17 de marzo 2023 - 09:50

Nicolás Olivera considera que la brecha cambiaria con Argentina ya es estructural

El intendente de Paysandú explicó cómo afecta al departamento que dirige. También se refirió a la interna del Partido Nacional.

Para Nicolás Olivera, el gobierno necesita más presencia del progresismo para una reelección en Uruguay.

Para Nicolás Olivera, el gobierno necesita más presencia del progresismo para una reelección en Uruguay.

@idpaysandu

El atraso cambiario en Uruguay no solo implica precios más caros para los productores y dificultad para obtener buenos rendimientos en los negocios de exportación.

A nivel local y, sobre todo, en la zona de frontera, los pequeños comercios sufren la brecha cambiaria con Argentina y la baja significativa de las ventas que ocasiona, así como el contrabando. En este contexto, Ámbito.com dialogó con el intendente de Paysandú, Nicolás Olivera.

— ¿Cómo se vive en el departamento de Paysandú el efecto de la brecha cambiaria con Argentina?

— Paysandú reviste dos particularidades respecto de los departamentos de Río Negro o Salto, donde están los otros dos pasos fronterizos: el puente es peatonal y de los tres pasos fronterizos, la ciudad argentina, Colón, en este caso, es la que está más cerca (respecto de las otras dos ciudades, Concordia y Gualeguaychú). Es mucho más fácil acceder y eso promueve que la gente pueda cruzar. No es solo un tema de mercadería, sino el acceso a servicios.

— ¿Cuál es la situación del pequeño comerciante en este contexto?

— Según con qué nos comparemos. Paysandú vivió una suerte de experimento que fue el cierre del puente, algo que bajo ningún otro supuesto se hubiera dado, salvo por la pandemia de Covid-19. En ese entonces se generó una bonanza en el mercado local, sobre todo en el comercio, pero cuando se volvió a abrir la frontera, una parte de esa bonanza se descapitalizó. Entonces, si la comparación es de cómo estábamos en pandemia —que en Paysandú ocurrió todo lo contrario a lo que sucedía en otros lugares— obviamente se ha resentido el comercio.

— ¿Y qué medidas concretas se toman para paliar esta situación?

— Las medidas que se han tomado son puntualmente de control aduanero, donde se tasó la cantidad de mercadería que puede traer un individuo y cada cuánto, que son 15 kilos cada 15 días, aproximadamente. Pero después hay otros elementos que escapan de control, como la carga de combustible o el consumo en restaurantes. Sé que el gobierno tiene vocación, pero al ser un fenómeno que no es solo de mercadería, es más difícil. Sé que el gobierno está pensando en algo, pero mientras tanto tenemos que seguir adelante.

— ¿Cuál es la opinión de la población, tanto en reclamo de nuevas medidas como en recepción de las que ya existen?

— Según qué botón toques es la respuesta que tenés. Yo reivindico a la persona que quizás cruza y compra un mínimo surtido, y eso le permite aliviar su economía para llegar mejor a fin de mes. El problema es cuando ves la fila para cruzar, por los vehículos que ves, son muchos de los que después reclaman que en los comercios no venden. Hay gente que dice que los dejen seguir cruzando, otros que corten todo porque si no no pueden vender. Entonces, según qué timbre toques, es la respuesta que podés tener.

Obviamente creo que es unánime el hecho de que el comercio siente la diferencia cambiaria. Con Argentina hace veintipico de años que venimos así y lo que parecía ser una excepción o algo coyuntural terminó siendo algo estable y estructural. Por eso le hemos pedido también al gobierno que tome medidas para buscar esos mecanismos compensatorios. Por ejemplo, una medida bien tomada hace muchos años fue la reducción de impuestos a la nafta. El Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) recaudaba más aún bajando los impuestos. Eso provoca un círculo virtuoso.

La actualidad del Partido Nacional de cara a las elecciones

— Estamos en año preelectoral y ya se comienza a hablar de las precandidaturas, ¿cómo se encuentra la interna tanto a nivel del Partido Nacional como a nivel de la coalición?

El modelo de la coalición está validado, nadie está pensando que vaya cada uno por su lado, si bien el sistema electoral uruguayo te permite ir diferenciado en octubre, cada uno en su partido, y en noviembre poder generar un espacio de coincidencia. Eso vino para quedarse, para un lado y para el otro, porque el Frente Amplio también es una coalición. En nuestro caso, la coalición es a nivel nacional.

En caso de la interna de nuestro partido, históricamente siempre ha tenido dos corrientes con matices: hoy podríamos decir el sector más wilsonista, progresista, y un sector más ortodoxo, el herrerismo. Hoy el partido está viviendo un momento donde hay un sector más hegemónico, fruto de que ha crecido, es grande y tiene vocación de seguir creciendo, que es el sector del presidente y la gente que lo rodea. Y un sector que es más progresista que —fruto de entre otras cosas del fallecimiento de quien era ministro del Interior, Jorge Larrañaga— se ha ido amainando.

Pero lo cierto es que debería haber dos expresiones, y no necesariamente sintetizadas en una persona. Empezamos discutiendo por el lado incorrecto, por qué persona, quién es mejor candidato, y no por ideas. Y en ese sentido, el sector más progresista no veo que encarne un espacio en este gobierno y creo que hace falta. Para lo que viene y para esta misma gestión.

— ¿Cuáles son sus perspectivas personales para las elecciones?

Mis perspectivas son, hasta el último día, hacer lo que quieren que haga. Yo no me quiero ir de la intendencia sin haber cumplido lo que dije que iba a hacer, porque sino estamos siempre en campaña y nunca terminamos haciendo nada de lo que la gente nos votó para hacer. Mi perspectiva es cumplir, y ahí veremos cómo seguimos.

— ¿Y para este gobierno?

— Fruto de que el gobierno está integrado por el sector más hegemónico, lo que se plantea es la continuidad de lo actual, que no es malo. Me parece que está haciendo un buen gobierno. A mi juicio debería tener más presentes algunas pinceladas más progresistas.

— ¿Cómo cuáles, por ejemplo?

Algo bueno que pasó: el presidente anunció y se votó una rebaja de impuestos. Una de las rebajas apuntó al Impuesto a la Asistencia de la Seguridad Social (IASS), un tributo a las pasividades un poco más altas. En Uruguay, de los 640.000 pasivos, un 40% gana menos de 19.000 pesos. Cuando rebajás impuestos entendés que con menos te arreglás. Yo no sé si con menos nos arreglamos, pero si decidís aliviar algo, esa plata que dejás de recaudar yo la hubiera puesto en los sectores más deprimidos.

Por ejemplo, el 40% de los pasivos piden préstamos al Banco República (BROU) o al Banco de Previsión Social (BPS), dos instituciones públicas. No me parece muy virtuoso ni justo que el Estado que debería generar una calidad de vida superior en esa gente que gana poco, no te aumenta la pasividad pero por otra ventanilla te presta plata y te cobra intereses para que puedas vivir. Esas cosas son las que me parecen a las que hay que meter un poquito: las pasividades tienen que mejorar y si hay espacio, porque se puede hacer una renuncia fiscal, capaz hubiera aliviado un poquito el bolsillo de esta gente.

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