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12 de enero 2006 - 00:00

Amable relato familiar con un Redford desconocido

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«Un amor, dos destinos» es un producto diferente del director de «¿A quién ama Gilbert Grape?», que esta vez eligió una historia simple y reconfortante, sostenida por un Redford también desconocido.


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Aparte, quien empuja el producto es
Tarda el hombre en aceptar a su nuera, y perdonarle lo que tuviera que perdonar. A fin de cuentas (luego se descubrirá), él también está pagando un momento de descuido, de modo que bien puede agachar un poco la cabeza y ser más comprensivo. Intermediarios en este asunto son la nieta, que se va haciendo querer, un viejo amigo negro, y un oso. El amigo es
Dicho sea de paso: la historia se ambienta en las colinas de Wyoming, aunque en realidad se filmó en la Columbia Británica. La verdad, Chubut hubiera dado lo mismo. Y la nuera es

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