29 de noviembre 2001 - 00:00
Buenas razones para salir del cine pensando
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Una escena del film
El asunto es saber llevarlo al cine, de tal modo que las cosas queden bien entendidas -preferiblemente, sobreentendidas-, con unos diálogos precisos, de esos que a uno le gustaría tener en la punta de la lengua, una ambientación que acompañe sin recalcar, como para que la registremos sólo inconscientemente, y, a manera de plus, o de trasfondo, el marco de una época. Las historias siempre se enmarcan en una época. Para el caso, la de un tiempo que se anunció de cambios y solidaridades, y se fue haciendo cada vez más falsa y distante. Pues bien, esta película, la mejor que ha hecho Gerardo Herrero hasta el momento, logra muy bien todo eso, con adecuados actores, y un planteo que es universal: qué pasa cuando, entre amigos, alguien les pide a todos un préstamo.
Todo transcurre a mitad de los '90 en Madrid, entre una asesora de naderías, un docente medio trepador, y un pyme de computadoras, amén de sus respectivas familias, pero también puede pasar en Buenos Aires. Película ideal para seguir charlando a la salida, ya que todos son buena gente, todos nos queremos, pero cada uno tiene su parte de razón, y hay que atenderla.


