París - (8-12-00) Maestro y alumna, artista y musa. Como tantas otras veces en la historia, la modelo y el autor sucumbieron a la furia de la atracción. Auguste Rodin conoció a Camille Claudel, también escultora, cuando ya había dejado para la posteridad una de las más grandes obras de la escultura moderna, «El pensador», de la que se están realizando 25 nuevas réplicas que costarán alrededor de 30.000 dólares cada una. Formaron una pareja apasionada sobre la que siempre planeó la figura de Rose Beunet, la fiel compañera del creador, a la que nunca abandonó.
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Bendecidos por el talento, los amantes tuvieron desigual suerte. Mientras él se convertía en un autor reconocido, ella fue internada por voluntad de su madre en un sanatorio mental donde pasó los últimos 30 años de su vida, obsesionada con la idea de que quien en otro tiempo fue su gran amor, en el fondo no soportaba que ella triunfara. Los informes médicos corroboran ahora que en verdad sufría un trastorno mental.
«Tras apoderarse de la obra realizada a lo largo de toda mi vida, me obligan a cumplir los años de prisión que tanto merecían ellos...» Estas palabras fueron escritas por Camille Claudel al cumplirse el séptimo año de lo que ella misma calificaba como «penitencia»: su internación en un manicomio. Lo que desconocía entonces era que el final de sus días, 23 años después, la encontraría en el mismo lugar, el sanatorio mental de Montdevergues y, del mismo modo, encerrada.
Hasta no hace mucho, las sombras oscurecían las razones por las que Camille, tiempo después de romper con el gran amor de su vida y tras un período de enfermedad y encierro, pasó los últimos 30 años de su existencia internada y aislada del mundo a petición de su propia madre.
Recientemente han salido a la luz unos documentos que, aunque encontrados en el sótano de un asilo de París en 1995 por Philippe Versapuech, investigador en historia psiquiátrica, no se han hecho públicos hasta resolverse la batalla legal desencadenada por su propiedad. En ellos consta el diagnóstico realizado en su día por los doctores que observaron en la paciente delirios paranoicos. Auguste y Camille se encontraron por primera vez en 1883 cuando el escultor, entonces con 43 años, visitó el taller donde ella, de 19, trabajaba. Rodin (París, 1840) era un escultor de cierto renombre que ya había parido «El pensador».
Mucho antes, en 1864, el mismo año del nacimiento de Camille,Rodin conoció a Rose Beuret, una costurera que se convertiría en su compañera para toda la vida, madre de su único hijo y vértice de un triángulo donde Camille Claudel era quien más tenía que perder. Tras aquel primer encuentro, no pasó mucho tiempo antes de que Rodin le propusiera trabajar en su taller. Robaban tiempo a sus vidas, quedándose un poco más tarde que los demás en el taller para poder estar solos, hasta que en 1886 Rodin alquiló la casa conocida como Le Clos Payen o La Folie Neubourg. Allí establecieron un taller privado que, sin embargo, no fue un hogar común. El nunca abandonó a Rose.
En general, las críticas fueron positivas, pero no vendía, no recibía encargos. Todo lo contrario que Rodin. Camille se sentía humillada, oscurecida por el genio de su mentor. Quería demostrarse a sí misma y a los demás que era una mujer, sí, pero también una gran escultora. En 1894 se inicia un progresivo distanciamiento de la pareja que se convierte en una ruptura definitiva a finales de 1898. Ella era presa de los celos, artísticos y amorosos. Era consciente de que Rose siempre se interpondría entre ellos porque Rodin ni siquiera se planteó dejarla cuando estuvo embarazada de un hijo que nunca llegó a nacer.
Se estableció por su cuenta. «Se me reprocha (¡espantoso crimen!) haber vivido sola», escribiría en 1917. Pasó así unos años de febril dedicación a la escultura en los que apenas salía de su casa, abandonada de sí misma y sufriendo penurias económicas. Finalmente, cayó enferma, tanto que en diciembre de 1905 se organizó en París una última gran exposición con 13 de sus esculturas. Pero la muerte se volvió esquiva. Comenzó a sentir miedo, apenas comía por temor a ser envenenada y destruyó a martillazos sus propias obras. Eran los primeros síntomas de una demencia que tenía como eje de sus iras a Auguste Rodin, al que tanto amara.
El 3 de marzo de 1913 moría su padre, Louis-Prosper Claudel, la única persona de su familia en la que Camille encontró algo de comprensión. Una semana después, el 10 de marzo, fue arrastrada fuera de su departamento e introducida en una ambulancia. Su madre, Louise, había firmado los papeles para su internación en el sanatorio de Ville-Evrard ante la opinión médica de que sufría severos trastornos mentales que la hacían peligrosa para sí misma y para los demás.
Hoy se sabe que, en su primer día de ingreso, el doctor Truelle le diagnosticó «una sistemática manía persecutoria» y «delirios de grandeza» por los que se creía víctima de «los ataques criminales de un famoso escultor», como consta en los documentos recientemente hechos públicos, desmintiendo así la idea romántica de que su encierro fue ordenado por su familia para evitar el escándalo. Rodin continuó con su labor creativa y cedió gran parte de su obra al Estado, donación con la que se creó el Museo Rodin que abriría sus puertas en 1919 y que en la actualidad conserva la mayor colección de las obras de Camille Claudel, 15 esculturas. El 29 de enero de 1917, Rose y Rodin se casaban después de compartir 53 años de sus vidas. Ella murió 16 días después de la boda y él, en noviembre de ese mismo año. Reposan juntos en Meudon (Francia), coronada su tumba por «El pensador».
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