24 de abril 2002 - 00:00

La convertibilidad versus cambio fijo

Nueva convertibilidad o tipo de cambio fijo. La vuelta al anclaje monetario pasa por una de estas dos opciones. No se trata de una cuestión menor: si se adopta la primera opción, el Central perdería todo manejo de la política monetaria, como ocurrió entre 1991 y diciembre de 2001. En cambio, si se adopta un cambio fijo, el BCRA mantendría la posibilidad de emitir moneda sin una regla determinada.

Desde el punto de vista técnico, alcanzaría con un tipo de cambio a $ 2,60 para defender de entrada un anclaje. En la práctica, se procurará un importante colchón en la cotización que se establezca para emitir en los próximos meses y cubrir el bache fiscal, con lo cual una nueva paridad para el dólar podría fijarse en entre $ 3 y $ 3,50.

Tanto con la convertibilidad como con un esquema de cambio fijo, el Banco Central se compromete a desprenderse de divisas a la paridad fijada. Claro que en la convertibilidad las reservas pertenecen a los tenedores de pesos, mientras que con cambio fijo el Central simplemente vende los dólares propios para que no se mueva el tipo de cambio.

La posibilidad extrema de una dolarización total de la economía no entra -al menos por ahora- en el escenario del gobierno. De todas formas, no hay que descartar que se llegue a esta situación ya no por una decisión oficial, sino por el comportamiento del público de acumular dólares y desprenderse lo más rápidamente posible de sus pesos.

Las reservas disponibles en el Banco Central para anclar el tipo de cambio ascienden a u$s 12.313 millones. Estos dólares tendrán que ser utilizados para defender la paridad que se establezca, en cualquiera de los dos esquemas. Por ello, es clave calcular cuántos pesos líquidos podrían potencialmente ir a comprar dólares. En principio, hay tres fuentes principales:

• Circulación monetaria: asciende a los $ 14.000 millones. Es el monto de pesos que los argentinos tienen en sus bolsillos.

• Cuentas a la vista:
son los fondos que, potencialmente, podrían transformarse en efectivo y presionar el tipo de cambio. En total hay $ 30.000 millones correspondientes al sector privado. Pero las estimaciones del Banco Central indican que unos $ 15.000 millones están ociosos (es decir que no se utilizan para transacciones, ya que provienen de plazos fijos que escaparon a la reprogramación) y podrían presionar sobre el dólar.

• Bonos provinciales:
ya habría cerca de $ 6.000 millones en circulación. Pero no sería necesario reemplazarlos por pesos a todos. Sí, probablemente, los $ 3.000 millones de patacones y LECOP, que pueden ser utilizados para el pago de impuestos.

De esta forma, la masa de efectivo potencial que podría ir contra el dólar asciende a unos $ 32.000 millones. La cifra incluye el circulante, la mitad de lo que hay en cuentas a la vista y la mitad de los títulos provinciales.

Considerando el nivel de reservas, el tipo de cambio mínimo para establecer una paridad fija debería ubicarse en por lo menos $ 2,60. Claro que la intención del gobierno es establecer un colchón para evitar presiones rápidamente y contemplar que deberá emitir dinero para financiarse en los próximos meses y otorgar redescuentos a bancos.

Por eso, ayer se evaluaba firmemente la fijación de un tipo de cambio que se ubique entre $ 3 y $ 3,50 por dólar.

Por supuesto, en este escenario la totalidad de los $ 40.000 millones de depósitos reprogramados permanecen en esta condición o son convertidos en bonos. Si estos fondos fueran liberados, obviamente sería muy difícil establecer algún tipo de cambio más o menos sostenible.

«En ningún país del mundo el Banco Central se desprende de todos sus dólares para defender el tipo de cambio», explicaron altos directivos de la autoridad monetaria. Esto significa que de los u$s 12.300 millones, sólo una parte estaría disponible para defender la paridad.

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