A pesar de recurrentes versiones sobre la posibilidad de una tregua entre Estados Unidos e Irán, el conflicto del Golfo Pérsico sigue y la tensión permanece, manteniendo el precio del petróleo en niveles claramente superiores a los que registraba antes que se desataran las agresiones. Es cierto que el crudo ha cedido levemente en su precio: luego de superar en algunas semanas los 110 dólares por barril, hoy opera en el eje de los 95; pero es un precio entre 20 y 30 dólares superior al que se observaba previo a la guerra; es un aumento cercano al 30%.
Con este escenario, el gobierno definió un tercer aumento de los combustibles desde que “saltara” el petróleo; en este caso del 6% para la nafta y 7% para el gasoil. Como es sabido, el mecanismo de fijación de precios toma como referencia a la denominada Paridad de Importación, que registra el precio de los refinados en el mercado internacional y lo traduce a su hipotético ingreso al Uruguay (en nuestro país no se puede importar combustibles libremente, Ancap tiene el monopolio). Pero más allá de esa referencia, Ancap tiene la refinería de La Teja para procesar el petróleo importado y producir los combustibles refinados para el consumo final.
En el caso de la nafta, el precio vigente para este mes de junio es un 19% superior al de hace un año, mientras que en el caso del gasoil el aumento es del 31% en un año. El petróleo (pasado a pesos) subió 30% interanual (tomando el Brent a 95 dólares y el dólar a 40,2 pesos). Esto es lo que pasó en los últimos 12 meses, pero observando la evolución de los últimos años claramente hay un mayor aumento de la nafta respecto al gasoil. En efecto, como se ve la gráfica adjunta -con base 100 en enero del año 2018- el precio de la nafta hoy es 85% superior, mientras que el gasoil subió 53%; en el caso del petróleo la suba es de 93% desde enero 2018 (siempre en pesos corrientes). De manera que, en esa comparación histórica, el precio de la nafta tiene un cierto rezago (en torno a 4%) mientras en el caso del gasoil, la diferencia es bastante mayor (en torno a 25%), respecto al crudo.
Variación precios combustibles
Los combustibles subieron fuertemente en los últimos dos meses, pero se mantienen por debajo de la evolución del petróleo internacional.
Si bien, la refinería produce la misma cantidad de gasoil que de nafta por cada barril de petróleo, parece claro que se ha buscado contener más el precio del gasoil, el combustible esencial para el transporte y el agro, mientras que sube más el precio de la nafta.
Pero es importante remarcar que Ancap no compra petróleo todos los días, sino que lo hace con una frecuencia algo más que mensual (unos 15 o 17 embarques por año). La última compra de la petrolera estatal se realizó a la empresa Shell por un precio de casi 107 dólares el barril (petróleo Medanito, de la provincia Argentina de Neuquén); y se concretó a fines de abril , por lo que seguramente se descargue en Uruguay sobre fines de este mes.
Si bien esos 107 dólares por barril son el precio inicial del negocio, Ancap termina pagando el precio promedio Brent del mes de descarga para evitar la fluctuaciones diarias que tiene el mercado del crudo. De manera que si el petróleo se mantiene en los niveles actuales, o eventualmente baja un poco más por la concreción de una tregua, el ciclo de subas parecería haber llegado a su fin. Pero lo que recién empieza es el impacto en la economía.
Inflación y actividad
La suba de los combustibles tiene impacto en la economía global y -por supuesto- en nuestra economía local. Por un lado, el aumento de los combustibles inciden en la inflación, tanto directamente por su ponderación en el IPC (2,2%) como indirectamente, por ser un costo en la producción y en el transporte a todo nivel. Por suerte la suba encuentra a Uruguay con niveles de inflación históricamente muy bajos (3,2% anual), incluso debajo de la propia meta del BCU (4,5%). De manera que hay cierto margen para tolerar la suba sin que la inflación se vaya de los objetivos.
Donde puede ser más preocupante el impacto es en la propia actividad económica. El último dato del Indicador Mensual de Actividad Económica (IMAE), correspondiente a marzo, mostró una suba interanual del 2,2%; en este dato mensual puede haber algún efecto particular por diferencias de feriados; en el primer trimestre el aumento interanual de la actividad es apenas 0,8% respecto al mismo periodo del año pasado. Obviamente aún no se registraba el impacto del aumento de los combustibles, que recorta ingreso disponible para el consumo, además del impacto en los costos.
Para verlo de una manera práctica, llenar hoy el tanque de nafta cuesta casi 20% más que hace un año. En un tanque de 40 litros son 600 pesos más de costo respecto a un año atrás. Reducir el uso de combustible no es fácil (a no ser que se invierta en un nuevo auto eléctrico); de manera que -en el ejemplo- esos 600 pesos ya no estarán para otros consumos en compras básicas, gastronomía, vestimenta u otros servicios.
El salario real y los ingresos reales de los hogares subieron en el arranque de este año y es posible que esto haya tenido cierto efecto en el consumo hasta abril-mayo; pero ahora comenzará a verse el efecto completo de la suba de los combustibles, en la medida que el gobierno ha optado por un ajuste paulatino en los precios.
Esto, además, tiene un costo fiscal importante que habrá que ver en su justa dimensión. Las miradas seguirán puestas en Medio Oriente, con la expectativa de una tregua que haga ceder más el precio del barril. Mientras, Uruguay está con un precio del gasoil bastante equiparado con la región; pero en la nafta sigue con el precio más caro de la región y de los más caros del mundo.