24 de abril 2013 - 00:00

Garzón: “La verdad impide a veces el final feliz en el cine”

Gustavo Garzón, en su debut  como director de cine, deslizó algunos apuntes autobiográficos en “Por un tiempo”. El actor escribió el guión del film durante la convalecencia de una enfermedad, ya superada, que lo alejó de la actividad durante casi medio año.
Gustavo Garzón, en su debut como director de cine, deslizó algunos apuntes autobiográficos en “Por un tiempo”. El actor escribió el guión del film durante la convalecencia de una enfermedad, ya superada, que lo alejó de la actividad durante casi medio año.
Justo cuando una pareja feliz está esperando a su primer hijo, el hombre descubre tener una hija, para colmo en crisis preadolescente. Tal el detonante del drama familiar que se estrena mañana, opera prima del conocido actor Gustavo Garzón. Dialogamos con él.

Periodista: Su película acaba de ganar un premio del público en el Festival de Lleida, Cataluña. ¿Qué le comentaban los espectadores?

Gustavo Garzón: Algunos, que les había parecido corta, y otros me decían "falta el final feliz". Querían ver a la familia contenta. Pero esa pareja fue atravesada por un problema del que nadie sale ileso. Yo quería acercarme hasta el borde de la verdad. De ahí que también buscaba actores que no parecieran actores. Como Ana Katz, muy buena intérprete, sin vicios actorales, con aire de mina común, no se pinta, y además es graciosa. Ella estuvo pensada desde el comienzo. También Daniel Hendler, pero justo le salió lo de "Graduados".

P.: Y le tocó un personaje que descubre muy tardíamente su paternidad. Pero alguna participación tuvo, ¿verdad?

G.G.: Sí, porque ésta es una coproducción real, con la pequeña empresa de Hendler, de modo que los músicos, el autor de los afiches y los títulos, y las dos actrices que hacen de madre y tía de la chica, Mirella Pascual y Gabriela Iribarne, son de Uruguay. Dos actrices excelentes. El personaje de la tía era una mina para odiar, pero la actriz la dio vuelta, proveyéndole una carnadura que me sorprendió. Y en casos así, un poco me dejo llevar por lo que los actores leen en el texto, antes que imponerles mi lectura.

P.: Hablemos de Esteban Lamothe, el protagonista.

G.G.: Me gusta mucho porque es austero. No está mostrando cómo actúa. Se expresa con mínimos gestos. Con la mirada. Y esa mirada no está vacía, y cuando le cae una lágrima, cae una sola. Sin mentol. En eso actúa mejor que yo porque no necesita mentol. Además asume el protagonismo, hay grandes actores que no pueden asumir un protagónico. Es difícil de bancar ser el centro, rendir con precisión, sin pánico escénico, como el futbolista ante 100.000 espectadores.

P.: Y, si es posible, hacer jueguitos variados, no repetirse.

G.G.: Yo, papeles bien diferentes uno de otro, creo que solo hice en teatro "La gran magia", donde sentí que no era yo, y "Uno nunca sabe", de Fontanarrosa. Y en cine "El fondo del mar" (tengo algo de ese personaje pero no tanto) y "Roma", donde imité a mi padre. Nos parecemos, pero él es él y yo soy yo.

P.: No le han tocado muchos papeles de padre.

G.G.
: Creo que en la escena pasaré de hijo a abuelo sin escalas. Eso que tengo experiencia particular y reforzada. Me ocupo de mis hijos más que de cualquier otra persona.

P.: A propósito, ¿cómo nace la historia que cuenta en esta película?

G.G.: Nace cuando mi hija, a los 12, andaba medio tristona. Recuerdo un diálogo, que transcribí textual: "¿Todo bien?", "Normal", etc., hacia un callejón sin salida. Las dificultades para acercarme, mi empeño y obstinación por sacarla de ese estado. No servía la experiencia anterior. Los mellizos no me habían dado ese problema. Por suerte a los cuatro meses se le pasó y tuve la sensación de haber aprendido algo: qué cosas necesita un hijo de su padre, y cómo conocer a esa hija nueva. Nunca dejó de quererme, lo supe después. Ese fue el disparador emocional. Lo demás es ficción, salvo la presencia de un perro. Los chicos ponen en los perros la ternura que no pueden poner en las personas. Mora Arenillas hace ese personaje, muy bien.

P.: Otro actor interesante es el que parece un abogado.

G.G.: Gino Ochoa, el único actor al que busqué por la cara. Le basta mirar y decir una línea, "La ley lo obliga", para dejar precisado el conflicto. Esa escena iba a aparecer recién a los diez minutos de empezada la historia. Hendler, amigo y asesor, me dijo "probá de ponerla al principio". Y tenía razón, ahí pega muy bien. Ahora, el asunto es que el espectador no llegue tarde.

P.: Quizá se quede sin entender otras cosas.

G.G.:
Si, por ejemplo cómo la tía de la chica pudo rastrear al padre. Filmé toda esa parte, pero le robaba tiempo al conflicto principal y preferí no ponerla. Me parece mejor que la gente se haga su propia película sobre ese aspecto.

P.: O señale (alguien ya lo hizo) que la lluvia final no era necesaria.

G.G.: Tiene razón. Pero me salió ponerla. Eso me lo planteé mucho, pero ya estaban los bomberos y les habíamos pagado por adelantado. Además, nadie dice que no pudiera llover esa noche.

P.:¿Por qué hay tan pocos niños en la escuela de la nena?

G.G.: Porque si uno quiere poner extras infantiles también debe pagarles a los padres, así que cada chico cuesta el doble de lo pensado. En esa sola toma se fueron 40.000 pesos.

P.: ¿Y qué son esas otras películas que se le atribuyen en algunos sitios de internet?

G.G.: Yo hice una sola. Las otras son de un homónimo, otro Gustavo Garzón, especialista en videoclips. Me han hablado bien de él, por suerte.

Entrevista de Paraná Sendrós

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