Secciones Especiales

Disneyworld: la eficiencia llevada al grado de perfección

Tecnología asombrosa, estabilidad de precios, abuelos laboriosos, tabaquismo erradicado y ambiente internacional.

Lo primero que asombra al revisitar Disney World en Orlando son los avances de la tecnología. En el momento de registrarse en un hotel dentro del complejo, proveen al viajero una pulsera electrónica que acompañada de un código de cuatro dígitos sirve a partir de entonces para todo: es la llave de la habitación, se abonan comidas, habilita el ingreso a los parques, se compran regalos, y en caso de extraviarse un niño lo ubican con un margen de error de cinco metros por satélite.

Todos los consumos confluyen a la misma cuenta, la pulsera resiste el agua y al irse se la regalan. Disney World abarca 12 mil hectáreas -el tamaño de la ciudad de San Francisco en California-, los cinco parques de atracciones se encuentran dispersos entre lagos y bosques, y pese a llover todos los días en verano y a los 35 grados de calor, no hay moscas ni mosquitos.

Estabilidad

Rumorean que en laboratorios de la empresa se modifican genéticamente las plantas para que no atraigan insectos. Increíble, como la estabilidad de precios, donde un muñeco de Buzz Lightyear que costaba 13 dólares en enero de 2004, cuesta hoy 17 dólares, es decir menos de 30 por ciento de aumento en dieciséis años. También llama la atención la cantidad de abuelos que trabajan en Estados Unidos, algunos con bastón y otros directamente en carrito para discapacitados.

Hay siete millones de puestos de trabajo sin cubrir en el país, se registra el desempleo más bajo en 60 años, ingresan mensualmente cien mil inmigrantes legales, pero el robusto crecimiento de la economía genera 190 mil puestos laborales al mes, que no alcanzan a cubrirse. Por eso trabajan abuelos y discapacitados en paridad con jóvenes e inmigrantes. Otro aspecto notable es que casi han extinguido el tabaquismo. Trabajan en Disney Orlando más de 90.000 personas e ingresan a diario a los parques y canchas de golf 47.000 visitantes, pero salvo excepciones no se ve a nadie fumar ni vapear. La prohibición de publicitarlo, las restricciones a fumar, la advertencia de cáncer en las marquillas, este combate decidido al tabaquismo hizo prácticamente desaparecer el vicio.

El sector Harry Potter en Universal ha resultado tan exitoso que debieron construir otro barrio igual al de la película y los libros en otra zona de los estudios, al cual se accede por tren expreso caracterizado. La nueva montaña rusa con imágenes Potter tenía demoras de hasta ¡once horas cuando se inauguró! Hoy las filas alcanzan a dos horas y media sin pases rápidos ni facilidades de ningún tipo. El otro sector novedoso es el de Avatar, con la atracción principal en 3D alucinante.

El pasajero se monta a una especie de motocicleta, y al encenderse la pantalla va subido a uno de los caballos alados del planeta Na-Vi del film. Desprende olor a tierra, salpica agua, el caballo respira entre las piernas, y la velocidad y despliegue de los vuelos resultan fascinantes. Larga fila allí también, inevitable.

La atracción de King Kong es asimismo 3D y consiste en un paseo en carro por el interior de una montaña habitada por los animales gigantes, quienes raptan a una joven científica rubia que Kong intenta rescatar. Impresionante el movimiento, el realismo y los rugidos.

Se ha desarrollado un barrio Star Wars donde la atracción principal es tripular una nave de combate que circula entre extraños paisajes y batallas. La novedad está dada porque se accede de a seis pasajeros y cada uno tiene una función, como piloto, ingeniero o navegador, y deben manejarse volantes u oprimirse botones.

Disney

El favorito

EPCOT es y será el parque favorito de los adultos, con los barrios de cada país que exhiben y venden lo mejor de su cultura, artes, gastronomía, deportes y comercio. En Gran Bretaña se puede adquirir la última camiseta del Manchester City y remeras estampadas con Rapsodia Bohemia, la película que historia la vida de Freddy Mercury y Queen. Para almorzar en los restaurants de Italia deben hacerse reservas obligatoriamente porque los latinos acuden en masa. Los empleados de cada pabellón son nativos del país. La cristalería de Alemania, los acróbatas chinos, los abrigos de Noruega, la festividad de los muertos en México, música y canto en Marruecos, los perfumes de París, las cataratas del Niágara, se recorre el mundo en cuestión de horas. Un impresionante espectáculo de fuegos artificiales corona la jornada con lo último surgido en pirotecnia oriental al llegar la noche.

Las montañas rusas son cada vez más extremas, violentas e incorporan novedades como alta velocidad, circulación en tramos oscuros, giros de cabeza reiterados y marcha atrás. La de Hulk es muy violenta y sólo apta para mayores; en el Everest del Animal Kingdom simulan que el mítico yeti rompió las vías del tren y se vuelve atrás en la oscuridad y dando giros; la tecnología audiovisual de Harry Potter supera lo imaginable y descriptible, y es furor; en La Momia nos encontramos escenas inéditas de Brendan Fraser mientras vamos marcha adelante y atrás en la penumbra total; y en la reciente de Aerosmith, además de recibirnos y despedirnos el grupo musical en imágenes, el comienzo alcanza los 96 kilómetros por hora acompañados por estruendoso rock and roll.

Hay espléndidos campos de golf para quienes no desean acompañar a sus hijos o nietos a todos los parques temáticos, y desde que Disney adquirió ESPN se instalaron canchas de tenis, básquet, volley playa y otros deportes. Trabajadores de Sudáfrica, Jamaica, Australia, Puerto Rico, Haití, y visitantes de todas partes del mundo configuran un ambiente cosmopolita muy particular.

La devoción de los estadounidenses por la festividad celta de Halloween es algo digno de estudio sociológico. Un mes antes de la fecha comienzan las celebraciones, y grandes y niños acuden a los parques disfrazados de fantasma o bruja entre decorados de calabazas caladas. En el Magic Kingdom llega a cobrarse 95 dólares por persona la noche de Halloween, y se llena el cupo.

A pesar de que las caminatas, subidas y filas resultan extenuantes, volver a Disney World cada tantos años se justifica porque es la eficiencia llevada al grado de perfección, y nunca deja de asombrar y sorprender al viajero.

El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

Dejá tu comentario