ver más

Ya superaste el límite de notas leídas.

Registrate gratis para seguir leyendo

8 de octubre 2007 - 00:00

Chayanne: cuando el cliente no se queja

ver más
Insólitamente, el puertorriqueño Chayanne suspendió su show en River el pasado viernes después de hacer sólo cuatro canciones -o tres y media, en rigor-. «No puedo seguir», dijo el cantante para sorpresa de las 50.000 personas, en amplísima mayoría de mujeres, que colmaban el estadio, después de interpretar respaldado por el coro de sus fans «Si tú te vas», «Salomé» y «Boom boom».

El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

«Yo sé que es difícil lo que les voy a decir. No lo he consultado con mi manager ni con los organizadores, pero no puedo seguir», concluyó. Ante el grito decepcionado de buena parte de la gente, que algunos cambiaron por aplausos, agregó que se tomaría un minuto para intentarlo. Volvió, hizo un par de frases de «Atado a tu amor», e insistió con que no podría.

«Lo lamento muchísimo. Será que el de arriba así lo quiso». Pocos minutos después, desde camarines y a través de las pantallas del estadio, él mismo informó que un médico le había aconsejado no continuar y que en unos 15 días volvería al mismo lugar para completar el recital. Hasta allí, la crónica. Que, en realidad, debería completarse con la actitud ejemplar de una multitud que, pese a mascullar una mezcla de bronca y piedad por su artista amado, se retiró del estadio con una conducta civilizada.

Nadie está exento de padecer una indisposición vocal -en eso muy poco que cantó se notaba una disfonía que no suele escuchársele, y su primer y único baile mostró menos entusiasmo que otras veces. Pero también está claro que el problema no surgió una vez comenzado el show. Si ese día llovió mucho, si era sabido que buena parte del público llegaría desde lugaresalejados, que muchos soportarían la lluvia para escucharlo, que las entradas no eran baratas y que, como clientes, esos espectadores merecían un mejor trato, Chayanne debió haber sido más previsor y haber cancelado varias horas antes. Eso hubiera evitado los inconvenientes que soportó el público y la pérdida de su tiempo.El ego le hizo suponer, seguramente, que una vez arrancado el concierto, con la adrenalina de la multitud frente a él, la garganta respondería. Pero, aunque no fue así, los clientes no se quejaron. «Pobrecito, viste cómo estaba, me enterneció verlo así», dijo una de sus incondicionales, tal vez la portavoz de la multitud.

Últimas noticias

Dejá tu comentario

Te puede interesar

Otras noticias