Los precios del petróleo cerraron con un alza superior al 3% este martes, impulsados por la reanudación de los ataques iraníes contra los Emiratos Árabes Unidos (EAU).
La reanudación de las hostilidades en el Golfo disparó los precios y profundizó el temor por el suministro global.
Los Emiratos Árabes Unidos se vieron obligados a reducir su producción de petróleo a la mitad ante la parálisis en el estrecho de Ormuz.
Los precios del petróleo cerraron con un alza superior al 3% este martes, impulsados por la reanudación de los ataques iraníes contra los Emiratos Árabes Unidos (EAU).
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Los futuros del crudo Brent finalizaron en 103,42 dólares el barril, con una suba de 3,21 dólares, mientras que el WTI estadounidense aumentó 2,71 dólares para cerrar en 96,21 dólares. Los inversores reaccionaron con preocupación ante el empeoramiento de las perspectivas de suministro mundial, en un conflicto entre Estados Unidos e Israel contra Irán que ya entró en su tercera semana.
Esta escalada bélica afectó directamente la logística en el puerto de Fujairah, un punto de salida crucial situado justo a la salida del estrecho de Ormuz que representa aproximadamente el 1% de la demanda mundial de crudo. Un nuevo ataque con drones provocó un incendio en la terminal de exportación de la petrolera estatal ADNOC, lo que obligó a paralizar parcialmente las cargas por tercera vez en apenas cuatro días.
Como consecuencia directa de la inseguridad en las rutas de navegación y los ataques a la infraestructura, los Emiratos Árabes Unidos se vieron forzados a reducir su producción de crudo en más de un 50%, según informaron fuentes del mercado a Reuters.
La interrupción del transporte marítimo a través del estrecho de Ormuz, una vía vital para el 20% del comercio mundial de petróleo y gas natural licuado, generó una alarma generalizada por la posible escasez de suministros y el consecuente aumento de la inflación global.
Si bien durante el lunes se registró una leve caída en los precios ante señales de que algunos buques lograban atravesar el paso, el mercado retomó la tendencia alcista este martes ante la evidencia de que los riesgos siguen siendo críticos. Los operadores advirtieron que la mera posibilidad de que una milicia dispare un misil o coloque una mina en un petrolero es suficiente para mantener los precios en niveles de alerta máxima.
A nivel diplomático, la tensión se trasladó a la interna de los aliados occidentales tras el rechazo de varios socios de Washington a la petición de Donald Trump de enviar buques de guerra para escoltar a los petroleros. El lunes, el presidente estadounidense acusó a sus socios de ingratitud tras décadas de apoyo militar, lo que provocó una respuesta inmediata de las potencias europeas que buscan evitar una escalada directa.
El ministro de Defensa alemán fue tajante al declarar que esta no era su guerra y que su país no la había iniciado, marcando una distancia clara con la estrategia de la Casa Blanca en la región.
En la misma línea, el presidente francés Emmanuel Macron declaró este martes que Francia nunca participaría en operaciones militares para desbloquear el estrecho de Ormuz por la fuerza. El mandatario galo señaló que su país solo formaría parte de una coalición internacional una vez que las hostilidades hubieran finalizado y se pudiera garantizar la libertad de navegación mediante acuerdos diplomáticos.
Esta falta de consenso entre las potencias occidentales alimentó la incertidumbre en los mercados, ya que los operadores no vislumbran una solución de seguridad rápida que permita normalizar el flujo de crudo desde el Golfo Pérsico hacia el resto del mundo.
A pesar de que el asesor económico de la Casa Blanca, Kevin Hassett, intentó llevar calma al afirmar que los petroleros empezaban a pasar lentamente, el banco de inversión Cavendish advirtió que los operadores aún esperan que la perturbación sea grave y prolongada.
El mercado puso el foco en la infraestructura dañada, como el yacimiento de gas Shah, cuyas operaciones permanecieron suspendidas tras los ataques iniciales. Ante este escenario de parálisis productiva, los precios de referencia de Oriente Medio se dispararon hasta alcanzar máximos históricos, convirtiéndose temporalmente en el petróleo más caro del mundo por la drástica reducción de la oferta disponible.
Para intentar frenar el aumento desmedido de los costos energéticos, la Agencia Internacional de Energía (AIE) sugirió que los países miembros podrían liberar más petróleo de sus reservas estratégicas. Esta medida se sumaría a los 400 millones de barriles que ya se acordaron extraer previamente, en un intento por compensar la caída de la producción de los Emiratos Árabes Unidos y otros productores afectados por el conflicto.
Sin embargo, los analistas de mercado señalaron que la liberación de reservas es un paliativo temporal que no soluciona el daño estructural que los ataques con drones y misiles están causando en las terminales de carga y refinación.
La duración del conflicto se convirtió en la variable principal para los analistas de Phillip Nova y otras firmas de inversión, quienes vigilan de cerca si el caos provocará daños permanentes en la infraestructura petrolera del Golfo. El cierre efectivo de las rutas habituales obligó a las navieras a buscar alternativas logísticas mucho más costosas o a esperar en puerto, lo que encareció los fletes y las primas de seguro por riesgo de guerra. Esta presión sobre los costos de transporte se trasladó de inmediato a los precios de los contratos a futuro, consolidando un piso alto para el valor del barril mientras persista la inestabilidad en el área de Fujairah y Ormuz.
Finalmente, el mercado cerró la jornada del martes con una mirada pesimista sobre el corto plazo, asumiendo que el conflicto con Irán podría durar semanas o incluso meses. Aunque la administración Trump insistió en que prevén una resolución en tiempos cortos, la realidad en el terreno con incendios activos y puertos cerrados dictó una sentencia diferente en las pizarras de Londres y Nueva York. Con el petróleo Brent consolidado por encima de los 103 dólares, la preocupación por un shock energético global se mantiene en el centro de la agenda económica internacional, impactando de forma directa en las proyecciones de crecimiento para el segundo trimestre del año.
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