14 de marzo 2026 - 11:23

Los mercados vuelven al conflicto Rusia-Ucrania para adelantarse a los impactos de la guerra en Medio Oriente

Los operadores analizan las estrategias tomadas en 2022 ante un escenario global que presenta similitudes en los impactos económicos entre ambas escaladas bélicas.

Los mercados vuelven al conflicto Rusia-Ucrania para adelantarse a los impactos de la guerra en Medio Oriente.

Los mercados vuelven al conflicto Rusia-Ucrania para adelantarse a los impactos de la guerra en Medio Oriente.

Foto: Freepik

Los mercados mundiales, sacudidos por una guerra en Oriente Medio que podría desencadenar otra crisis inflacionaria, están revisando las estrategias empleadas durante el comienzo de la guerra entre Rusia y Ucrania, en 2022, en busca de pistas sobre lo que sucederá a continuación.

En aquel entonces, con la economía mundial emergiendo de la pandemia de Covid-19, el aumento vertiginoso de los precios de la energía magnificó la inflación que ya estaba en aumento, las acciones cayeron y los inversores buscaron seguridad en el dólar. Los paralelismos existen, ya que, previo al ataque de Estados Unidos e Israel a Irán, la economía global estaba debilitada por la guerra comercial encabezada por la administración de Donald Trump.

En ese sentido y como señaló Reuters, la fuerza inflacionaria subyacente ya presente podría verse ahora exacerbada por el aumento en los precios del petróleo.

Shock energético y regreso a los activos refugio

Asimismo, existen ciertas similitudes entre la forma en que los mercados están reaccionando a la guerra en Oriente Medio y los primeros días del conflicto entre Rusia y Ucrania en febrero de 2022: la volatilidad del mercado energético ha rivalizado con la agitación vivida tras la invasión rusa en Kiev, con el crudo Brent disparándose alrededor de un 40% desde los ataques estadounidenses e israelíes hace dos semanas y rozando los 120 dólares el lunes.

Cabe recordar que en 2022, el Brent cerró con una subida de alrededor del 15% a las dos semanas de iniciado el conflicto en el este europeo, tras haber alcanzado su nivel más alto desde 2008. La introducción de fricciones en la oferta global de petróleo explican ambos aumentos.

El dólar también ha subido un 2,6% desde que comenzó la guerra en Oriente Medio, igualando su ganancia de 2022 en el mismo número de días.

Sin embargo, otros activos se han comportado de forma completamente diferente: los precios mayoristas del gas en Europa han experimentado un aumento de casi el 58% en esta ocasión, una reacción relativamente moderada en comparación con el salto de casi cuatro veces registrado en 2022, lo que refleja el papel de Rusia como importante proveedor de gas. Además, entre los activos refugio, la rentabilidad del bono alemán a 10 años ha aumentado 30 puntos básicos desde que comenzó la guerra con Irán, frente a una caída de más de 10 puntos básicos hace cuatro años.

En esta ocasión, los mercados han reflejado con mayor rapidez las expectativas de una inflación creciente: en 2022, los rendimientos subieron bruscamente tras su caída inicial a medida que se hicieron más evidentes las presiones sobre los precios. Estos temores parecen más moderados en la actualidad, y el tipo de interés de referencia a cinco años para la inflación en la zona euro —que se disparó bruscamente cuatro años atrás— se mantiene bien anclado en torno al 2,18%, cerca del objetivo del 2% del Banco Central Europeo (BCE). Si bien los impulsos inflacionarios subyacentes son similares al comienzo de la guerra europea, las presiones deberán prolongarse por dos o tres meses antes de que los bancos centrales tomen medidas concretas al respecto.

En otros mercados, el oro, que se disparó casi un 8% cuando Rusia invadió Ucrania, ha caído alrededor de un 3% desde que estalló la guerra con Irán.

Amplia volatilidad

El índice de volatilidad del petróleo CBOE ha alcanzado un máximo de cinco años del 120%, superando un pico del 102% registrado después de que Rusia invadiera Ucrania en 2022.

Pero más allá de la energía, la volatilidad no se acerca ni de lejos a lo que generalmente se considera territorio de crisis. En torno a 25, el VIX —que mide la volatilidad de las acciones— muestra una tendencia alcista, pero se mantiene por debajo de los máximos de abril de 2025 (60) y de los máximos alcanzados durante la pandemia de Covid-19 (80). En febrero de 2022, alcanzó un máximo de 38, antes de retroceder.

Por su parte, el índice ICE BofA MOVE que da cuenta de la volatilidad de los bonos ha subido a 95, su nivel más alto desde junio de 2025, aunque todavía por debajo del máximo de 140 alcanzado a principios de marzo de 2022. La volatilidad de las divisas apenas se ha movido.

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