautela: en presupuestos anteriores las suposiciones de crecimiento se mostraron demasiado optimistas, por ejemplo, en 2015 se planificó un crecimiento quinquenal del 14,6% y la economía finalmente creció 5,0%; en 2020 se esperaba 11,7% y se alcanzó 6,4%, por lo que existe riesgo de sobrestimación si las condiciones internacionales o domésticas no colaboran.
Lo que no se dijo sobre el tipo de cambio
Un punto que la UCU pone en relieve y que no ha sido enfatizado en coberturas previas es la hipótesis cambiaria. El MEF trabaja con la premisa de que no habrá cambios en el tipo de cambio real, pese a que dicho tipo de cambio se encuentra "notoriamente bajo" en términos históricos frente a Brasil y por debajo de pares regionales. Esa elección de no prever una corrección del tipo de cambio real implica que el ajuste de competitividad debería darse por otras vías (productividad, reducción de costos internos o tarifas), lo que aumenta la vulnerabilidad del sector exportador si la convergencia de precios relativos ocurre por la vía de una apreciación real efectivamente no esperada en las proyecciones.
Si el crecimiento anual queda por debajo del 2,4% previsto, la mejora fiscal esperada podría no materializarse y el déficit podría quedar por encima de las metas proyectadas.
Por otro lado, la hipótesis de inflación en torno al 4,5% y la intención implícita del BCU de reducir la meta en algún momento añaden un coste fiscal potencial que el Monitor advierte debería ser considerado por el Comité de Coordinación Macroeconómica.
La ausencia de ajuste del tipo de cambio real en las proyecciones aumenta la exposición del sector transable ante choques externos o movimientos cambiarios inesperados. El presupuesto oficial plantea una senda fiscal con mejora gradual, pero parte de supuestos que la UCU califica de optimistas y con una hipótesis cambiaria que descarta ajustes del tipo de cambio real justo cuando ese índice está en niveles históricamente bajos frente a la región. El crecimiento ambicioso, déficit que empeora antes de mejorar y un tipo de cambio real inmóvil es la advertencia central del Monitor y debe ser leída como una señal de riesgo para la ejecución presupuestal.
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