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El FNA reabrió la casa de Victoria Ocampo restaurada
La casa, restaurada por el arquitecto Alejandro Corres, se reabrió con una muestra de la colección del Fondo Nacional de las Artes.
La "casa manifiesto", recién restaurada por el arquitecto Alejandro Corres, es una de las más tempranas expresiones de la modernidad porteña y su historia fue el tema dominante de la noche. En el año 1928 su arquitectura rompió con los criterios estéticos de la época y del gusto argentino, propenso a exaltar de las volutas de los palacetes franceses que recrean el esplendor de París. Ocampo, conocedora del modernismo de Le Corbusier que le resulta excesivo, le encargó el diseño de la casa a Alejandro Bustillo, arquitecto ecléctico en su estilo, como lo prueba el academicismo del palacio de la Embajada de Bélgica, construido en 1930 a pocos pasos de allí.
Ocampo, quien ya se había dado el gusto de diseñar una casa cúbica y blanca en Mar del Plata (hoy rodeada de caserones estilo Tudor), intervino en el diseño de los planos y le ganó una pulseada a Bustillo. El arquitecto se lamentaba: "Amenazaba con recurrir a otro arquitecto, así que finalmente tuve que hacer todo cúbico, sin molduras, tipo Le Corbusier". Por su parte, Ocampo manifestó sus disidencias y algunas afinidades: "Bustillo detestaba lo que yo amaba y nos peleábamos antes de llegar a un acuerdo". Pero aclara que "tenía un cierto sentido de la belleza y el orden y sobre todo un sentido de la calidad". Lo cierto es que la casa fue resuelta con la claridad de un teorema, y cuando a fines de 1929 Le Corbusier llegó a Buenos Aires, sólo elogió el "rascacielito" de Antonio Vilar y la casa de Ocampo, donde había visto los Picasso y los Léger "en el marco de una pureza que raramente se encuentra".
El Fondo comparte algunos objetivos de Ocampo, quien, como advirtió Waldo Frank, "trabajaba con la intención de convertir a Buenos Aires en un Centro Cultural". El programa del Fondo incluye exposiciones de arte de todo el país, muestras internacionales, ciclos de conversaciones con referentes culturales, artistas e intelectuales, conciertos y presentaciones de libros. Se anunció además un programa de intercambio de residencias para escritores con instituciones como la Casa de José Saramago en Lisboa.
En la década del cuarenta Victoria vendió la casa que pasó al olvido. Pero cuando la compraron Claudia Sánchez y el Nono Pugliese, arrasaron con las molduras, entelados, papeles y el ornamento afrancesado que desvirtuaba el estilo original. Mauricio Macri fue el último de sus habitantes.
La tercera planta, hoy dedicada a las reuniones de directorio posee el juego de comedor que Ruth Benzacar tenía en su departamento de la calle Talcahuano.
"La Casa de Victoria Ocampo será una casa amiga, de buenos anfitriones", propone la nueva gestión.
A.M.Q.


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