24 de febrero 2026 - 09:01

¿Otra vez aquí?

La economía uruguaya arriesga caer nuevamente en un escenario de alto déficit fiscal y poco crecimiento.

El gobierno se enfrenta a un escenario de aumento de déficit fiscal y poco crecimiento.

El gobierno se enfrenta a un escenario de aumento de déficit fiscal y poco crecimiento.

Imagen: Ámbito Uruguay

En los últimos días se han acumulado novedades económicas que generan preocupación, tanto en el crecimiento de la economía como en la situación fiscal. Por un lado, recogiendo los datos de los indicadores de actividad (tanto oficiales como de consultores) los expertos que consulta el Comité Fiscal Asesor (CFA) del Ministerio de Economía y Finazas (MEF) redujeron sus proyecciones de crecimiento para la economía uruguaya, tanto en la estimación para el año 2025 (que ya culminó, pero cuyos datos de PIB se conocerán en pocas semanas), como para este año 2026 y el próximo.

Las nuevas proyecciones quedan por debajo de las estimaciones oficiales del equipo económico, establecidas en el Presupuesto como base para la proyección de gastos e ingresos del Estado. Y aquí es donde comienza a complicarse el asunto, porque los gastos ya están fijados, pero los ingresos dependen de la recaudación y ésta, de la actividad. Si la actividad es menor a la prevista, la recaudación también. En enero, el dato de recaudación que divulga Dirección General Impositiva (DGI) mostró una caída interanual real (descontada la inflación) de 2%, con un descenso en la recaudación del IVA (el impuesto que refleja más directa e inmediatamente la actividad) del 2,7% interanual real. La recaudación del impuesto a la renta empresarial (IRAE) cayó 6,1%.

Menos recaudación y más gasto van configurando un año en el que el déficit fiscal puede dar dolores de cabeza. En el Presupuesto, el equipo económico proyectó que el déficit se irá reduciendo paulatinamente en los siguientes años de la actual administración, basados en un mayor crecimiento que vaya achicando el rojo de las cuentas del Estado, con más recaudación. Esto es lo que ahora está en duda.

Un nudo complicado

En esta circunstancia, cabe remarcar un elemento básico, teórico, desde el punto de vista macroeconómico, que permite calibrar lo preocupante de la situación. Supongamos que una determinada economía crece poco, por lo cual el gobierno del caso resuelve aumentar el gasto como forma de estímulo, lo que se denomina una política fiscal expansiva. El Estado tendrá más déficit fiscal, pero la economía se reactiva, lo que permite -al menos a corto plazo- un mayor margen de maniobra para luego corregir el déficit y apuntalar el crecimiento con medidas más de fondo.

Pero hoy en Uruguay la situación es distinta. El déficit fiscal ha venido aumentando -una política fiscal “expansiva”, aunque no sea explícitamente así definida ni buscada- pero el crecimiento económico casi se frenó en los últimos meses. Dicho de otra forma, la economía uruguaya está creciendo poco aún con un estímulo fiscal relevante (el déficit está más cerca del 5% que del 4% del PIB).

Es por esto que la situación resulta difícil, aunque no es nueva. Entre los años 2014 y 2016 Uruguay tuvo un trance parecido: el crecimiento económico iniciaba un período de muy bajo crecimiento, al tiempo que las cuentas públicas comenzaban un deterioro paulatino, con un aumento persistente del déficit entre 2015 y 2019. De tal forma que el Presupuesto de aquella administración (la segunda del doctor Tabaré Vázquez) se hizo de manera acotada, con disposiciones sólo para los primeros dos años. La situación llevó a hacer un ajuste fiscal en 2017, que no evitó que el déficit siguiera creciendo. ¿Estamos otra vez en una situación similar?

Aquí hay otro asunto a incorporar: más allá de los nuevos impuestos incorporados en el actual Presupuesto (cuya aplicación demorará unos meses) eso no garantiza un aumento efectivo de la recaudación, sobre todo si la economía no crece. Esto hace que la situación sea particularmente difícil. Más aún si se consideran las dificultades de competitividad que vienen aquejando a la economía, especialmente en los últimos meses, una de las principales limitaciones para un mayor crecimiento.

Resolver esta situación es clave para sostener los buenos indicadores que hoy exhibe la economía en ingresos y empleo. La tasa de ocupación está en torno a 60%, mientras el ingreso de los hogares siguió subiendo en 2025 (+1,7% real). El salario real también subió y está en nuevos máximos históricos; en buena medida refleja la reciente reducción de la inflación, buena noticia para el bolsillo aunque complica el panorama fiscal.

Estos indicadores de ingreso, empleo y salario no se habían visto por muchos años en Uruguay. Esto sí es nuevo, hace mucho que no estábamos aquí. Para no retroceder y afirmar estas mejoras con fundamentos más firmes, hay que acomodar la macroeconomía. Tarea difícil pero necesaria.

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