Arriba, abajo, un paso al costado, cinco abdominales, diez cuerpo a tierra, todo un ejercicio físico bursátil que, tras bastante transpirar, dio un resultado apenas perceptible en el índice mayor, con 0,26% de incremento y que resultó casi del mismo nivel que lo generado por el Dow Jones (al menos, una igualdad -temporal- en rendimiento). Nada, en los alrededores de la inversión de riesgo, pareció resultar aliada para incentivar al mercado: todo lo contrario, con un termómetro riesgo-país que se fue hacia arriba, con sensación térmica bastante peor, con problemas saltando por todos lados y con el representante del Fondo aconsejando cuestiones, que los gobernantes desestimaban de inmediato.
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El hombre se fue, prometió informe «favorable» y una vez afuera... vaya a saberse. Lo cierto es que, para el trayecto de cinco ruedas, los mervales no marcaron nada drástico en el global, solamente en particular.
La presencia más llamativa resultó la de los «certificados» de títulos foráneos y que cada vez ganan más espacio listado en el recinto porteño. Donde los títulos locales pasan a resultar simples inquilinos pobres, de papeles externos que -el viernes- hicieron $ 25 millones, de los $ 41 millones del total girado.
Lo que da una idea del avance de un sector importado, sobre el nacional en franco repliegue, y más cuando uno de sus principales dirigentes -Oscar Vicente- considiera el futuro «inviable» para las compañías. Ciertamente, de incentivo tiene poco...
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