El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
El dinero unos 700 millones de dólares anuales se destinará a la creación de un fondo para compensar a los bancos que, junto con los ahorradores, son los más perjudicados por la devaluación del peso, al verse obligados a mantener la antigua paridad para los créditos concedidos en dólares pese a que el billete verde cuesta ya en torno a los dos pesos en el mercado libre.
Está bien que el presidente Duhalde busque fórmulas imaginativas para evitar una quiebra del sistema financiero. Pero resulta terriblemente injusto que tenga que pagar el pato de la debacle el sector petrolero y muy especialmente Repsol YPF, cuyas exportaciones representan un 30% del total de las ventas de hidrocarburos que estarán sujetas a la nueva tasa.
La empresa española no ha querido valorar aún el impacto de la medida, pero es evidente que la perjudicará de forma considerable frente a sus principales competidores.
La decisión de gravar a las petroleras es, por otra parte, una muestra más de la alarmante tendencia del Gobierno argentino a cambiar las reglas del juego en mitad del partido.
Sin ni siquiera avisar previamente a las compañías afectadas, Duhalde ha roto de forma unilateral las negociaciones llevadas a cabo para sustituir la idea de una tasa por un aporte único de 1.400 millones de dólares que Repsol habría podido financiar con ayuda internacional y que le habría permitido descontar de una vez sus pérdidas.
Con esta actitud errática y bien poco leal, el presidente argentino no logrará recuperar la confianza de los inversores extranjeros que tanto necesita para sacar al país a flote.
Dejá tu comentario