El nivel de conflictividad laboral en Uruguay atraviesa una clara tendencia a la baja en los últimos años, y el primer semestre del 2026 no fue una excepción, ya que el índice respectivo cayó un 53,82%, ¿puede mantenerse este rumbo o ya se observan luces amarillas?
La conflictividad laboral sostiene la tendencia a la baja, pero enciende luces amarillas de cara al segundo semestre
El Índice de Conflictividad interanual cayó un 53,82%, pero registró un fuerte repunte en junio, en un contexto que agrega desafíos al mercado laboral.
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La conflictividad laboral en Uruguay sostiene la tendencia a la baja, pero enciende luces amarillas de cara al segundo semestre.
El Observatorio de Relaciones Laborales de la Universidad Católica del Uruguay (UCU) publicó un nuevo Informe de Conflictividad Laboral, correspondiente al estado de situación del primer semestre del año. El dato más destacado en el mismo es que el índice que mide el nivel de conflictividad asociado a demandas y reivindicaciones que se dan en el mercado de trabajo cayó un 53,82% durante la primera mitad del 2026, en relación con el mismo período del año pasado.
De este modo, el índice global pasó de 41,12 entre enero y junio del 2025, al actual 18,99. "Esta tendencia no se limitó a la dimensión global, el índice sectorial mostró una reducción análoga, al pasar de 32,25 a 13,04", destacó el estudio.
Una tendencia que se consolida en el plano laboral uruguayo
Esta reducción tampoco es aislada: si se observa la evolución del índice en los primeros semestres de los últimos años, hay una clara tendencia a la baja. De hecho, desde la primera mitad del 2023, cuando el indicador global alcanzó un valor de 101,54 —el máximo registrado desde 2020, cuando comenzó la pandemia de Covid-19—, la curva no ha dejado de descender.
"A partir de ese momento, la conflictividad laboral exhibe una trayectoria decreciente y sostenida, que se prolonga a hasta junio de 2026", indicó el Observatorio de Relaciones Laborales.
Esto también se puede ver en cuanto a los promedios anuales; aunque, en este caso, el 2025 registró una conflictividad general más alta que en el 2024, posiblemente impulsada por un repunte durante el segundo semestre del año pasado, en tanto se constató la baja en la primera mitad.
¿Luces amarillas en la conflictividad laboral?
Ahora bien, si se analiza de forma aislada el comportamiento de la conflictividad laboral durante el primer semestre del año, se ve a simple vista un importante salto del indicador mensual en junio. Mientras que durante casi toda la primera mitad del 2026, el índice se mantuvo bastante estable y en niveles bajos, el sexto mes experimentó una fuerte suba, ubicándose muy por encima de los meses anteriores.
El informe de la UCU no se adentra en los posibles factores del incremento, aunque sí analiza las causas detrás de la conflictividad laboral semestral. En ese sentido, el principal motivo fueron las reivindicaciones laborales, en 53,6%. Bastante por detrás aparecen las condiciones laborales (28,4%), la falta de empleo (12,7%) y otros problemas relacionados al mercado laboral (5,3%).
Teniendo en cuenta estos datos, y relacionándolo con el trasfondo laboral durante el primer semestre, es posible señalar el contexto general de negociaciones en el marco del Consejo de Salarios —el cierre de la primera ronda y la apertura de la segunda, hacia la mitad del año—; y, particularmente, la previa de la presentación del proyecto de Rendición de Cuentas y el reclamo para mayores recursos en determinados sectores. Asimismo, conflictos específicos como el del Puerto de Montevideo también pueden haber contribuido a elevar el indicador.
Ahora bien, la fuerte suba en junio puede encender luces amarillas a mediano y largo plazo, sobre todo si se considera el deterioro del clima de negocios, que cayó casi 35 puntos en el primer semestre: esto puede redundar en peores condiciones laborales o, incluso, en una menor oferta que catalicen un mayor nivel de conflictividad.
En esa línea, tampoco es posible dejar pasar los recientes cierres y reducciones operativas que experimentó el sector privado —y el público, si se considera el apagado del horno de portland de Ancap, en Paysandú—; o la caída del 6,6% de la demanda laboral durante la primera mitad del año. Teniendo en cuenta estos factores, podría darse un aumento de la conflictividad en los próximos meses, asociados asimismo al resultado de la negociación por la Rendición de Cuentas y al rol que asuma el PIT-CNT en el marco de dicho debate. Otro elemento que habrá que tener en cuenta es cómo transcurren las conversaciones en torno a la reducción de la jornada laboral.



