21 de marzo 2026 - 10:17

La prolongación de la guerra en Medio Oriente pone mayor presión sobre algunas economías

El conflicto cumplió tres semanas y el shock energético amenaza en mayor medida a ciertos países fuertemente dependientes de la importación de petróleo y gas.

La prolongación de la guerra en Medio Oriente pone mayor presión sobre algunas economías.

La prolongación de la guerra en Medio Oriente pone mayor presión sobre algunas economías.

Foto: Vecteezy

La guerra en Medio Oriente cumplió la marca de tres semanas y, cualquier prolongación adicional —en un conflicto que ya se extendió por más tiempo del estimado inicialmente por Estados Unidos— corre el riesgo de crear una crisis sin precedentes en el suministro de energía que, tarde o temprano, afectará a todos los rincones de la economía mundial.

Ciertamente, el shock energético y sus efectos no impactarán de la misma forma en todos los países: algunos están expuestos o tienen más capacidad para afrontarlo, mientras que la desaceleración global —de la mano de la integración comercial prácticamente total— de la economía deja en una posición sensible a varias de las principales naciones del mundo.

En Uruguay, en tanto, la atención está puesta en cómo el aumento de los precios del petróleo internacional y sus productos derivados —sobre todo, agroquímicos e insumos para el agro— impactará en las tarifas del mercado interno y en la competitividad de los bienes que exporta, principalmente por el aumento en los costos de producción y el encarecimiento logístico asociado a la turbulenta coyuntura global. ¿Qué puede pasar con otras economías?

Las economías del G7

La mirada se centra primero en Europa, ya que una nueva crisis energética reaviva en la región los recuerdos del comienzo de la guerra entre Rusia y Ucrania hace cuatro años, que puso de manifiesto su dependencia de las importaciones y disparó la inflación a cifras de dos dígitos.

En el caso de Alemania, su economía fuertemente industrializada tiene mucho que perder con el encarecimiento de la energía. La actividad en su sector manufacturero solo ha dejado de contraerse por primera vez desde 2022 y, como exportadora, está expuesta a cualquier recesión global. Si bien el programa de estímulo masivo anunciado el año pasado ayudará a amortiguar parte del impacto, el margen para brindar más apoyo es limitado debido a los déficits presupuestarios de los próximos años.

Italia también alberga un importante sector manufacturero, y el petróleo y el gas representan una de las mayores proporciones de su consumo de energía primaria en Europa. Mientras que, en el caso de Gran Bretaña, su producción de electricidad depende más de la energía generada con gas que la de otras grandes economías europeas, por lo que las tarifas eléctricas están en el foco ante el aumento más acelerado en los precios del GNL.

Un tope al precio de la energía mitigará el impacto inicial de la inflación, pero el riesgo reside en que provoque subidas de los tipos de interés, por lo que el Reino Unido podría seguir afrontando los costes de endeudamiento más elevados del G7 durante más tiempo, en un contexto de creciente desempleo. Las dificultades presupuestarias y la presión del mercado de bonos limitan sus opciones para ayudar a las empresas y los hogares.

Otro país que se mira de cerca es Japón, que obtiene alrededor del 95% de su petróleo de Oriente Medio y casi el 90% del mismo viaja a través del estrecho de Ormuz. Esto se suma a las presiones inflacionarias que ya enfrenta debido a la debilidad del yen, las cuales afectan a los alimentos y los productos de primera necesidad, dada la gran dependencia de las materias primas importadas.

El peso en las economías emergentes

La región del Golfo Pérsico está sufriendo inevitablemente un impacto económico directo, y algunos analistas ya predicen que su economía se contraerá este año, revirtiendo las expectativas de crecimiento sólido previas a la guerra.

El fuerte aumento de los precios del petróleo y el gas no sirve de nada si el cierre efectivo del estrecho de Ormuz significa que los países, especialmente Kuwait, Qatar y Bahréin, no pueden introducir sus hidrocarburos en los mercados internacionales. El conflicto también podría afectar a las remesas, el dinero que los trabajadores expatriados envían a sus familias y que cada año inyecta decenas de miles de millones de dólares en las economías locales.

India es otro país con una gran vulnerabilidad: importa alrededor del 90% de su petróleo crudo y casi la mitad de su gas licuado de petróleo (GLP), y aproximadamente la mitad de ese petróleo, e incluso una proporción mayor de su GLP, también tiene que pasar por el estrecho. Los economistas ya están recortando las previsiones de crecimiento del país y la rupia ha caído a un mínimo histórico. En restaurantes y cocinas de toda el país, la comida y las bebidas calientes están desapareciendo de los menús debido al aumento del precio del gas, que provoca un racionamiento informal.

En el caso de Turquía, al compartir frontera con Irán, se prepara para una posible afluencia de refugiados y una mayor incertidumbre geopolítica. Mientras tanto, el principal impacto económico se ha sentido en el banco central, que ha visto obligado a detener su ciclo de recortes de tasas de interés por segunda vez en un año y ha vendido hasta 23.000 millones de dólares en reservas valiosas para fortalecer su moneda.

Los más frágiles

También hay un puñado de países que parecen particularmente vulnerables, ya que todos ellos han atravesado recientemente, o han estado a punto de sufrir, crisis económicas en toda regla: Sri Lanka ha declarado todos los miércoles día festivo para los empleados del sector público con el fin de controlar los costos de la energía; se han cerrado escuelas, universidades e instituciones públicas, se ha suspendido el transporte público no esencial y los conductores deben registrarse para obtener un Pase Nacional de Combustible que restringe la compra de combustible.

Hace dos años, Pakistán estaba al borde de la crisis y ahora ha aumentado los precios de la gasolina y cerrado las escuelas durante dos semanas. Los departamentos gubernamentales han visto reducidas a la mitad sus asignaciones para combustible, tienen prohibido comprar aires acondicionados y muebles nuevos, y se les ha ordenado retirar una parte de su flota de vehículos.

Egipto, además del aumento vertiginoso del precio del combustible y los alimentos básicos, se enfrenta a la perspectiva de una fuerte caída en los ingresos del Canal de Suez y del turismo, este último aportando casi 20.000 millones de dólares a la economía el año pasado. El coste de pagar su deuda, gran parte de la cual está denominada en dólares estadounidenses, se ha visto agravado por una depreciación cercana al 9% de su propia moneda desde el inicio de la guerra.

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