Si hay un lugar destacado en el que el hombre sigue atormentándose a sí mismo ése es la Argentina. Y debe ser también el sitio donde la esperanza prolonga más el tormento.
Sobre todo, si ésta no tiene asidero con la realidad y si ella es un medio para no descubrir los propios errores.
Este parece ser el tipo de esperanza que tiene el gobierno cuando desea que el precio del dólar no suba, y que no sea el bien más demandado.
A partir de una expectativa errónea y en la búsqueda de soluciones imaginarias, seguramente se reproducirán los errores con mayor magnitud.
La esperanza del gobierno lamentablemente es errónea, básicamente porque miles de personas habían tomado, dentro del contexto de una economía relativamente estable, la decisión de ahorrar 48.000 millones de dólares, en forma previa a la aplicación del «corralito». Por lo tanto, no parece haber medida que pueda tomar el gobierno que revierta tal decisión del mercado, máxime teniendo en cuenta que ahora el contexto económico es absolutamente inestable.
De tal manera esos 48.000 millones de dólares que se convirtieron en 67.200 millones de pesos están volviendo a ser dólares. Y muchos ahorros más tratan de convertirse en el mismo sentido por efecto reflejo.
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