El universo financiero en Uruguay sigue expandiéndose y logrando hitos tanto en disponibilidad de instrumentos como en cantidad de personas que se animan a incursionar en las inversiones de este tipo. En este escenario, son cada vez más las mujeres que también dan el salto para lograr que su dinero rinda más, pero ¿cómo es el perfil de estas mujeres inversoras?
¿Cómo y en qué invierten las mujeres en Uruguay?
En un mercado financiero en desarrollo y mayormente dominado por los hombres, la participación de las mujeres crece de a poco.
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¿Cómo y en qué invierten las mujeres en Uruguay?
El mercado financiero, tanto desde el sistema bancario tradicional como desde otras vías de acceso como financieras, corredoras de bolsa, fintech, etc; es un mundo, todavía, predominantemente masculino. No solo es una percepción, sino que los datos lo confirman: por ejemplo, el 70% de la cartera de clientes de Gletir Corredor de Bolsa son varones; y la cifra se repite en el caso del Banco Itaú. Si bien son apenas dos casos, la similitud —y la consistencia de esta distribución 70-30 en la base de inversores durante los últimos años— permite apuntar un diagnóstico: hay más hombres que invierten que mujeres.
Las especialistas consultadas por Ámbito coincidieron: esta tendencia hace necesario derribar mitos relacionados con la gestión del dinero y las inversiones, así como el brindar herramientas de inversión concretas para los diferentes perfiles que aparecen entre la población femenina, para que las mujeres también sean parte del desarrollo del sistema financiero.
¿Por qué no invierten las mujeres (y por qué sí lo hacen)?
Como en la mayoría de los ámbitos del día a día, la poca participación de mujeres en el mercado financiero tiene una estrecha relación con los roles tradicionales de género. “El 91% de las mujeres uruguayas administran la economía familiar. No es que no sepamos o que no estemos, es que nos hemos abocado a saber cómo comprar, cómo sale cada peso que entra y cómo hacerlo rendir”, señaló al respecto la gerente de Productos de Fondos Centenario de Gletir, Mónica Saravia.
Esta posición estructural y cultural —que se ve con más nitidez en las generaciones más mayores— se ve representada en dos características importantes: “un pensar más en los demás antes que en nosotras y ser mucho menos especulativas”. En definitiva, hay un sesgo de responsabilidad y de conservación que supone el principal desafío de las mujeres para ingresar al mercado financiero —que, a su vez, se ve profundizado por las brechas salariales y de empleo existentes que reducen sus posibilidades patrimoniales.
“Puede ser que haya barreras de conocimiento, y obviamente que la educación financiera es importantísima, pero estamos culturalmente abocadas al consumo y no tanto a formar el patrimonio que nos va a proteger en la vejez. Hay que hacer un cambio de mentalidad, pasar de ser gerente de compras a ser gerente financiero”, consideró Saravia.
Los roles de género y las tipificaciones tradicionales entre hombres y mujeres también fue señalada por la gerente general de Itaú Asset Management, María Alejandra Olivera, quien apuntó a un “perfil más conservador” en las últimas, en tanto “prioriza la planificación, el análisis y la previsión”.
Esto va de la mano con sesgos o mitos que “hay que derribar”, señaló, y que se observan en una fuerte delegación de las decisiones financieras en los hombres, sobre todo entre las personas mayores. La inseguridad en los productos de inversión explica una parte de esta tendencia —y aquí es clave la educación financiera—, pero la distribución de los ingresos también tiene que ver.
De todos modos, “el mercado financiero ha cambiado en los últimos años, y cada vez más mujeres se sienten dueñas de sus finanzas, de sus ahorros, de sus inversiones. Y se ve claramente en la disminución de esa delegación”, celebró Olivera.
“Estamos en un proceso que lleva tiempo”, coincidió Saravia, advirtiendo a su vez que la inversión no suele ser un tema de conversación entre las mujeres —incluso cuando los conocimientos están—, por lo que desde las entidades financieras y bancarias tienen que promoverse también redes de apoyo y espacios de intercambio.
“Hay una necesidad de seguir generando red para que cada vez se hable con más naturalidad del dinero, del ahorro y la inversión”, afirmó la gerente de Itaú Asset Management, para no solo quedarse en el “colchón de emergencia”, sino para pensar en el largo plazo y “rentabilizar los ahorros futuros”.
El perfil de las mujeres inversoras
Si hay una característica que resume al inversor uruguayo —sin importar su género— es “conservador”. Esto se ve en aspectos como la preferencia por los plazos fijos y los ahorros en dólares —incluso cuando los rendimientos en pesos prácticamente duplicaron los de la divisa estadounidense en los últimos 20 años—; así como en el incipiente desarrollo del mercado financiero, que muy de a poco comienza a ofrecer instrumentos de inversión más sofisticados.
Esto también se ve, ciertamente, entre las mujeres que ya frecuentan el mercado financiero; y, si bien es algo general, tiene sus expresiones diferentes según el segmento específico que se analice.
En ese sentido, Olivera diferenció, en primer lugar, por edad: “Entre las más jóvenes es donde vemos que se empieza a igualar la participación, que las mujeres cada vez sienten más confianza de hablar de inversiones, de hablar de dinero, tomar sus decisiones de invertir buscando la independencia económica”, señaló. Los instrumentos de inversión que eligen, en tanto, apuntan hacia ese objetivo.
Entre las mujeres de más edad se ve no solo una caída en la cantidad de inversoras en el total de la cartera de clientes, sino también un perfil aun más conservador, “de tener seguridad antes que rendimientos”. Los plazos fijos, los fondos de inversión en pesos y en Letras de Regulación Monetaria (LRM) y los certificados de depósito son, por lejos, los más elegidos.
Estas características fueron identificadas también por Saravia, quien, a su vez, apuntó a otra caracterización de las mujeres inversoras, a partir de dos grupos: por un lado, aquellas que “por herencia, por carrera o por oportunidad de desarrollarse y tener un patrimonio y ahorro importante, tiende a una visión de largo plazo y busca lugares de confianza, no tan especulativos y quizás hacia tipos de inversiones de impacto”.
Después está “todo el otro universo de la mujer del día a día, que es una excelente gerente de compras” y que empieza a reconocer los cambios poblacionales que también impulsan a pasar del ahorro a la inversión. “Ahí vemos que la mujer tiende a analizar mucho más que el hombre. No vemos muchas mujeres haciendo trading, sino que piensan más en diversificar ante el riesgo de la inflación”, explicó la gerente de Productos de Gletir.




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