La inflación continuó su descenso en abril, con una tasa interanual que bajó al 3,7%. Es un nuevo mínimo desde el año 2005. En aquel año, en un mes puntual (agosto) la tasa anual había descendido a 3,4%, luego del pico de inflación previo, causado por la devaluación de 2002.
Inflación de alimentos: luces y sombras
El componente alimentos del IPC moderó las subas. ¿Qué productos bajaron?. Lo que puede suceder en los próximos meses.
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¿Cuál fue el impacto de la política monetaria en la baja de la inflación?
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La inflación en abril tuvo su cuarta baja consecutiva y se ubicó en 3,68% interanual
Los cítricos y las verduras de hoja son lo que estabilizarán sus precios con mayor rapidez.
El escenario actual tiene diferencias: ya es el undécimo mes consecutivo en el que la inflación está dentro del rango meta del Banco Central (BCU), que va del 3 al 6%. Y todo indica que se cumplirá un año de inflación dentro del rango meta, algo que no tiene antecedentes y refleja el compromiso del Banco Central de mantener la inflación allí. “Buscamos que la inflación no sea un dato aleatorio, sino que los agentes se convenzan de que no será más una variable de ajuste”, comentaba un técnico del BCU en una reunión reciente con periodistas.
Uno de los datos que llamó la atención en el reporte del IPC de abril es que el componente alimentos subió solo 1,5%; dado su ponderación cercana al 25%, fue un factor clave para hacer bajar el índice general. Sin embargo, parece claro que la percepción de la población no es de que los alimentos estén más económicos. ¿Qué sucedió entonces?
Hay que recordar que la inflación es una tasa, es decir, mide la variación entre dos puntos de observación de precios. Pero menor inflación no quiere decir menores precios. De hecho, muchos alimentos subieron en abril. Pero la respuesta pasa por observar qué pasaba un año atrás. En abril de 2023 muchos alimentos venían con subas ostensibles, de manera que pusieron la base de comparación muy arriba. En aquel momento hubo un “pico” en el precio de los alimentos (gráfica). En los últimos meses, algunos productos moderaron sus precios y de ahí el bajo índice de aumento interanual.
Seguramente la baja más importante y de mayor ponderación se dio en la carne vacuna, con un descenso promedio en torno a 5%, con algunos cortes como el asado que bajaron 12% en el año, según el reporte del INE. También bajó de manera significativa el precio de los aceites (-18%) el del girasol. Entre las frutas, hubo una caída importante en citrus (-9% interanual). También bajaron algunas hortalizas, pero la situación actual, con lluvias continuas, seguramente complique otra vez la producción y genere otro empuje en los precios. Las inundaciones en Brasil también pueden tener efecto alcista en los precios, pues desde allí suele venir producción importada. Estos vaivenes en los precios de alimentos son especialmente sensibles para la población de menores ingresos.
Dicho esto, cabe mencionar que el índice de inflación (en nuestro país el IPC, pero el comentario es para cualquier ejemplo) es simplemente una aproximación, una medición de un fenómeno más profundo. Si un alimento baja de manera importante y otro sube en igual proporción, y ambos ponderan igual en el índice, el efecto se neutraliza; pero seguramente el consumidor va a consumir más el primero. La inflación “real” será menor a la del índice. Estas cuestiones funcionan corrientemente en mercados de productos y servicios con alta variedad y capacidad de sustitución (alimentos, vestimenta, restaurantes y hoteles, etc.). En servicios oligopólicos o monopólicos, el efecto es mucho menor (las vías de “escape” del consumidor son menores) y por eso es tan importante monitorear estos últimos casos, buscando abrir más esos mercados, si es posible.
Todo esto está estudiado en el ámbito académico-económico y hay que tenerlo en cuenta. La inflación, en el fondo, es un fenómeno macroeconómico, monetario en esencia; a su vez -al menos a corto y mediano plazo- refleja muchas veces la puja de intereses y posiciones que se trasladan a precios, donde los que cuentan con cierto grado de posición dominante, pueden lograr ventajas. Y esto cabe no solamente para los agentes que nominan precios en última instancia (comercio minorista) sino también para el ámbito del transporte, las tarifas, sindicatos y salarios, etc. La inflación minorista medida a través del IPC es el indicador de referencia para medir la inflación; pero el fenómeno inflacionario atañe a todos los precios de la economía.
Más allá de esto, parece claro -en la evolución de los últimos años- que el valor relativo de los alimentos se ha incrementado. Y es difícil que vuelva a las relaciones de precios que había en los años pre pandemia (gráfica). Al menos a corto plazo.



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