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28 de junio 2026 - 16:40

¿Por qué la alta dolarización de los depósitos fortalece a los bancos ante un shock externo?

El sistema cuenta con un "chaleco antibalas" cambiario y regulatorio que neutraliza el riesgo de un colapso en cadena.

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El sector agropecuario concentra la cuarta parte del crédito empresarial del país, pero las estrictas exigencias de reservas en dólares que el BCU impone en épocas de bonanza impiden que el daño del campo se traslade a los ahorristas.

Un estudio elaborado por técnicos del Banco Central del Uruguay (BCU) concluyó que el sistema bancario local mantiene una elevada capacidad de resistencia frente a eventos climáticos extremos, incluso ante escenarios de sequías más severas que la registrada entre 2022 y 2023.

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La investigación, publicada como documento de trabajo del BCU, incorporó por primera vez escenarios macroeconómicos ajustados por riesgos climáticos para evaluar cómo un evento de estas características podría afectar la estabilidad financiera y la solvencia de las instituciones bancarias.

Los resultados muestran que, aunque una sequía provoca menor actividad económica, depreciación del tipo de cambio, mayor inflación y deterioro del mercado laboral, el impacto agregado sobre la solvencia del sistema financiero resulta "acotado", por lo que el sector bancario se mantiene resiliente incluso bajo escenarios extremos.

El agro, principal canal de transmisión del riesgo

El estudio parte de la base de que las sequías representan el riesgo climático más importante para Uruguay debido a su impacto sobre la producción agropecuaria, uno de los motores de la economía nacional.

Los economistas del BCU utilizaron una adaptación del modelo macrofiscal del Banco Mundial para simular distintos escenarios: la sequía ocurrida entre 2022 y 2023 y eventos hipotéticos con períodos de retorno de 50, 200 y hasta 500 años.

La investigación destaca que la agricultura y las industrias vinculadas representan entre el 10% y el 13% del Producto Interno Bruto (PIB) y cerca del 80% de las exportaciones de bienes del país. Además, entre 2005 y 2024 alrededor de una cuarta parte del crédito empresarial otorgado por los bancos estuvo destinado al sector agropecuario, lo que convierte al agro en una fuente relevante de exposición para el sistema financiero.

Impacto moderado sobre la solvencia bancaria

Las simulaciones muestran que los escenarios climáticos generan un deterioro de la calidad crediticia y reducen parcialmente los niveles de capital de las instituciones financieras. Sin embargo, esas variaciones son limitadas y no modifican de forma significativa la fortaleza patrimonial del sistema bancario.

En el escenario que replica la sequía de 2022-2023, los índices de adecuación de capital permanecieron relativamente estables, lo que, según el documento, refleja la capacidad de respuesta del sistema financiero frente a uno de los eventos climáticos más severos registrados en la historia del país.

Las investigadoras atribuyen parte de esa resiliencia a las medidas implementadas por el gobierno y el Banco Central para asistir a los sectores afectados durante aquella emergencia, así como a los mecanismos de seguros que contribuyeron a amortiguar las pérdidas económicas y reducir su transmisión hacia los bancos.

Factores que amortiguan los efectos de una crisis climática

El informe señala que incluso ante sequías de mayor magnitud los ratios de capital de los bancos se mantienen próximos a los niveles de referencia, con reducciones apenas marginales.

Entre los factores que explican ese comportamiento figura la posición neta positiva en activos denominados en moneda extranjera que mantiene el sistema bancario. En escenarios de depreciación del peso, esa exposición genera ganancias de valuación que compensan parcialmente el deterioro de la cartera de créditos.

A ello se suma el régimen prudencial vigente, que obliga a las instituciones financieras a constituir previsiones para eventuales pérdidas durante los períodos de buen desempeño. Esas reservas pueden utilizarse posteriormente para absorber parte del impacto de un deterioro económico, fortaleciendo la capacidad del sistema para enfrentar shocks macrofinancieros derivados del cambio climático.

No obstante, el propio BCU advierte que el ejercicio constituye una estimación conservadora del riesgo, ya que analiza la transmisión de los efectos climáticos a través de variables macroeconómicas agregadas, por lo que algunos impactos específicos sobre determinados sectores podrían ser superiores a los reflejados por las simulaciones.

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