Periodista: Usted evoca su origen humilde y lo que luchó para ser actor; pero su relato es casi alegre, ¿será por eso que el público se emociona?
Osqui Guzmán: Eso me pasa desde chico. Es la costumbre boliviana de no decir nada si no me piden la opinión y si me la piden, trato de decir lo que pienso de la manera más salomónica posible, sin quejas, sin herir a nadie. Muchos amigos me señalaron con asombro esta manera de ser, parecía que todo me venía bien. De hecho, un compañero del Conservatorio de Arte Dramático me increpó una vez: "¿Vos siempre estás contento? ¿Nunca te pasa nada?". "Claro que me pasan cosas" -le respondi- pero para qué las voy a andar contando". Y él sólo dijo: "Ah..." y se fue. Me han pasado cosas duras en mi infancia, de no tener qué comer, por ejemplo, y nunca dije nada en la escuela, ni siquiera a mis amigos. No le encontraba sentido. Es que mi vieja siempre fue muy luchadora, de agarrarse más a lo que sirve...
P.: Una persona optimista...
O.G.: Para mí es una persona creativa, porque yo relaciono lo creativo con las necesidades de la naturaleza. "Mirá cómo creció esa planta...", decimos, y es porque se puso creativa, buscó lo que necesitaba. Ser "optimista" o "positivo" lo ligo a situaciones más superficiales y mis experiencias nunca lo fueron. Una vez me preguntaron "¿vos qué tenés de frívolo?". Y yo no supe qué decirle.
P.: Su conducta dista mucho de la tipología porteña...
O.G.: El porteño es como un conquistador. Yo me identifico con ese rasgo y con muchos otros, porque nací y me crié acá. Mis amigos son de acá y mis peleas también; pero si no respeto mi ADN boliviano, me enfermo; así como se enferma un porteño si no dice lo que le pasa.
P.: ¿Nunca fue discriminado en la escuela por su origen?
O.G.: Nunca. Pero hay un dato importante: mis viejos vinieron en una época en la que no había muchos bolivianos. La gran inmigración de bolivianos, peruanos y paraguayos se dio en los '90, fue entonces cuando se empezó a estigmatizar al inmigrante. Mi vieja entró al país durante la segunda presidencia de Perón siendo una adolescente y creció acá con orgullo de decir que era boliviana y siempre fue aceptada, de hecho tuvo un elenco folklórico argentino-boliviano, con gente que más tarde formó el Ballet de Salta.
P.: Entonces... ¿nunca fue víctima de xenofobia?
O.G.: Hace poco tuve una conversación con la Comunidad Boliviana donde ellos me hicieron la misma pregunta. De verdad, yo nunca viví eso. Pero ellos sí me contaron que han sufrido todo tipo de agresiones, empezando por el bullying en las escuelas. Es así de sencillo: la estigmatización de determinadas razas es un plan digitado desde el poder, en colaboración con otros sectores que utilizan a los inmigrantes como mano de obra barata, casi esclavizada.
P.: Su espectáculo celebra la integración de las culturas española, boliviana y argentina.
O.G.: Eso hizo que la comunidad boliviana se fuera acercando despacito. Estamos trabajando en distintos temas sociales y culturales para que su voz tenga más fuerza.
P.: ¿Algún otro proyecto?
O.G.: En abril repongo "La amiga invisible", dentro del ciclo Teatro Bombón, en la Casona Iluminada, y "El centésimo mono", en La Carpintería.
P.: ¿Cree que a Vilches le hubiera gustado su versión de "El Bululú?
O.G.: Ingrid Pelicori trabajó con él siendo muy jovencita y cuando vino a ver la obra me dijo: "El fue tu maestro sin saberlo y vos fuiste su alumno sin quererlo". Eso para mí fue muy sanador. Cuando estrenamos este espectáculo con Leticia González de Lellis (coautora de esta versión) fue una manera de retribuir eso que Vilches me dio años atrás. El me ayudó a llevar con más belleza el camino de ser actor.
| Entrevista de Patricia Espinosa |


Dejá tu comentario